El fraude sigue siendo fraude

Cualesquiera que hubieran sido las causas y circunstancias de la muerte de Alexis Argüello (q.e.p.d.), quien era Alcalde de Managua no por el resultado de la votación popular sino por designación del Consejo Supremo Electoral (CSE) y de Daniel Ortega; y no obstante el sentimiento de duelo de muchas personas por el trágico fallecimiento del ex campeón mundial de boxeo, lo cierto es que el fraude que se perpetró en las elecciones del 9 de noviembre del año anterior, sigue y seguirá siendo fraude.

El jueves de la semana pasada, en un discurso lleno de odio, intolerancia y resentimiento contra los medios de comunicación independientes y contra la gente democrática de Nicaragua, Daniel Ortega manipuló el sentimiento de duelo por la muerte de Alexis Argüello que se ha manifestado en diversos sectores de la población, no sólo en el orteguismo, para tratar de presentarlo como si fuese un reconocimiento a la pretendida legitimidad del extinto Alcalde de Managua por designación del CSE.

Pero no es así. La verdad es que a pesar de todos los discursos y manipulaciones de Daniel Ortega, la lucha contra el fraude en los comicios municipales que se celebraron el 9 de noviembre pasado, el cual se perpetró tanto en Managua como en muchos otros municipios grandes, medianos y pequeños de todo el país, sigue vigente y no debe perder fuerza.

Es por eso que fue oportuno que los alcaldes democráticos que resultaron elegidos por el pueblo, pero les robaron las alcaldías, aprovecharan la oportunidad para reiterar su denuncia internacional en el tragicómico circo de los presidentes del Alba, del Grupo de Río y del SICA —con el acompañamiento a la flauta del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza—, que fue montado en Managua en defensa del depuesto ex Presidente de Honduras, Manuel Zelaya. Hasta el totalitario dictador comunista de Cuba, Raúl Castro, vino a Managua a dictar cátedra sobre Estado de Derecho, elecciones libres, respeto a la voluntad popular, libertad de expresión y de prensa, etc. Sin embargo, desde fuera de la carpa del circo un grupo de los alcaldes a quienes el orteguismo les robó el triunfo electoral del 9 de noviembre pasado, interpelaron públicamente a la OEA para que se pronuncie sobre aquel escandaloso fraude.

Los alcaldes democráticos que fueron elegidos por el pueblo pero les fue robada la victoria electoral, ya se habían dirigido antes a la OEA, inmediatamente después que ocurrió el fraude del 9 de noviembre, el cual fue una forma de golpe de Estado contra la democracia de Nicaragua y un brutal atropello a la Carta Democrática Interamericana. Pero la OEA representa a los gobernantes, no a los pueblos, y por eso guardó cómplice silencio. Ahora la OEA actúa hasta con energía, sólo cuando se trata de defender a un camarada de Hugo Chávez, Raúl Castro y Daniel Ortega, pero permanece indiferente y pasiva cuando hay que proteger la pureza electoral y resguardar los derechos humanos y democráticos de los pueblos que son ultrajados por los dictadores neopopulistas.

“Resulta doloroso e indignante para los nicaragüenses que el presidente Daniel Ortega, después de ejecutar el más grande y documentado fraude electoral en la historia de Nicaragua y de organizar grupos paramilitares para atacar a los ciudadanos que reclamaban respeto a su voto, pretenda erigirse en defensor del Estado de Derecho”, le dijeron en su carta al secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, los ex candidatos democráticos a alcaldes que fueron víctimas de la conjura fraudulenta de los magistrados del Consejo Supremo Electoral y el presidente de los orteguistas y los pactistas, Daniel Ortega Saavedra. Y señalaron la sarcástica contradicción de “que la OEA, el SICA y el Grupo de Río realicen esfuerzos para garantizar el respeto al orden constitucional de Honduras, reunidos en Nicaragua, donde en noviembre se le quitó el derecho a los electores de escoger a sus autoridades municipales”.

Esta realidad no la puede ocultar y mucho menos borrar ninguna manipulación, amenaza, ofensa o difamación de Daniel Ortega contra los medios de comunicación independientes y sus opositores democráticos. Si Alexis Argüello aún viviera, él seguiría siendo Alcalde de Managua pero no por el resultado de la elección popular, sino por el fraude y la designación del Consejo Supremo Electoral y Daniel Ortega. Y ahora que Argüello ha fallecido en trágicas, lamentables y misteriosas circunstancias, el fraude del 9 de noviembre pasado sigue siendo el mismo fraude, y continuará siendo denunciado y rechazado por todas las personas democráticas de Nicaragua.

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