Chavismo es peor que sanciones

La comunidad internacional ha sido implacable con Honduras y le ha impuesto un duro castigo, por el derrocamiento del ex presidente Manuel Zelaya. Sólo el bloqueo comercial por 48 horas, que los gobernantes de Nicaragua, El Salvador y Guatemala impusieron la semana pasada, causó pérdidas a Honduras por 61 millones de dólares, según el empresario Guillermo Matamoros, dirigente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) que agrupa a 62 organizaciones empresariales.

La economía hondureña ya estaba sufriendo graves desajustes, pero ahora, como consecuencia de las sanciones económicas internacionales, las presiones diplomáticas y el acoso político que inclusive amenaza con degenerar en una eventual intervención armada contra Honduras, la situación es y será mucho peor. Siendo como es, la economía hondureña, muy dependiente de Estados Unidos, la recesión económica estadounidense ha causado la pérdida de casi veinte mil empleos directos en Honduras y su crecimiento económico estaba previsto a reducirse este año a menos de dos por ciento. Por eso el nuevo Ministro de Comercio, Benjamín Bográn, ha estimado que las sanciones internacionales que le han impuesto a Honduras podría causar un caos social y económico, en el cual los principales perjudicados serían los sectores más pobres del país. O sea casi toda la población, pues según las estadísticas más del 70 por ciento de los hondureños vive en situación de pobreza y extrema pobreza.

Sin embargo, el también empresario Paulo Alejandro Álvarez, vicepresidente del Cohep, expresó al diario brasileño Folha de Sao Paulo, en una declaración que fue reproducida por el diario La Prensa de Panamá, que es preferible “seis meses de sanciones a 10 años de dictadura al estilo chavista”. Tiene razón el líder empresarial hondureño. Pero es necesario aclarar que los dictadores mesiánicos como los hermanos Castro, de Cuba, Hugo Chávez, de Venezuela, y Daniel Ortega, de Nicaragua, no se adueñan del poder por cualquier medio únicamente para diez años, sino para siempre. Y como lo demuestra la experiencia histórica, aparte de que esas dictaduras causan terribles daños a sus países, antes de ponerles fin por lo general se pasa mucho tiempo y para eso hay que hacer muchos esfuerzos y derramar torrentes de lágrimas y de sangre.

Si los demócratas hondureños que ahora están unidos en derredor del gobierno del presidente Roberto Micheletti, se rindieran ante el chavismo, en Honduras ocurriría con algunas variantes lo mismo que ha pasado en Cuba y está ocurriendo en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. Es decir: los líderes opositores democráticos y disidentes serán perseguidos, apaleados, enjuiciados, encarcelados y exiliados; los medios de comunicación acosados y clausurados; las libertades democráticas y los derechos individuales, suprimidos o restringidos; la empresa privada chantajeada, intimidada y confiscada; más pobreza en el pueblo mientras una nueva oligarquía codiciosa y depredadora se enriquece asombrosamente; crecimiento sin límites de la corrupción gubernamental, etc.

De manera que es muy cierto lo que dice el líder empresarial hondureño, Paulo Alejandro Álvarez, en el sentido de que es preferible soportar el asedio político y las sanciones económicas antes que sucumbir ante la dictadura chavista, porque si ésta se adueña del poder costaría muchísimo más quitársela de encima.

Sobre la crisis de Honduras se hacen muchas y diversas interpretaciones, según el cristal ideológico de cada analista y opinante. Pero el hecho es que en Honduras hay una nueva realidad política e institucional creada por el golpe de Estado fulminante del 28 de junio pasado, el cual se propinó para contrarrestar el golpe de Estado gradual que venía asestando Manuel Zelaya contra la Constitución y las instituciones democráticas hondureñas. Sin embargo, el presidente Roberto Micheletti, quien es evidente que no tiene interés en quedarse en el poder más allá del tiempo establecido para completar el período de Manuel Zelaya, ha propuesto anticipar las elecciones que están programadas para el próximo 29 de noviembre. Lamentablemente la otra parte, o sea los gobernantes del Alba y la OEA, que representan a Zelaya, sólo quieren la rendición de Micheletti a cualquier costo.

De manera que los demócratas hondureños no tienen más opción que resistir hasta las últimas consecuencias las sanciones económicas y el asedio político o de cualquier otro tipo. Y si pierden el pulso con el chavismo, que sea porque los aplasta una fuerza superior, no porque se rindan cobardemente.

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