Un Aquiles con dos talones

El jueves 26 de marzo pasado, en el editorial titulado “El talón de Aquiles” expresamos que la economía es el punto más vulnerable del plan de Daniel Ortega para restablecer la dictadura en Nicaragua. “Ortega puede resolver con relativa facilidad los problemas políticos y burocráticos de su gobierno”, dijimos, “sin embargo, mientras se mantenga aferrado a su proyecto político no podrá resolver el problema económico. La parte vulnerable de su gobierno y de su plan para perpetuarse en el poder es la economía, la cual no puede ni podrá manejar con la misma facilidad con que maneja los problemas del poder político”.

Con eso no queríamos decir que sólo en Nicaragua y por culpa de Daniel Ortega es que hay problemas económicos. En realidad, todos los países del mundo son afectados de una u otra manera por la crisis financiera y económica mundial. Por eso fue que en el editorial del 26 de marzo reconocimos que: “Desafortunadamente para Ortega su nuevo gobierno ha coincidido con la crisis financiera y económica global, que impacta en el país por medio de la disminución de las remesas familiares y de las exportaciones tradicionales y nuevas, de la reducción e inclusive la cancelación de inversiones extranjeras…”

Sin embargo, debido a factores propiamente políticos en algunos países la situación económica es peor, sobre todo en aquéllos que, como Nicaragua, tienen sistemas de gobiernos autoritarios y populistas, sin seguridad jurídica ni incentivos para la inversión. Por eso no pueden resolver y ni siquiera amortiguar los ineludibles efectos de la crisis global, sino que más bien los agravan.

Ciertamente, la ideología y la política de Daniel Ortega son incompatibles con la economía y, por eso, con este gobierno es inevitable que los problemas económicos se agraven y empeoren, en vez de que mejoren. Esta opinión no está motivada en especulaciones, deseos ni malos augurios. Se basa en las consideraciones bien fundamentadas de economistas independientes, como los de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), que ya en marzo pasado advirtieron que “en este año se van a incrementar el desempleo y la pobreza; el Producto Interno Bruto (PIB) caerá entre 0.5 y 1.5 por ciento; el deterioro económico seguirá extendiéndose a los sectores de consumo y la inversión; habrá una caída en los ingresos tributarios por poco más de 1,312 millones de córdobas, o sea alrededor de 64.7 millones de dólares…”

Ahora, tres meses después, en su nuevo Informe de Coyuntura Económica, que presentó públicamente el martes de la presente semana, el Funides ha confirmado sus sombríos pronósticos, ha advertido que casi doscientos mil nicaragüenses perderán sus empleos en los próximos dos años e indica que ha empeorado la tendencia negativa de la economía nacional, bajo la conducción del régimen de Daniel Ortega. Y es peor no tanto por la crisis económica mundial, que por cierto ha comenzado a remitir, sino porque “los problemas institucionales internos (…) están afectando la inversión privada y el clima para los negocios”.

Cabe mencionar que entre los “problemas institucionales internos” se destaca el sistematizado atropello a la ley y al derecho de propiedad por parte del régimen de Daniel Ortega, como por ejemplo la reciente confiscación de los equipos de transmisión de la radioemisora privada La Ley, a pesar de que la Constitución prohíbe en su Artículo 68 la acción confiscatoria de “cualquier medio o equipo destinado a la difusión del pensamiento”. Y sobresale principalmente la gran corrupción institucionalizada que se practica en este Gobierno por medio de los negocios del Estado que se hacen sin licitación, y de los turbios programas del Alba que no son controlados por nadie, de los cuales lo único que se sabe es que están enriqueciendo desmesuradamente a la familia gobernante y sus allegados.

Al parecer Ortega cree que empobreciendo más a la gente le será más fácil dominarla para mantenerse en el poder. Pero el cálculo le puede resultar al revés. La corrupción, combinada con la pésima gestión económica, puede ser más bien la fórmula de su fracaso y de que Ortega no pase del 10 de enero de 2012, cuando termine su período constitucional. La verdad es que Ortega, además del talón de Aquiles de la economía tiene también el de la corrupción, que lo convertirán en el gobernante más inepto y corrupto de la historia nacional.

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