Alberto Chamorro LA PRENSA/Cortesía

Alberto Chamorro «Un documental para exorcizarme»

Luego de su experiencia trabajando con cineastas en Hollywood y de sus estudios de cine en Los Ángeles, el nicaragüense Alberto Chamorro conoció en Estados Unidos la historia de Café Chavalos, un restaurante de Granada manejado por adolescentes drogadictos, como método de inserción a la sociedad. Regresó al país para llevar la historia al cine, […]

Luego de su experiencia trabajando con cineastas en Hollywood y de sus estudios de cine en Los Ángeles, el nicaragüense Alberto Chamorro conoció en Estados Unidos la historia de Café Chavalos, un restaurante de Granada manejado por adolescentes drogadictos, como método de inserción a la sociedad. Regresó al país para llevar la historia al cine, porque le pareció digna de aparecer en la pantalla y darla a conocer al mundo.

Se propuso filmarla en un documental para exorcizarse, ya que asegura no ser capaz de ver un documental de principio a fin, porque la mayoría tiene la misma estructura narrativa y resultan poco atractivos, además, cree que el verdadero cine se expresa a través de largometrajes de ficción.

Tras experimentar el mundo de la poesía y la pintura, Chamorro descubrió que ni la literatura ni las artes plásticas eran su medio para expresar la inquietud artística que tenía desde pequeño, y el cine, por sorpresa, llegó sin querer.

Creció en Granada, publicó su libro de poesía titulado Sueño así a los 18 años. Aprendió inglés y fue a Estados Unidos a estudiar Ciencias Políticas.

¿Cómo descubriste que el cine era tu camino?

Escribía poemas, era un adolescente cuando publiqué mi libro, poemas de amor dedicados a novias. Se vende aún, pero ahora que lo veo me da pena, es una poesía muy cursi. La poesía es un acto personal, quería demostrar cosas, no era mi inquietud artística. Pinté, pero tampoco como pintor.

Quería aprender inglés y un buen método es ver películas en inglés. La idea era aprenderlo y me quedé enamorado del cine. También llegué al cine como espectador, porque cuando era pequeño no tenía cable, mi papá tenía películas en Betamax y mi diversión era pasar viéndolas.

Es extraño ver a un muchacho viendo películas mudas o de los años treinta y cuarenta. El primer paso de un cineasta es ver películas clásicas, porque son escuelas para aprender cine. Cuando aprendí inglés estudié en el Colegio Americano en Managua y luego salté a Estados Unidos.

¿De las películas que viste cuál te hizo quedarte con el cine?

La que me inspiró y cambió mi visión hacia el cine es Forest Gump. Me pegó más que cualquier otra en todo aspecto: actuación, guión, música, escenografía. Leí artículos sobre ella y encontré un mundo nuevo, el de las críticas cinematográficas. El segundo paso de un cineasta es leer críticas. Leyéndolas aprendés más de lo que ves en la pantalla. Pasa con la literatura, si tenés un libro y no sos muy literario no ves lo genio del autor. Esa película fue el clic.

De ahí comenzó mi afán para aprender cine, leí libros de técnica, dirección, guiones, biografía de los directores, lectura adicta.

¿Cómo combinaste tus estudios de Ciencias Políticas con los de cine?

Estudié en Pensilvania, allí no hay escuela de cine, pero sí lo ofrecen en cursos de guiones, dirección, crítica. Tomé todo lo que ofrecían. Había muchos cine-foros, se aprende muchísimo de un cine-foro.

El tercer paso para un buen cineasta es ir al cine-foro, escuchar y participar. En las prácticas hice 10 cortos, pude crear, trabajar en cámara, guión, fotografía, lo bueno es que empleás lo que aprendiste, tuve un aprendizaje completo. Acumulás un equivalente a 4 años de estudios especializados.

NICARAGUA, MAGNÍFICO BACKGROUND

¿Cómo llegaste a Los Ángeles a estudiar cine?

Me gradué de Ciencias Políticas, había encontrado mi norte así que me fui de inmediato a Los Ángeles y me metí en un curso intensivo de dos meses en California. De esa universidad, según encontré referencias, es la mejor de cine en el mundo. Estaba en Los Ángeles, en medio de todo el ambiente, en cualquier tienda hay un montón de periodistas porque va a llegar tal actor a firmar autógrafos.

En la lista de las mejores es la número uno, andaba buscando la mejor y me salió en Estados Unidos, tomé un avión y allá fui. Salí bien en clases y me sorprendía más, me preguntaba ¿es acaso mi vocación? Pues no sé, mucha gente tenía problemas para hacer realidad su guión, dirigir, imaginar la escenografía, yo podía armar todo con mi imaginación.

Con Café Chavalos llevás a la pantalla el tema social. ¿Ese es tu perfil?

