Economía
“No logran entender los hombres cuán gran renta constituye la economía”.
Pérdida de valores
Desde 1979 en Nicaragua se perdieron los valores morales, éticos y de dignidad de muchos nicaragüenses. Ahora se ve y se escucha cada vez más cómo se compran las voluntades de muchos líderes, religiosos, políticos y de la sociedad, no importando su condición social. Con mucha más razón se manipula sobre todo a la gente sencilla que no es firme en sus principios y es fácil de confundir con tanta propaganda llena de odios y mentiras.
En Nicaragua parece que muchos sectores son blandengues y no tienen la entereza de enfrentar con dignidad sus posturas y obligar a cambiar las cosas que no están correctas. Veamos el ejemplo de los venezolanos, que a pesar de la represión oficial han sido muy patriotas enfrentando al militarismo populista de Chávez, ganando así muchos espacios en los que el oficialismo creía que ya los tenía derrotados; no se han comprado voluntades como ocurre en nuestro país.
Otro ejemplo es el de Tailandia, en donde el pueblo que se sintió defraudado se plantó con huelgas generales y plantones en los aeropuertos porque le habían robado los votos, logrando destituir al primer ministro. Eso nos demuestra cómo los valores de esos pueblos como el tailandés no se han perdido.
Pero en Nicaragua se han perdido estos valores y estamos al borde de enfrentar una situación económica de recesión mundial con mucha más pobreza, en la que el presidente Daniel Ortega y su élite de oligarcas populistas son los primeros capitalistas que dicen que a ellos no les interesa, porque a quien va a afectar es el más pobre. Lo más triste es que el 38 por ciento o menos de los ciudadanos que apoyan a Ortega son borregos de desfile e ingratos a su patria, a la que traicionan cada vez que apoyan con su voto y sus actuaciones al gobierno de turno.
Alejandro García
Vacío legal
Nicaragua está en un punto de inflexión de su historia política, agravada por la corrupción que en todos los niveles y Poderes del Estado ha institucionalizado el FSLN, contando con los inmensos recursos procedentes del petróleo venezolano, convertidas sus operaciones de refinación, distribución y comercialización en botín cautivo de su plana mayor, encabezada por el binomio gobernante Ortega-Murillo.
Los diputados que hoy se llaman “independientes” y de la ALN deben su elección a su inclusión en las listas presentadas al CSE por la ALN-PC y PLC, de manera que tienen compromisos políticos y morales con las organizaciones que hicieron posible su elección. Pero han decidido practicar una doble traición: a la agrupación política que los postuló y al pueblo nicaragüense. Todo esto ocurre porque a la hora de restablecerse la democracia en Nicaragua, no se puso en vigor una ley de responsabilidades políticas. De este vacío legal se aprovechan Eliseo Núñez Hernández y sus comparsas.
Roberto Escobedo Caicedo
Terrorismo internacional
La única cooperación que pueden brindar Irán y Rusia al Gobierno de Nicaragua es en el campo del terrorismo internacional. Todo lo demás se reduce a promesas y más promesas, lo mismo que las procedentes de la Venezuela chavista. Estos tres países han visto sus economías seriamente afectadas por la crisis global del sistema capitalista. Pero Ortega Saavedra y sus brillantes asesores navegan contra la corriente de la historia. En lugar de asegurarse la cooperación no reembolsable de los países de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, la rechaza, tachándola de “limosna” y declarando que Venezuela le suministrará con creces la que dejen de aportar esos países “imperialistas”.
En la misma situación se encuentra respecto de los organismos multilaterales de crédito, BID y Banco Mundial, donde los Estados Unidos tienen derecho de veto para parar cualquier préstamo autorizado a países donde no se respetan las normas de la democracia representativa.
Juan Rodríguez Dávila
Frustración
En la década de los ochenta tuve la dicha de ser un “mimado de la revolución” y participar en varias actividades de la Asociación de Niños Sandinistas y en muchas más de las organizadas para los huérfanos de guerra. Sin estar muy claro de lo que hacía, ondeaba la bandera rojinegra de “mi FSLN” con mucha alegría. A mediados de los noventa tuve el orgullo de ser un alumno becado de la UCA y luchar por el 6 por ciento del presupuesto nacional para las universidades, encabezado por mis dirigentes estudiantiles de clara inclinación danielista.
