- Uso de la “andro” lo tiene alejado de Cooperstown
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Tercer intento por entrar al Salón
TOMADO DE MLB.com
Hace unos pocos años, se daba como un hecho que Mark McGwire llegaría fácilmente al Salón de la Fama del beisbol.
Cómo han cambiado los tiempos.
McGwire, quien se retiró como el quinto mayor jonronero en la historia (ahora ocupa el octavo lugar), parecía estar rumbo a Cooperstown cuando se retiró después de la temporada del 2001. Pero desde entonces, el tema de las sustancias para aumentar el rendimiento en el beisbol ha estado bien presente, y McGwire es la primera “víctima” en las votaciones para el Salón de la Fama.
“Big Mac” recibió el 23.5 por ciento de los votos en su primera oportunidad hace dos años, noveno entre los candidatos en el boleto. Fue más que suficiente para poder seguir en la papeleta. El año pasado el resultado fue prácticamente igual, en el noveno lugar, con 128 votos, es decir el 23.6 por ciento.
Un candidato debe recibir el 75 por ciento de los votos para ingresar al Salón de la Fama. Los resultados de las votaciones serán anunciados el lunes, 12 de enero.
McGwire ha reconocido el uso de androstenedione, un precursor de esteroides, pero no ha confirmado el consumo de ninguna otra sustancia para aumentar el rendimiento. Se retiró antes de que existieran pruebas por esteroides en el beisbol. Fue acusado de consumir esteroides en el libro de su ex compañero en los Atléticos, José Canseco, Juiced. En el 2005, ante el Congreso, McGwire rehusó hablar del tema de esteroides, limitándose a decir que no quería “hablar del pasado” y que quería “convertir algo negativo en algo positivo”.
Para la mayoría de los expertos, la cuestión de posible dopaje es lo único que se le puede criticar. Fue un toletero formidable y un primera base defensivo algo subestimado. Participó en 12 Juegos de Estrellas, ganó un Guante de Oro en 1990 y terminó dentro de los primeros 10 en las votaciones para JMV en 10 ocasiones. Está en el noveno lugar de todos los tiempos en slugging, octavo en jonrones y primero en proporción de turnos por cada cuadrangular. McGwire jugó en seis postemporadas y asistió a tres Series Mundiales y fue campeón del Clásico de Otoño en 1989 con Oakland.
Su promedio de por vida de .263 le quita algo, pero eso aparte, si borras las interrogantes de dopaje, McGwire es un claro Salón de la Fama.
“Para mí no ha cambiado mi opinión sobre él, en el sentido de que creo en él, y lo que él hizo en su carrera, su producción y los logros históricos”, dijo el manager de los Cardenales, Tony La Russa, quien dirigió a McGwire tanto en Oakland como San Luis. “Me gustaría verlo con ese honor más temprano que tarde”.