Uno de los episodios más publicitados de la Cumbre de las Américas realizada el fin de semana pasado en Trinidad y Tobago, fue el del obsequio público que el autoritario Presidente de Venezuela, coronel Hugo Chávez, le hizo al democrático Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con un ejemplar del libro Las Venas Abiertas de América Latina, del escritor izquierdista uruguayo Eduardo Galeano. Eso “fue el equivalente a regalar Mi Lucha, de Adolfo Hitler, al Presidente de Israel”, comentó Andrés Oppenheimer en su columna de esta semana.
De acuerdo con Oppenheimer, el libro de Galeano es “una visión infantil de la historia latinoamericana, según la cual la pobreza de la región se debe al imperialismo norteamericano”. Y lo más probable es que Obama —quien al recibir el libro creía que había sido escrito por Hugo Chávez—no lo va a leer. En todo caso, quienes deben estar muy felices con ese chusco episodio son el mismo escritor uruguayo y los comerciantes de libros, quienes han visto subir espectacularmente las ventas de ese título de Galeano. Según informó la empresa de venta de libros por Internet, Amazon.com, el mencionado libro ocupaba el lugar 54,295 en el ranking de ventas, pero después que Chávez le regaló públicamente un ejemplar a Obama, subió hasta el quinto lugar.
El libro Las Venas Abiertas de América Latina es en realidad una lista de agravios reales y supuestos que a juicio de Eduardo Galeano, Europa primero y Estados Unidos después causaron a los pueblos latinoamericanos. Es una historia legendaria que los izquierdistas utilizan habitualmente para culpar a Estados Unidos y Europa de todos los males que sufren nuestros pueblos y para justificar sus propios abusos de poder y la represión que practican contra todas las personas que no se someten al despotismo socialista.
En realidad, las venas abiertas de América Latina no son ya los agravios que en el pasado causaron Europa y Estados Unidos a los pueblos latinoamericanos. Las venas abiertas de América Latina son ahora las infames dictaduras, como la de Cuba comunista, en cuyas cárceles se pudren centenares de personas que han sido condenadas por expresar públicamente lo que piensan; por haberse atrevido a informar de manera independiente del Estado y del partido gubernamental; por pedir respeto a la libertad de organización política y al derecho elemental de elecciones libres y competitivas para escoger a las personas que gobiernen y representen al país.
Las venas abiertas de América Latina son los regímenes autoritarios, como el de Venezuela, donde Hugo Chávez ha encarcelado incluso a su antiguo compañero y libertador, el general retirado Raúl Baduel, porque éste se pasó a la oposición cansado de ser cómplice del nuevo dictador corrupto e incompetente; persigue al líder democrático Manuel Rosales, para descabezar a la oposición; despoja de sus atribuciones a los alcaldes democráticos que ganaron sus cargos en elecciones populares; y está imponiendo una férrea dictadura que denomina socialismo del siglo XXI, pero que no es más que una nueva versión de la tiranía comunista del siglo XX.
Las venas abiertas de América Latina son ahora las vapuleadas con garrotes, piedras y morteros, que pandilleros al servicio del régimen de Daniel Ortega le propinan a ciudadanos pacíficos y desarmados que tratan de ejercer su derecho humano elemental a la manifestación pública; una vena abierta y sangrante de América Latina es el fraude electoral —el más monstruoso de toda la historia de Nicaragua—, que el régimen de Daniel Ortega perpetró el 9 de noviembre del año pasado para adjudicarse más de tres cuartas partes de las alcaldías; vena abierta de América Latina es el siniestro plan de Daniel Ortega y su familia para adueñarse del país y restaurar la dictadura que la población democrática rechazó en las elecciones de 1990 y que ha seguido rechazando sistemáticamente en las urnas electorales, puesto que Ortega y el FSLN sólo pudieron volver al poder mediante el fraude y el pacto corrupto con Arnoldo Alemán y el PLC.
En fin, las venas abiertas de América Latina son ahora las dictaduras de la izquierda autoritaria impuestas en varios países latinoamericanos, a cuyos pueblos han hundido más en la pobreza; dictaduras que amenazan con expandirse por toda la región, aprovechando la flojera de EE.UU. y el retroceso de la causa democrática y libertaria en el hemisferio occidental.
El presidente Obama debe comprender algo tan sencillo como eso y en reciprocidad política, como dijo alguien le debería enviar de regalo al coronel Hugo Chávez un ejemplar del libro de Carlos Alberto Montaner, Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo, el Manual del perfecto idiota latinoamericano.