A finales de los noventa e inicios de la presente década pude libremente expresar mis pensamientos políticos sin temor a ser agredido por las personas que no opinaban igual que yo, a pesar de estar de turno los “gobiernos neoliberales promotores del capitalismo salvaje”. A finales de esta década, cuando tenemos a un gobierno de izquierda, que ensucia el nombre y la imagen de Sandino, un gobierno dizque amante de la reconciliación y promotor del amor, no puedo expresar pacíficamente mi inconformidad con todas las anomalías políticas que se están dando.
Ahora no sólo me he quedado sin derecho de expresión, sino que también en algunas ocasiones me han privado del derecho a circular por las calles que se construyen con mis impuestos. Recién pasada las elecciones municipales del 9 de noviembre, también estuve a punto de terminar con los vidrios de mi vehículo quebrados porque no asentí con la cabeza ni sonreí ante el símbolo del “2” que representa el fraude electoral y que me hizo con sus dedos un grupo de simpatizantes del FSLN armados con piedras, palos y tubos.
Hoy decidí que mientras siga amando a mi país, Nicaragua contará conmigo para mantenerse libre de dictaduras, porque es en las manos de los nicaragüenses conscientes, que somos la mayoría, donde está la posibilidad de que la democracia no sea un sueño, sino una realidad.
Iván Carcache G.
Pánico y paranoia
Ciudad de México (AIPE)- Una de las características más sobresalientes de la crisis financiera global es la profunda desconfianza manifestada por los inversionistas. El resultado ha sido venta de pánico generalizado, el temor de bancarrota personal ante la caída de los valores de activos tanto financieros como inmobiliarios. Las crisis y episodios de pánico no son nada nuevo. Pero el actual episodio de brutal ajuste financiero es histórico. Los índices bursátiles (Standard & Poor’s y el índice mundial de acciones globales) bajaron a niveles no vistos desde hace once años.
Esta caída recuerda el período 2000-2002, los tres años negros en los que se acumularon los efectos de la crisis de las empresas “punto.com”, los atentados terroristas del 11 de septiembre y la crisis de confianza por el desplome de empresas como Enron y Worldcom. En esos años hubo una sustitución de valores, de renta variable a renta fija. Pero la caída este año incluye los índices más sólidos de renta fija, desde fondos de bonos corporativos AAA hasta fondos de oro y otros bienes de supuesto valor intrínseco.
En este año 2008, año negro de pánico y paranoia, el único bien que registra saldo positivo es el índice de bonos del tesoro. La paradoja es que ante el miedo de los inversionistas ha ocurrido una fuga hacia el dólar.
El pánico surgió, en parte, por la burbuja inmobiliaria que, de alguna forma tenía que reventar. El endeudamiento del sector privado fue incentivado por un conjunto de políticas fiscales y monetarias laxas. Sin embargo, ese factor no explica la particularidad de una crisis que ha registrado números rojos en todos los indicadores globales, tanto de renta variable como de renta fija, con la sola excepción de los bonos del tesoro estadounidense.
Una explicación de tan exagerado ajuste financiero es la secuencia de errores de estrategia económica bajo la Administración Bush. Por ejemplo, las señales mixtas y mal concebidas que se enviaron al decir una cosa y hacer otra en el rescate de Fannie Mae y Freddie Mac, o dejar que Lehman Brothers cayera, mientras se daba luz verde a la compra de Merrill Lynch o, la peor de todas, enviar el paquete de rescate a votación del Congreso sin contar anticipadamente con los votos requeridos para su aprobación.
La descoordinación, junto a la falta de claridad en las declaraciones y comunicaciones de las autoridades en Washington, alimentaron el miedo y provocaron la crisis. Así vemos que el mundo financiero está viviendo una crisis de confianza, no de liquidez.
Roberto Salinas León