Cartas al Director

Cartas al Director Gobernar “Un estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes”. Honduras, que se vayan todos La crisis de Honduras presenta diversas opciones: la de la OEA, reinstalar sin condiciones al depuesto presidente Zelaya; otra negociada, mediante un cogobierno de reconciliación, de éste con la oposición, y una […]

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Gobernar

“Un estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes”.

Honduras, que se vayan todos

La crisis de Honduras presenta diversas opciones: la de la OEA, reinstalar sin condiciones al depuesto presidente Zelaya; otra negociada, mediante un cogobierno de reconciliación, de éste con la oposición, y una tercera, que decidan los hondureños en inmediatas elecciones, sin interferencias de Zelaya, de Chávez, de la OEA, de Estados Unidos ni de otros intervinientes.

A pesar de los cinismos y de la retórica de quienes lo apoyan, el destituido Zelaya fracasó en su intento de autogolpe para perpetuarse en el poder. Ahora, alentado por el ultimátum de la OEA y respaldado por su mentor Chávez y por las fuerzas sandinistas, promueve la insurrección y la violencia para retomar el poder, para siempre. Si regresa, será capturado. Debería enfrentar un juicio por abusos, y por desacato al Congreso y a la Corte Suprema. Debe responder por convocar a un plebiscito inconstitucional e impartir órdenes ilegales a las Fuerzas Armadas.

Su retorno es insensato, pues expone a su pueblo a enfrentamientos riesgosos. Así lo han advertido los dirigentes de su propio partido, de la oposición, de la sociedad civil y el cardenal de Honduras. Ya su frustrado intento de aterrizar en Tegucigalpa en el avión proporcionado por Chávez causó un muerto. Si es por las formas, que renuncie y, a cambio, que se le garantice inmunidad.

La intervención de la OEA para reponer a Zelaya fracasó y desprestigió a esa organización. Ella guarda silencio ante los atropellos a los pueblos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Honduras, y omite el compromiso de la Carta Democrática con la invitación a Cuba a reintegrarse. Asimismo, ignoró un principio fundamental de la diplomacia, la negociación. Prefirió un aberrante ultimátum de 72 horas para reinstalar sin condiciones a Zelaya. Y así le fue. Quedó en la irrelevancia y en el ridículo. El ideologismo fracasó y debe recurrirse a una solución pragmática y rápida. Porque la discriminación que ha aplicado la comunidad internacional está perjudicando al empobrecido pueblo hondureño y dando nuevas ínfulas a Chávez y a Zelaya para desencadenar la violencia.

El presidente interino, Micheletti, debería convocar lo antes posible a elecciones presidenciales y renunciar, para garantizar la independencia del proceso.

Que se vayan todos los involucrados y que se respete el derecho de los hondureños a decidir su futuro, sin interferencias. Ellos son los únicos legítimamente interesados. Menospreciar sus capacidades y derechos para resolver sus diferencias es volver a las repúblicas bananeras. Lo que está en juego no es la OEA ni las influencias foráneas: es la soberanía de Honduras.

Hernán Felipe Errázuriz
Abogado chileno, ex ministro de Relaciones Exteriores. © www.aipenet.com

Base de agresión

Más allá del aspecto folclórico de las provocaciones de Manuel Zelaya y sus seguidores, los que han convertido el territorio nicaragüense en plataforma de agresión contra las autoridades y pueblo hondureño, está completamente al descubierto el injerencismo de los gobernantes de Venezuela y Nicaragua, Hugo Chávez y Ortega Saavedra, respectivamente. Bastante parecido a lo que ocurría en la frontera de Nicaragua con Costa Rica durante 1978 y 1979, cuando las columnas sandinistas derrotadas por los efectivos de la Guardia Nacional se refugiaban con total impunidad en territorio costarricense.

Algo análogo es lo que se vive en Las Manos. Pero Zelaya está escoltado por la unidad de élite, “Tapir”, de la Policía Nacional. Cualquier bala desperdigada o las actividades de un francotirador pueden provocar un enfrentamiento de imprevisibles consecuencias para el futuro de las relaciones entre Nicaragua y Honduras. ¿Qué beneficios le reporta a Nicaragua la presencia de Zelaya?

Eleonora Carrasco Peña

Militares hondureños

Si acaso es cierta esta postura de los altos Jefes de las Fuerzas Armadas de Honduras, que apoyan la solución pacífica del conflicto de su país dentro del marco de la mediación realizada por el Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, hay que tomar en cuenta que insisten que debe respetarse la actual Constitución Política, el Estado de Derecho y la plena independencia de los Poderes del Estado.

