El talón de Aquiles

Cuenta la leyenda que el más famoso de los héroes griegos, Aquiles, sólo era vulnerable en el talón derecho de su cuerpo porque de éste lo sostuvo su madre cuando lo sumergió en las aguas maravillosas que le dieron invulnerabilidad. Y en el último combate de la Guerra de Troya, una flecha de punta envenenada que disparó un arquero con magistral puntería se clavó en el vulnerable talón derecho de Aquiles, causándole la muerte en medio de terribles dolores.

Pues bien, el talón de Aquiles del gobierno de Daniel Ortega es la economía y por lo tanto la parte más vulnerable de su plan para restablecer la dictadura en Nicaragua. Ortega puede resolver con relativa facilidad los problemas políticos y burocráticos de su gobierno. Para lograr las reformas legales que le permitan reelegirse, o continuar en el poder de cualquier manera, tiene el recurso de las negociaciones y el pacto con Arnoldo Alemán y el PLC. Para hacer el fraude electoral como el que le concedió el control de tres cuartas partes de las alcaldías de todo el país, cuenta con un Poder Electoral integrado por incondicionales y con la complicidad de un partido de oposición zancuda. Y la misma facilidad tiene a su disposición en el Poder Judicial, la Contraloría, la Fiscalía y las procuradurías.

Sin embargo, mientras se mantenga aferrado a su proyecto político Ortega no podrá resolver el problema económico. La parte vulnerable de su gobierno y de su plan para perpetuarse en el poder es la economía, la cual no puede ni podrá manejar con la misma facilidad con que maneja los problemas del poder político. Primero, porque su ideología y su “política económica” son incompatibles con la economía y por eso con este gobierno es inevitable que los problemas de la economía se agraven y empeoren, en vez de mejorar. Y segundo, porque desafortunadamente para Ortega su nuevo gobierno ha coincidido con la crisis financiera y económica global, que impacta en el país por medio de la disminución de las remesas familiares y de las exportaciones tradicionales y nuevas, de la reducción e inclusive la cancelación de inversiones extranjeras, y sobre todo de la caída de los precios del petróleo, que afecta la capacidad de Hugo Chávez de financiar a sus amigotes de otros países.

En realidad, la economía nacional comenzó a sufrir desde que Ortega volvió a tomar el poder, en enero del 2007. Y ahora el país está económicamente en un callejón sin salida, pues a la inviabilidad del “programa económico” de Ortega se suma la congelación de la ayuda financiera externa de apoyo presupuestario (equivalente a 1,278.9 millones de córdobas, o sea más o menos 63 millones de dólares) y de otros programas de cooperación internacional, debido al escandaloso fraude electoral de noviembre pasado y al deterioro de la institucionalidad y la gobernabilidad democrática ante el avance del autoritarismo y la corrupción orteguista.

De manera que no han causado extrañeza los datos ofrecidos esta semana por la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), según los cuales, en este año se van a incrementar el desempleo y la pobreza; el Producto Interno Bruto nacional caerá entre 0.5 y 1.5 por ciento; el deterioro económico seguirá extendiéndose a los sectores del consumo y la inversión; habrá una caída en los ingresos tributarios por poco más de 1,312 millones de córdobas, o sea alrededor de 64.7 millones de dólares; etc., etc.

“La coyuntura (económica) actual es difícil y se agravará el resto del año”, aseguró el economista Mario Arana, ex Ministro de Hacienda y ahora director ejecutivo de Funides, durante la presentación del Informe de Coyuntura Económica del Primer Trimestre del 2009, que se realizó el martes de esta semana. Y agregó Arana que: “En las circunstancias actuales un mayor apoyo externo al Presupuesto y una mayor inversión privada dependen fundamentalmente de una resolución a la grave crisis institucional que vive el país. Por lo tanto, ésta debería ser de alta prioridad para el Gobierno”.

Pero es muy difícil, por no decir imposible, que Daniel Ortega pueda atender recomendaciones tan sensatas y oportunas como ésa. Y tampoco hay en el entorno de Daniel Ortega alguien suficientemente inspirado y valiente que se atreva a decirle, como el estratega electoral James Carville le recomendó a Bill Clinton que dijera a su rival de campaña en 1992, en relación con cuál era el factor clave de la problemática de Estados Unidos: “Es la economía, estúpido”.

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