Todas las noches estos nicaragüenses deleitan con sus voces a cientos de turistas que visitan los distintos bares en Costa Rica. (LAPRENSA/W. ÁLVAREZ)

Forasteros de la música

Músicos nicas viajaron hace 13 años a Costa Rica y hoy destacan en los centros nocturnos [doap_box title=»Víctimas de la xenofobia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Uno de los mayores obstáculos que han enfrentado los nicaragüenses Tomás Alaniz González e Ismael Bolaños Duarte, en Costa Rica, es precisamente ser víctimas en ocasiones de la xenofobia en ese país. […]

  • Músicos nicas viajaron hace 13 años a Costa Rica y hoy destacan en los centros nocturnos
[doap_box title=»Víctimas de la xenofobia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Uno de los mayores obstáculos que han enfrentado los nicaragüenses Tomás Alaniz González e Ismael Bolaños Duarte, en Costa Rica, es precisamente ser víctimas en ocasiones de la xenofobia en ese país.

“Nosotros a veces somos víctimas de eso (de discriminación) pero nos aferramos al hecho de que necesitamos trabajar para velar por las necesidades de nuestras familias en Nicaragua”, expresó Bolaños.

Los dos nicaragüenses aseguran que si en Nicaragua se desarrollara una política de generación de empleos “nosotros no dudaríamos en regresar a nuestra tierra, porque no hay mejor momento que disfrutar de nuestras familias. Estando tan lejos nos sentimos muy solos”.

Todo por empleo

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Con sus voces y dos pequeñas guitarras lograron cautivar a turista español que les grabó un disco

SAN JOSÉ / COSTA RICA

Abandonaron su tierra natal, allá en las entrañas de las montañas de Condega, Estelí, para probar suerte en Managua, donde en las cálidas noches recorrían los bares para deleitar con sus voces y dos pequeñas guitarras.

En los primeros meses de 1990, la vida se les pintó color de rosa a los nicaragüenses Ismael Bolaños Duarte y Tomás Alaniz González. “Ganábamos mucho dinero, porque a la gente le gustaron nuestras voces”, recuerda Ismael.

Pero a medida que pasaban los años el trabajo de la cantada nocturna se fue apagando en Managua. “El negocio se puso mal. Al cabo de un tiempo la gente ya no nos quería contratar porque la vida se puso cara”, expresó.

Es por eso que a finales de 1995 el dúo Los Gatos, bautizado así por sus seguidores, decidió viajar a Costa Rica, alentado por un amigo que les contó que “allá la vida era mejor y podíamos ganar más plata”.

Y así fue. La esperanza de mejorar la calidad de vida de sus numerosas familias en Nicaragua fue el principal motor que los obligó a abandonar su tierra por varios años.

Bolaños, de 48 años, asegura que lo más duro que enfrentó antes de partir de Nicaragua fue haber “dejado a mis nueve hijos y a mi esposa”.

Similar situación vivió Alaniz, quien dijo que espera viajar este año a Nicaragua para celebrar el Año Nuevo con su familia, compuesta por tres personas.

ERRANTES DE LA NOCHE

Después de viajar varias horas en bus, una noche de noviembre de 1995 los dos músicos nicaragüenses llegaron a San José, Costa Rica. Todo era desconocido para ellos.

“Pero gracias a nuestros paisanos logramos poco a poco conocer los rincones de este país”, expresó Bolaños, visiblemente acoplado al acento y las costumbres costarricenses.

Ahora el dúo tiene un ingreso diario de 50 dólares en promedio, y de ese dinero una parte la ahorran para enviarla cada fin de mes a su familias.

“Antes nosotros en Nicaragua sólo lográbamos hacer diario a lo mucho 300 córdobas”, es decir menos de 20 dólares, manifestó Alaniz, mientras afinaba las cuerdas de su guitarra que lleva grabada artesanalmente el nombre de Nicaragua.

A diario, ambos nicaragüenses recorren con sus voces al menos 40 bares costarricenses, donde ofrecen a los visitantes su amplio repertorio musical, en su mayoría rancheras.

GRABAN DISCO

Pero el éxito de este dúo nicaragüense ha ido más allá de los logros económicos. Hace tres años, mientras deleitaban a varios turistas en un bar de Costa Rica, uno de estos fue cautivado por sus voces.

Se trataba de un turista español que al escuchar a los nicas les propuso la grabación de un disco, con música propia y de otros intérpretes.

“La verdad es que nosotros no lo creíamos cuando nos dijo eso. Pensamos que era mentira. Nos pidió nuestros datos y una semana después nos llamó”, recuerda Bolaños.

El disco fue grabado en Costa Rica y por ese negocio lograron obtener una buena paga.

En total grabaron 12 melodía, en su mayoría nicaragüenses, explicó Bolaños.

Con parte de ese dinero, las familias de ambos nicaragüenses lograron mejorar la infraestructura de sus casas, ubicadas en Managua y en el municipio de Tipitapa respectivamente.

Los dos músicos cuentan que un día, por “un golpe de suerte”, lograron la cédula costarricense y por eso cada año viajan a Nicaragua sin problema.

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