- Capitán no tuvo la misma suerte
CORRESPONSAL/ Bilwi
El drama y el sufrimiento que vivieron los 13 marinos de la embarcación hondureña Sea Star, rescatados el día viernes por el barco langostero Promar 33 en aguas nicaragüenses, es una clara muestra de que el compañerismo en situaciones extremas se puede mantener aun a costa de perder su propia vida.
El Sea Star y su tripulación habían zarpado el día lunes a las 5 de la tarde desde la isla nicaragüense de San Andrés a pescar, dos días después de preparar las nasas (trampas) para capturar langostas, los marinos se preparaban para tirarlas al fondo del mar cuando, de pronto, fueron sorprendidos por una gran ola, que hizo que la embarcación pesquera diera una vuelta de campana y se hundiera en menos de 15 minutos, relata Arturo Mesino Martínez, uno de los sobreviviente del naufragio.
Nacido en San Andrés, Mesino Martínez cree que ahora está vivo de milagro y dice: “Sabe, hermano, que yo no se nadar, en el momento que zozobraba la embarcación le fui a decir a mi capitán Sánchez que no sabía, él en ese momento ordenó a los marinos con más experiencia que me ataran con una boya y me lanzaron al mar”, cuenta el joven marino, a quien le duele la muerte de su capitán por considerarlo una buena persona.
En el momento del hundimiento, asegura que nadie sacó nada, “sólo alcanzamos a rescatar una botellita de agua y un paquete de galletas”. Narra que de pronto “vimos que nuestro capitán comenzó a decirnos que ya no tenía fuerzas. Que lo dejáramos por que él ya lo habían abandonados las fuerzas”.
Sin embargo, a pesar de sus ruegos decidieron mantenerlo, relata el joven marino, mientras una lágrima asoma en su rostro quemado por la sal y los momentos de sufrimiento que vivió en el mar. “Yo, hermano, creo que esto todavía es un sueño”, dice y queda viendo el féretro donde descansa el cuerpo de infortunado capitán.