El asilo de Pizango

El asilo es un componente fundamental del derecho humanitario universal y debe ser respetado por todos los gobiernos del mundo. El derecho de asilo no se le puede negar a nadie, ni siquiera a “un abominable aventurero como (Alberto) Pizango”, según calificó el director del periódico peruano Correo Perú, Aldo Mariátegui, al líder indígena de ese país que se asiló esta semana en la Embajada nicaragüense en Lima.

Este periódico peruano fue el que publicó, en su edición del miércoles recién pasado, un amplio reportaje sobre Tomás Borge, embajador del Gobierno de Daniel Ortega en Perú, en el cual, sobre la base de declaraciones del líder miskito nicaragüense Adán Artola demuestra la incoherencia del singular diplomático nicaragüense, quien se presenta como defensor de los indígenas peruanos pero está acusado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y ante la Fiscalía de su propio país, junto con Daniel Ortega, Humberto Ortega y Lenín Cerna, por el genocidio perpetrado precisamente contra indígenas miskitos de Nicaragua, durante la represión sangrienta de la llamada “Navidad Roja”, a fines de 1981 y principios de 1982, en tiempos de la primera dictadura sandinista. Y al respecto el periodista peruano Mariátegui se pregunta, en su comentario editorial de Correo Perú publicado el miércoles de esta semana: “¿Las ONG (peruanas) de Derechos Humanos (Ernie, Ronald, Soberón, etc.) se van a pronunciar sobre la denuncia hecha por el líder miskito acerca de las atrocidades que habrían sido cometidas por el embajador sandinista Tomás Borge, la cual recogemos hoy? ¿O se van a quedar calladas porque es de izquierda? ¡Apuesto a que se quedarán calladas!”

Pero quienes quiera que sean Alberto Pizango, que pidió asilo en la Embajada nicaragüense, y Tomás Borge, el Embajador que lo asiló, se trata de un derecho garantizado por la Constitución Política de Nicaragua y el cual es parte esencial del derecho humanitario universal. Por lo tanto, el derecho de asilo tiene que ser respetado y, aunque a Pizango la justicia peruana lo esté acusando por delitos del orden común, incluyendo asesinato, se trataría de delitos comunes graves, pero conexos con delitos políticos, puesto que la causa de los sangrientos disturbios dirigidos por el susodicho líder indígena es eminentemente política.

El presidente de Perú, Alan García, demócrata como es no obstante ser líder de un partido político de izquierda (la Alianza Popular Revolucionaria Americana), reconoció inmediatamente el asilo otorgado a Pizango por el Gobierno de Nicaragua. Esto a pesar de que Pizango debería responder ante la justicia peruana por los delitos que se le imputan y de que en Perú se respetan los principios y normas del debido proceso. “Nosotros como país democrático aceptamos esa decisión (de Nicaragua, de dar asilo a Pizango)”, declaró el presidente Alan García, y con un talante democrático que está muy lejos de tener el gobernante nicaragüense Daniel Ortega —quien también es de izquierda, como García, pero extremista y antidemocrático—, el mandatario peruano agregó: “Si Nicaragua considera que Pizango merece el asilo porque no tiene condiciones de un juicio justo, eso se reconoce, pero tres países rechazaron el asilo porque dicen que sí hay condiciones (en Perú) para un juicio justo”.

En lo que se refiere al país que cada perseguido escoge para pedir asilo, depende de su ideología y militancia política, así como del régimen imperante en el país donde se quiera asilar. Si es una persona demócrata, se asila en una nación democrática, pero si es un extremista de izquierda, se refugia en países como Nicaragua o Cuba, donde imperan regímenes autoritarios con los cuales se identifica. De allí que el demócrata venezolano Manuel Rosales, uno de los principales perseguidos políticos por Hugo Chávez, se asiló en el democrático Perú, mientras que el peruano Alberto Pizango buscó refugio en la Nicaragua dominada por Daniel Ortega y compañía. Pero tanto el uno como el otro, aunque sean absolutamente opuestos en sus ideologías y prácticas políticas, son iguales en su condición humana y por lo tanto ambos tienen el mismo derecho de acogerse al beneficio humanitario del asilo, en el país que cada quien ha escogido.

Mientras tanto, el periodista peruano Aldo Mariátegui parece estar ganando su apuesta, pues la justicia nicaragüense e internacional sigue callando ante la acusación por el genocidio contra los miskitos nicaragüenses que fue perpetrado durante la sangrienta “Navidad Roja” sandinista de los años ochenta.

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