Café Chavalos lo hice para exorcizarme de los documentales. No soy una persona que vea documentales con constancia y que le gusten. Para mí el cine es la ficción y es lo que me gusta. Muy pocas veces voy a un cine a ver documental.

Es difícil ser un adicto y voluntariamente ir a rehabilitarte. Aquí hay una manera de combinarlo, si un chavalo se quiere salir de eso, le das trabajo, ayuda, se distrae, gana, aprende y ahora con Café Chavalos sale en una película, no porque sea drogadicto, sino porque tiene la oportunidad en la vida; quizás no lo valora así, pero ya está la oportunidad abierta.

Para comenzar mi vida en el cine tenía que exorcizarme y así poder estar tranquilo y hacer ficción, lo que realmente quiero. El punto clave era lo original que tenía la historia y decidí hacerlo. Filmar documental no es muy distinto de filmar ficción. Entre uno y otro no hay mucha diferencia en cuanto a creación. No filmé antes documentales no porque no pudiera hacerlos, sino porque me encanta la ficción, trabajar con actores.

¿Cuánto tiempo te llevó realizar Café Chavalos?

El guión lo comencé en noviembre de 2006. En febrero de 2007 vine con un amigo americano que habla español a ver lo que había en el país, qué podíamos hacer, de qué podíamos disponer, buscar el equipo de trabajo: sonidistas, técnicos, luces, los sets. Fuimos a muchas compañías de producción a ver qué había.

En marzo de 2007 filmamos. Desde noviembre de 2006 estuve escribiendo basado en los chavalos, estuve mucho tiempo con ellos, fui a sus casas, conocí sus familias. Me contaron todo a detalles, escribí según lo que me decían, pude conversar mucho con ellos.

Un documental se forma en la edición, no es como una ficción que tiene un guión y es tu guía.

Aprendí el valor del documental, pensaba como todos, que cuando uno realiza ficción es un ser que interfiere en la realidad, podés desaparecer a alguien, que muera, que llore, todo eso lo podés hacer en la ficción y ves cómo todo se mueve a tu capricho en las historias que formás, con el fin que querés, los personajes hablan lo que vos querés, se visten como te los imaginás.

¿Cuál fue tu técnica para hacer un documental distinto a los que has visto?

Hice un documental de acción, partes musicales, cortes y tiros muy rápidos. En la película no hay un tiro de más de 15 segundos y eso es importante, hay cambios de temas, de actitud, usé varias técnicas.

Aproveché para mostrar Nicaragua, no es lo mismo ver a un chavalo con el fondo de una pared blanca en su casa que un chavalo en el lago de Granada, o verlo en la Catedral, en el parque. Tomé en cuenta que estamos en un país que es bien bonito para el cine.

Tenemos declaraciones cortopunzantes y fuertes, luego sentís en ellos la esperanza y tenés un background de un país bien pobre, pero lindo. Nicaragua es una escenografía, sola se representa, es un set, un gran estudio cinematográfico. Si necesitás una ciudad destruida la encontrás, un lugar chic también.

Asimismo montañas, volcanes, agua de ríos y lagos, lo que querás de fondo; cielo nublado, sol, todo está de elegir adonde ir, todo hay. Mi background es Nicaragua, que ofrece muchos sets ya hechos, lo único que necesitás es poner luces.

FORTALECER EL GUIÓN

¿Qué aprendiste de los documentales?

En general tienden a ser muy educativos, fotografía lenta, no llevan mucha música, los argumentos no llevan tanta acción. Muchos documentales son muy buenos, pero no me gustan, es algo personal.

¿Cómo ves el esfuerzo cinematográfico en Nicaragua?

Sobran temas y no hay guionistas. Hay realizadores que hacen sus guiones, pero no son guionistas con calidad profesional. El guionista lee mucho, estudia literatura, estructura narrativa, es mucho estudio. Muchos son buenos escritores de historias, pero no guionistas. Una historia queda perfecta en una novela, pero para pasarla a guión se requiere de conocimientos más que arte, porque el guión tiene misterio, suspenso, debe ser emotivo, mantener tu atención.

Aquí hay experimentaciones con videoarte, van probando con una cámara, recibiendo cursos, empezando con ficción, pero no hay mucha competencia y sin competencia no hay desarrollo de cine. Esa es una realidad histórica.

Hay gente con mucho talento, pero falta educación, preparación, conocimientos generales de cine, más que artísticos. El cine es arte, pero es práctica también. Hay que aprender técnica.

En Nicaragua se debe aprender a contar las historias, he notado un poco de fuerza en la narrativa cinematográfica, es muy importante tomar esto en cuenta, la narrativa, un argumento no puede cortarse así de fácil ni por actuación, ni por fotografía ni por la edición.

La Prensa Literaria

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