Los caminos de Funes

El nuevo Presidente de El Salvador, Mauricio Funes, dijo ayer en su discurso de toma de posesión que sus referentes gubernamentales son los presidentes de Estados Unidos y Brasil, Barack Obama y Lula da Silva. Ellos prueban, dijo Funes, “que líderes renovadores, en lugar de ser una amenaza significan un camino nuevo y seguro para sus pueblos”.

En realidad, Funes, como político de izquierda que es podría llevar a su país por cualquiera de dos caminos que aparentemente conducen al mismo objetivo, pero cuyos destinos son muy diferentes: El camino de Hugo Chávez, que es el de un régimen izquierdista autoritario y aventurero; o la ruta de Lula, que significa mantener el discurso de izquierda y realizar reformas sociales, pero sin afectar la base económica capitalista, conservando el Estado de Derecho y respetando la libertad, los derechos individuales y las instituciones de la democracia.

Los dos caminos son de izquierda, pero no conducen al mismo objetivo. El izquierdismo autoritario chavista lleva al desastre, a la perversión de la democracia y la pérdida de la libertad; en cambio la izquierda democrática que representa Lula ha alcanzado notables logros porque ha aprovechado la base económica capitalista, que es la única que permite realizar una amplia reforma social en un ambiente de libertad y vigencia de los derechos humanos.

La experiencia histórica ha demostrado que el capitalismo no sólo es capaz de resolver los problemas sociales, sacar a la gente de la pobreza y crear prosperidad, sino que es el único sistema que puede hacerlo. El comunismo o el socialismo autoritario, en cambio, en cualesquiera de sus variantes destruye la economía, arruina a las naciones, empuja hacia el atraso, hace más pobres a los pobres y crea una nueva clase dominante y oligárquica mucho más codiciosa y represiva que las oligarquías anteriores.

Ahora bien, es por los hechos y no por sus palabras que se debe juzgar a los políticos, a los partidos y a los gobiernos. Así lo advirtió el mismo ícono comunista Vladímir Lenin, antes de tomar el poder en Rusia, cuando prometía crear un paraíso en la Tierra y no el infierno que en realidad fundó. De manera que es razonable hacer un compás de espera al comenzar el ejercicio de un nuevo gobernante, inclusive si su discurso y programa se funda en una premisa ideológica radicalmente distinta a la que orientaba a los gobiernos anteriores. Y en el caso de Mauricio Funes, si nos atenemos a lo que él mismo ha asegurado desde que ganó la elección presidencial el 15 de marzo pasado y lo reiteró ayer en su primer discurso como Presidente de El Salvador, el referente gubernamental de izquierda que él ha escogido es el de Brasil. O sea que si cumple su palabra y no cede ante las inevitables presiones que ejercerán sobre él las fuerzas extremistas de su propio partido, Funes tiene la oportunidad de hacer un buen gobierno en los próximos cinco años.

Cabe precisar que sólo nos referimos a presiones internas contra el flamante Presidente de El Salvador. No hablamos de presiones externas ni de la mala influencia de Hugo Chávez, porque aunque Funes va a estrechar relaciones con Venezuela y aprovechará los beneficios de Petrocaribe — el programa de cooperación petrolera creado por el Gobierno venezolano—, la verdad es que por la caída de los precios del petróleo la capacidad real de Chávez para ejercer presión en otros países y gobiernos se ha reducido considerablemente. Como lo hace ver la columnista de The Wall Street Journal Mary Anastasia O´Grady en su columna de esta semana, la cual publicamos en esta misma edición de LA PRENSA, como consecuencia de la drástica disminución de ingresos de Venezuela por la baja de los precio del petróleo: “El Presidente (Chávez) ha tenido que reducir su práctica de financiar a aliados revolucionarios en el resto del hemisferio. La capacidad del país de pagar importaciones —desde alimentos hasta maquinaria industrial y autopartes— también se ha deteriorado”.

De manera que sólo por obcecación ideológica, torpeza política o debilidad ante sus propios compañeros extremistas del FMLN, es que Funes podría seguir el tortuoso camino de Hugo Chávez. Y Funes ha demostrado que al menos obcecado y torpe no lo es. En todo caso, lo que lo que definitivamente va a decir la verdad sobre el gobierno de Mauricio Funes, será lo que ocurra en El Salvador a partir de ahora y en el curso de los próximos cinco años.

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