- Cartas al Director
El mejor
“En lo que nos toque ser en la vida hay que tratar de ser el mejor, pero jamás creerse el mejor”.
Referendo y reelección
El presidente Daniel Ortega y los orteguistas están desesperados y dispuestos a conseguir a través de cañonazos verdes los 56 votos en la Asamblea Nacional, para llevar a cabo las reformas constitucionales que incluyan la nueva figura de Referendo Revocatorio, un señuelo muy peligroso, que permitiría establecer la reelección continua para favorecer a Ortega. La Constitución actual no la contempla, solamente la alterna en dos períodos, es decir que Ortega, pero no para quien ya ejerció la Presidencia dos veces. O sea que según la Constitución Ortega no puede aspirar a ser candidato presidencial por tercera vez, porque él ha sido Presidente en dos períodos alternos, de 1984 a 1990 y el actual, del 2007 al 2011.
Ortega, el pasado 19 de julio durante la celebración del 30 aniversario de lo que fue una revolución, propuso a las fuerzas políticas del país apoyarlo para realizar las reformas constitucionales e incluir la nueva figura de Referendo Revocatorio, para obtener su reelección, una arma muy peligrosa, debido a que él tiene un control absoluto en los diferentes poderes del Estado, incluido el desprestigiado Consejo Supremo Electoral (CSE).
En estos momentos lo más importante es recuperar las garantías políticas e institucionales para que los nicaragüenses puedan tener elecciones libres, limpias y transparentes y no un Referendo Revocatorio, que traería caos e inestabilidad política al país, porque se estaría permitiendo en las reformas no respetar el período constitucional por el que fue electo el funcionario público. Esto no es posible en Nicaragua, el sistema político-institucional del país no brinda las garantías para impulsarlo, porque el orteguismo tiene control absoluto de los poderes de Estados, además el gobierno de Ortega está mal visto por la cooperación internacional por el fraude electoral de noviembre 2006 y no estaría dispuesta a apoyarlo con recursos económicos.
Lo que Ortega debió haber propuesto el 19 de julio a las fuerzas de oposición es la reforma a la Ley Electoral para reorganizar apropiadamente el CSE con magistrados honestos, honorables, confiables, profesionales e independientes de cualquier fuerza política y garantizar la observación de organismos electorales independientes, nacionales e internacionales que avalen las elecciones.
La reelección que pretende Ortega, si es que logra reunir los 56 votos que necesita para llevar a cabo las reformas constitucionales, pondría en riesgo la democracia, porque se perpetuaría en el poder a través de las instituciones y los poderes de Estados, controlados por él. Es momento de detener sus pretensiones totalitarias y dinásticas, porque es una marioneta de Hugo Chávez, que anda por Latinoamérica metiéndose en los asuntos internos de nuestros países. Hay que ponerle un alto a las pretensiones de los gobernantes del socialismo del siglo XXI, ya las fuerzas armadas y el gobierno de Roberto Micheletti de la República de Honduras dieron el ejemplo, es así como se debe defender la democracia y la soberanía. Los nicaragüenses debemos tomar el ejemplo.
Cruz Roberto Navarro Sánchez
Capitalistas salvajes
Respecto a la nota publicada ayer sobre Fidel Moreno con casa de US$300 mil, éste es el común denominador de todos los que dicen defender los intereses de los pobres del mundo. Despotrican contra el capitalismo salvaje, pero les encanta vivir y comer como ellos. Ahora hay que ser prácticos con estos tipos de oportunistas.
Hay que investigar si Fidel Moreno ha pagado todos los impuestos por compra-venta, si está pagando el IBI en la Alcaldía de Managua, si ha pagado impuestos a la DGI por sus servicios profesionales cada año como pagamos todos los profesionales que sobrepasamos el techo de ganancias al año.
En varias ocasiones el compañero presidente Daniel Ortega ha dicho que la ley debe ser pareja para todos, que los ricos deben pagar sus impuestos y por lo cual los nuevos ricos como Moreno también deben hacerlo. En conclusión, si quieren vivir como ricos que paguen como ricos. Quien de las peras habla comérselas queda. Arriba… a trabajar los pobres del mundo.
