El jueves de la semana pasada el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) dio a conocer una “Declaración de su Junta Directiva Nacional, su Bancada Parlamentaria y su Comité Ejecutivo Nacional”, en la que habla de una reforma constitucional. Y cabe decir al respecto que es significativo que el PLC hable de reforma constitucional, sólo una semana después de que la Corte Suprema de Justicia absolvió a Arnoldo Alemán de la condena a veinte años de prisión por graves delitos de corrupción, que le fue impuesta en diciembre de 2003.
En realidad, la Declaración del PLC confirma lo que se había dicho insistentemente, acerca de que el precio que pagó Arnoldo Alemán por su sobreseimiento definitivo no sólo fue entregar al FSLN el control de la Asamblea Nacional, sino también darle la reforma constitucional que Daniel Ortega necesita imperiosamente para poder reelegirse en el año 2011, o para seguir gobernando como primer ministro.
En su Declaración el PLC dice que “no respaldará ni aprobará Reformas Constitucionales que intenten establecer la reelección inmediata del Presidente de la República, ni reformas que impliquen un cambio en el sistema político actual, por otro ajeno a la tradición, cultura política nicaragüense que tengan el objetivo de encubrir las pretensiones continuistas de la actual dictadura”. Agrega pomposamente que: “Por nuestro honor —es decir, por el honor de los dirigentes del PLC—, nuestros principios liberales y nuestro compromiso con el pueblo de Nicaragua, nunca seremos cómplices de este tipo de Reformas”. Y añade que: “Para garantizar la legitimidad de las autoridades electas, se debe incrementar el porcentaje mínimo de votos requeridos para adjudicar la presidencia de la República pasando del 35 al 51 por ciento de los votos válidos”.
Al parecer, la dirigencia arnoldista del PLC sigue creyendo que los nicaragüenses son tontos de capirote, es decir, sujetos de mofa y de escarnio. En realidad, ¿creerán que hay alguien en Nicaragua que le dé valor a la palabra, al compromiso, a la promesa y al honor del PLC? ¿Pensarán que la gente puede confiar en que la reforma constitucional de la que ellos hablan, no es para la reelección de Daniel Ortega o su continuismo en el poder en cualquier forma ? ¿Cómo se podría confiar en el PLC, si apenas un día antes de entregarle la Asamblea Nacional a Daniel Ortega y el FSLN, a cambio del fallo a favor de Alemán, sus dirigentes habían dicho que jamás la entregarían y que si el Frente Sandinista “logra la mayoría de 47 votos para elegir la Junta Directiva del parlamento, el PLC se negará a ocupar alguno de esos cargos”?
En su Declaración del jueves pasado el PLC recuerda que Daniel Ortega “volvió al poder en las elecciones del 2006 con el 38 por ciento del voto”, pero no dice que eso fue por la gran concesión que el mismo PLC y Arnoldo Alemán le hicieron al autoritario caudillo sandinista. Asegura el PLC que: “Todas las fuerzas vivas de la nación, incluyendo los partidos de oposición, estuvimos prestos para apoyar al Presidente electo en la continuación y profundización de la democracia”. Y denuncia que la tendencia “hacia la creación de una dictadura familiar en la peor tradición nicaragüense”, “fue acentuándose en el 2008 con la supresión de la personalidad jurídica de dos partidos, el Partido Conservador y el Movimiento de Renovación Sandinista…” ¿Habrase visto tanto descaro? ¿Acaso no fue el PLC el que pidió al Consejo Supremo Electoral orteguista que cancelara las personalidades jurídicas del PC y el MRS?
Para tratar de “dorar la píldora”, el PLC nos viene con el cuento de que la reforma constitucional es necesaria para abolir el Consejo Supremo Electoral y sustituirlo con “un Instituto o Tribunal Electoral”; así como para la creación de un Instituto autónomo de cedulación. Y habla de reformar la Ley Electoral para establecer “la obligación clara y precisa de la Observación Electoral”. Atol con el dedo.
Lo que quiere en realidad el PLC es justificar la apertura del proceso de reforma constitucional, en el cual obtendría del FSLN algunas de esas peticiones a cambio de darle a Daniel Ortega la reelección, o el sistema “parlamentario” para que siga gobernando como primer ministro. Pero tenemos la certeza de que la ciudadanía opositora y las mismas bases del PLC, que en su mayoría son sinceramente democráticas, van a rechazar categóricamente esta nueva conspiración pactista que pretende terminar con los últimos vestigios de democracia que quedan en el país. La gente tiene que saber que, parafraseando a Martin Luther King, los bandidos sólo se pueden montar encima de los que doblan la espalda.