Esto significa que el escollo es el punto No. 1 de la mediación, el regreso de Mel Zelaya a la Presidencia de Honduras, lo que no aceptan los titulares del Congreso, Corte Suprema de Justicia, Ministerio Público, Tribunal Electoral. En otras palabras, los militares afirman que respetarán la decisión de las autoridades provisionales, porque están subordinados a la autoridad civil y a la respectiva Carta Magna. Fueron ejecutores de una orden judicial y aceptarán lo que decidan a través de negociaciones los que participan en el proceso de mediación.

Heriberto Carrillo Santana

Mediación

Se ha esquematizado que en la hermana República de Honduras es todo “de facto”. Muy valiente, congruente y respetuosa de la institucionalidad del país que representan, la posición de los delegados del actual gobierno hondureño, vilipendiado como “gorilete”. De tal manera que el documento presentado por el Presidente de Costa Rica, Oscar Arias Sánchez, propuesta del mediador, prolijamente fundamentada, sea llevada a consulta. Esto es una fase importante en la mediación. Es la manera honesta de actuar como mandatarios. No deriva imposición. Vano sería decir a las partes: caballeros firmen.

En estas condiciones sostener que fracasó la mediación es una opinión inmediatista. Zelaya y su coro quieren verla como un fracaso. La mediación es una herramienta que acerca a las partes en conflicto en la búsqueda de una solución pacífica y duradera y en el caso hondureño el mediador fue aceptado expresamente por las partes. Ojalá retornen a la mesa del diálogo y se evite lo funesto de la violencia.

Luis Alberto Carballo

Celebración del 19

El pasado domingo 19 de julio en horas muy tempranas me dispuse a hacer algunas diligencias. Durante el recorrido por los diversos puntos que tuve que visitar observé muchos vehículos con banderas rojas y negras las cuales iban agitando sus ocupantes, aparentemente iban alegres y circulaban libremente, sin que nadie les obstaculizara su paso, y si había algún semáforo en su recorrido inmediatamente surgía un policía para detener el tráfico del público de forma tal que ellos no se detuvieran. La ciudad de Managua parecía que estaba sitiada, había más de dos policías por cada cuadra.

Expresar alegremente su preferencia política no tiene nada de malo, porque todo ciudadano tiene el derecho de hacerlo, incluso el Estado debería de promover la participación ciudadana en política para así mejorar nuestras instituciones públicas y ayudar a resolver los problemas del país. Lo malo es que este tipo y protección de libertades se den sólo para el partido de gobierno y no al resto de la sociedad.

Después de las elecciones municipales todo intento de demostración público por parte de los partidos de oposición y algunas organizaciones civiles ha sido abortado a garrotazos, morterazos, machetazos y otros tipos de armas. ¿Por qué ellos sí pueden hacer todo y los demás no?

Luego de realizar mis diligencias, me senté frente al TV para escuchar el discurso del señor presidente Daniel Ortega Saavedra, esperando que aportara algo nuevo para enfrentar la crisis por la que atraviesa el país, producto de la crisis financiera global y su mal gobierno. No escuché nada nuevo, alabanza para el Alba, críticas para la política de los EE.UU. y contra el golpe militar de Honduras.

Además habló de algunos hechos históricos pero que para la coyuntura actual son irrelevantes. Y para finalizar Ortega Saavedra pidió algo descarado para todos aquéllos que amamos la libertad total, no a medias, que se haga un referéndum para que la población decida si debe haber reelección presidencial continua o no. ¿Si recientemente los nicaragüenses tuvimos un fraude electoral con qué cáscara viene Ortega Saavedra a pedir un referéndum? ¡Para hacer lo mismo que hizo en noviembre! Ortega Saavedra ya ha tenido dos oportunidades de gobernarnos y en ambas ocasiones sus actuaciones han sido desastrosas, a menos que al final de esta segunda oportunidad rectifique —cosa que lo dudo— ya que tiene vocación totalitaria y excluyente, si no piensas igual que él, no valen tus pensamientos o ideas.

Ese mismo día por la tarde también tuvimos que aguantar su “celebración popular”, tranques por aquí, tranques por allá. Está bien que celebren, pero que no obstruyan a los que trabajamos.

Lorenzo H. Montoya D.

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