Bayardo García Vivas
Corrupción
La corrupción es tan grande en el actual Gobierno que no existen licitaciones ni para compras, ni para obras, ni para consultorías, porque las grandes son asignadas directamente y las pequeñas también, aunque en unos casos realizan la convocatoria, pero ya están amarradas antes de salir en los medios de divulgación, son una completa y absoluta burla a las personas que ingenuamente participan, porque lo único que hacen es legalizar o legitimar el proceso. Pero en muchas instituciones ni siquiera este parapeto se hace, simplemente se disgustan y convierten en enemigo político al que se atreva a preguntar por licitaciones. Lo peor es que algunos programas de las Naciones Unidas permiten esta corrupción en los proyectos que ejecutan con el Gobierno.
Los cargos públicos de nivel intermedio se dan, en primer lugar, por parentesco: el secretario político y los del círculo cercano, ponen a sus familiares y a los familiares de sus esposas, a sus novias o sus amantes. Después están los amigos de la familia y por último, si queda algo, son nombrados algunos militantes del partido, con méritos y capacidades o sin ellas, con tal que sean de “confianza”, sea lo que sea que esto signifique.
El tráfico de influencia se practica a todos los niveles de la Administración Pública como algo normal, porque según uno de los ideólogos de este sistema de cosas, don Bayardo Arce Castaño: “El que tiene poder y no lo usa, es un idiota”. Por ello existen funcionarios públicos que también son dueños o socios de ONG y desde sus posiciones públicas “jalan” contratos, consultorías y proyectos para sus organizaciones, otorgados por organismos de cooperación y otras ONG vinculadas de alguna manera con su accionar público. Además de lo injusto de esto, porque le dan trabajo al que ya lo tiene, el funcionario utiliza tiempo de sus labores para realizar estos “trabajitos extras” bien remunerados.
La corrupción como un sistema de Administración Pública es el peor de los males que se le puede hacer a un pueblo y principalmente a los pobres, porque bajo un sistema como ése no tienen ningún futuro, ninguna posibilidad de salir de la pobreza. Este sistema lo único que crea es una gran gusanera de corruptos buscando las mieles del dinero o del poder absoluto.
Eduardo Cáceres
Leche, agua y sombra
Las palabras de Raúl Castro el 26 de julio de 2007 fueron bautizadas por la población como el discurso de “la leche”, por su llamado a elevar la producción láctea. En aquel otro —que hizo un año después— voló más bajo y sólo prometió la solución de los problemas del agua en la provincia de Santiago de Cuba. Todo parece indicar que su alocución de este domingo será recordada por la frase inicial “estoy seguro de que ninguno de ustedes me puede ver, verán si acaso una sombra; ese soy yo”.
El General no hizo ningún anuncio extraordinario, ni aludió al ramo de olivo que una vez dijo estar dispuesto a extender a la administración norteamericana. Tampoco detalló proyectos de futuro, ni medidas para salir de la crisis, mucho menos confirmó la celebración o no del sexto congreso del Partido Comunista. Apenas se limitó a informar sobre próximas reuniones de los órganos de gobierno, donde —parece ser— se tomarán algunas decisiones. El sol holguinero encontró una plaza llena de pullovers blancos y rojos, presidida por un anciano orador sin mucho que decir. Los aplausos sonaban ausentes de entusiasmo y a través de la pantalla de mi televisor noté el deseo compartido de terminar, cuanto antes, con la formalidad de la celebración.
Al regresar a casa, los miles de presentes en este acto habrán tenido muy poco que contar, como no fuera la travesura del contraluz, que hizo verse en penumbras a alguien que nunca ha brillado con destellos propios. Éste ha sido el discurso de la “sombra”, porque la claridad es algo que no pueden domesticar los autoritarios y que poco caso le hace a los uniformes militares. Tiene razón Raúl Castro: ya no podemos verlo, pues el crepúsculo que él representa carece —desde hace mucho tiempo— de cualquier tipo de luminosidad.
Yoani Sánchez