Evocando el libro de Plutarco Vidas Paralelas, el gran tenor italiano Giacomo Lauri-Volpi (1892-1979), en 1955 publicó Voces Paralelas, obra en la cual hace, más que comparaciones, comentarios técnicos sobre voces de grandes cantantes de antaño y modernos. En el canto operístico es seguro que siempre han existido voces paralelas o semejantes, que motivan su comparación para destacar las cualidades, y hasta los defectos, que los críticos, músicos en general, el público y los mismos cantantes, puedan encontrar en las voces. Los aspectos más importantes en la comparación de la voz cantada, son el timbre, el vibrato, la brillantez, la potencia, la extensión, la afinación, la dinámica, el aliento o fiato, la dicción, la expresión, el fraseo y el reportorio. Aunque la comparación de las voces de los grandes cantantes para muchos es odiosa, resulta inevitable porque en el arte quizás no existan un artista y una obra absolutos.
Empero, para la mejor apreciación de las voces es interesante hacer comparaciones racionales, para no caer en la insensatez, por no decir estupidez, de hacer comparaciones impertinentes sin tener en cuenta algunos de los aspectos o factores ya mencionados. Hoy en día circula en el internet una comparación de las voces de los tenores Franco Corelli (1923-2003) y Alfredo Kraus (1927-1999), según la cual Kraus le da clases de técnica vocal a Corelli. Para demostrarlo, un admirador de Kraus nos ilustra con el aria La donna é mobile de la ópera Rigoletto, la que es reproducida en versiones de ambos cantantes, para concluir que Kraus es un maestro de la técnica vocal y Corelli un cantante deficiente. Siendo tendenciosa y nada objetiva esta comparación, que junto con muchas comparaciones equivocadas circulan profusamente en internet, lo que revela es que sin tenerse los conocimientos y la documentación necesarios en esta materia, muchas personas hacen comparaciones inadecuadas.
El caso es que Corelli y Kraus tenían un tipo de voz tan diferente como el roble y el pino: Corelli era un tenor dramático, para muchos lírico-spinto, y Kraus un tenor lírico-ligero. Estas dos categorías de voces marcan grandes diferencias entre sí en muchos aspectos, como la potencia, la agilidad y la extensión. Corelli tenía una voz pesada, potente con agudos estentóreos y brillantes, y de gran extensión, no siendo este último atributo frecuente en este tipo de voces; en cambio, Kraus tenía una voz de bajo volumen, muy ágil y con agudos brillantes e inalcanzables por la mayoría de los tenores de su tipo. La pieza musical que sirvió para esta errónea comparación fue grabada en el caso de Corelli cuando su voz ya estaba fatigada y no era lo que fue, y la grabación de Kraus en la plenitud de sus facultades. El avieso admirador de Kraus y a la vez detractor de Corelli, quizás no sabe que cuando joven, Corelli había grabado La donna é mobile y que si la hubiera tomado para compararla con la versión de Kraus, se habría dado cuenta que al ponerse esas dos grabaciones al unísono no se habría escuchado la voz de Kraus, que aunque compite en brillantez con la de Corelli, éste lo superaba con un fraseo más amplio y una dinámica vocal que han tenido pocos tenores. En fin, tanto Kraus, con una dicción impecable, como Corelli, con una dicción muy pobre, fueron grandes tenores en su propio terreno. Abundan las voces semejantes, principalmente en el timbre y volumen como en la técnica de la emisión vocal. Así, podemos escuchar al tenor Beniamino Gigli (1890-1957) y después a los tenores Ferruccio Tagliavini (1913-1995) y Gianni Poggi /(1921-1989) y advertir notables semejanzas. Tagliavani era un epígono (imitador) de Gigli, como lo fue Giovanni Martinelli (1885-1969) de Enrico Caruso (1873-1921). El gran belcantista Tito Schipa (1889-1965), de voz pequeña como él, también ha tenido sus epígonos: su alumno Cesare Valletti (1922-2000), el mexicano Néstor Mesta Chayres (1908-1971) y el venezolano Alfredo Sánchez Luna (1930-1989), conocido como Alfredo Sadel. Quizás Franco Corelli haya sigo epígono de Lauri-Volpi, de quien recibió solamente consejos sobre técnica vocal, porque son extraordinarios el parecido y la técnica de emisión vocal al escucharse varias grabaciones que dejó Lauri-Volpi, en las que nos parece escuchar a Corelli. A su vez, Franco Bonisolli (1938-2003), quien habría fallecido el mismo día que Corelli, fue de éste admirador y epígono. Mario del Mónaco (1915-1982), el celebérrimo Otello, es el tenor moderno que más epígonos ha tenido, entre los que se cuentan los tenores Veriano Luccheti, Giuseppe Giacomini, Ermanno Mauro, Pedro Lavirgen y Gian-Franco Cecchele. José Carreras (1946- ) ha sido admirador y epígono del gran Giuseppe di Stefano (1921-2008). De voces semejantes existen numerosos casos, incluso entre voces de distinta cuerda y voces ajenas al canto operístico. Tenemos, por ejemplo, que la voz de la soprano rumana Angela Gheorghiu (1965- ) tiene el mismo color de la voz de la gran María Callas (1923-1977), con la salvedad que esta última poseía una extensión que le permitía emitir todos los tipos de voces de mujer, desde contralto hasta soprano ligera; que el tenor venezolano Aquiles Machado (1973- ), el primero de su país en el Met de Nueva York, parece ser el mismo di Stefano cuando canta; que el bajo Giorgio Tozzi (1923- ) y el barítono Robert Merrill (1917-2004), ambos estadounidenses, tienen un timbre muy parecido, lo mismo que el bajo-barítono austríaco Ferdinand Frantz (1906-1959) y el bajo alemán Karl Ridderbusch (1932-1997), ambos supremos intérpretes de Wagner; que el tenor canadiense Jon Vickers (1926- ) y el barítono austríaco Eberhard Wächter (1929-1992), también tienen un gran parecido en sus timbres; y que el tal vez más controversial de los tenores actuales, el alemán Jonas Kauffmann (1969- ), canta como si fuera el mismo Jon Vickers. Es extraordinario el parecido entre las voces y la técnica de emisión del holandés Hendrik Appels (1886-1947) y el danés Lauritz Melchior (1890-1973), dos de los más grandes tenores wagnerianos de la historia. Si escuchásemos las antiguas grabaciones del barítono italiano Benvenuto Franci (1891-1985), nos pareciera escuchar al barítono-tenor mexicano Jorge Negrete (1911-1953), el célebre Charro Cantor de quien dicen que estando a punto de bajarse del avión en el Aeropuerto Las Mercedes, se expresó de nuestro país con desprecio y no pisó el suelo nicaragüense. Es extraordinario el parecido en el timbre, en el vibrato y en la técnica de emisión de las voces de Franci y Negrete. ¿Habrá recibido el arrogante de Negrete clases de canto de Franci, o habiéndolo escuchado lo tomó de modelo? Por último, en la actualidad, el tenor mexicano Rolando Villazón, que a sus 37 años y en el apogeo de su carrera ya tiene problemas vocales por los excesos de que hace gala en sus presentaciones, es un epígono del gran Plácido Domingo (1941- ), pero sin tener el carisma y el caudal de voz de su maestro y mecenas.