Celam honra y bendice a Nicaragua

La realización en Nicaragua de la XXXII Asamblea del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) ha honrado al pueblo católico nicaragüense. Pero además, con su presencia, su mensaje pastoral y sus oraciones, los obispos latinoamericanos y del Caribe también han bendecido a Nicaragua, cuando mucho está necesitando solidaridad y aliento espiritual por la difícil situación que otra vez sufre la mayor parte de la población de este país, desde que se restableció el sistema autoritario de gobierno.

En realidad, cualquiera que haya sido la razón por la cual el Celam decidió celebrar en Nicaragua su XXXII Asamblea Ordinaria, es providencial que los obispos latinoamericanos y del Caribe vinieran precisamente cuando nuestra Iglesia católica acaba de sufrir en las personas de sus obispos y sacerdotes, un grave ataque difamatorio de parte del poder político, que pretende callar su voz profética, castigarla por la denuncia que hizo la Conferencia Episcopal del fraude electoral de noviembre del año pasado, obligarla a que deje de identificarse con los principios y valores de la justicia, los derechos humanos, la libertad y la democracia.

Por otra parte, también es muy importante que la XXXII Asamblea del Celam se realizara en Nicaragua, cuando la Iglesia católica está consolidando el prestigio ético de su nuevo liderazgo episcopal, después de quitarse de encima la pecaminosa influencia del caudillismo político autoritario y corrupto que había logrado penetrarla y contaminarla. Por eso es que la semana pasada señalamos que esta reunión del Celam había que verla como un espaldarazo a la Iglesia católica de Nicaragua.

Los obispos líderes del Celam explicaron que en la agenda de su XXXII Asamblea Ordinaria no estaban incluidos temas de carácter político. Sin embargo, tal como se dijo en una información de LA PRENSA sobre este importante evento, publicada el miércoles de esta semana: “Aunque el tema de la Misión Pastoral de la Iglesia domina la XXXII Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), los obispos han tenido que considerar temas relacionados con acciones de algunos gobiernos contra religiosos…”

En efecto, como se consignó en esa información, el presidente del Celam, monseñor Raimundo Damasceno, obispo brasileño, expresó su preocupación porque en algunos países de Latinoamérica se está buscando, “un tanto a ciegas, nuevos modelos de institucionalidades políticas” que aunque muestran la intención de “reivindicar los derechos de los más pobres”, han dado paso a la instauración de “planteamientos ideológicos abiertos a posturas discriminatorias de la vida, la familia y la libertad de educación”. Y entre esos “algunos países de Latinoamérica”, agregamos nosotros, está Nicaragua.

Por otra parte, el obispo de Mérida, Venezuela, monseñor Baltazar Porras, denunció que el esquema de “amigos y enemigos” instaurado por Hugo Chávez (en su país) ha provocado que el enfrentamiento que existe entre la Iglesia y el Gobierno (al igual que en otros países de América Latina) haya atrapado a toda la sociedad…” Eso mismo es aplicable a Nicaragua, y en todo caso nadie puede poner en tela de duda que un rumbo similar lleva este país bajo la aventurera conducción de Daniel Ortega.

En realidad, el enfoque de la Iglesia Católica sobre la problemática política, económica y social latinoamericana, fue orientado por el Papa Benedicto XVI en el célebre discurso que pronunció en Aparecida, Brasil, el 13 de mayo de 2007, cuando dijo, entre otras cosas, lo siguiente: “En América Latina y el Caribe, igual que en otras regiones, se ha evolucionado hacia la democracia, aunque haya motivos de preocupación ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían superadas y que no corresponden con la visión cristiana del hombre y de la sociedad, como nos enseña la doctrina social de la Iglesia”.

Igualmente, con su sentido de balance Benedicto XVI criticó en Aparecida la falta de equidad de la economía liberal en algunos países, en los que aumenta la pobreza también como en los países dominados por el populismo autoritario.

No cabe ninguna duda de que la Iglesia católica está al lado de su pueblo, no con los poderosos que lo oprimen. Y la Asamblea del Celam en Nicaragua deja un mensaje de fe y esperanza que fortalecerá la lucha por la libertad y la democracia y ayudará a derrotar a la dictadura, otra vez como en 1990.

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