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La habilidad para manejar las emociones y sentimientos y guiar el pensamiento a la acción, es decir, la capacidad para buscar una respuesta, es lo que los especialistas llaman inteligencia emocional.
Es elemental en nuestra vida, por eso vemos que la mayor parte de las habilidades para conseguir una vida satisfactoria son de carácter emocional, no intelectual, por eso no siempre las personas más inteligentes tienen más éxito o por qué unos son más capaces que otros para enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades bajo una óptica distinta.
No es más inteligente quien obtiene mejores calificaciones en sus estudios, sino quien pone en práctica habilidades que le ayudan a vivir en armonía consigo mismo y con su entorno.
La inteligencia emocional nos permite tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones en el trabajo, matrimonio, y adoptar una actitud empática y social, que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal, comenta la sicóloga María Lourdes Ruiz de Saballos.
Añade que en pocas palabras es la capacidad de saber encauzar las emociones positivas y negativas.
Según la enciclopedia libre Wikipedia, la inteligencia emocional es un conjunto de talentos o capacidades organizadas en cuatro dominios: capacidad para percibir las emociones de forma precisa (es decir, capacidad de percepción); capacidad de aplicar las emociones para facilitar el pensamiento y el razonamiento; capacidad para comprender las propias emociones y las de los demás (empatía) y capacidad para controlar las propias emociones.
La empatía
La sicóloga señala que la capacidad de inteligencia emocional está presente en las diferentes situaciones de la vida cotidiana. Por ejemplo las parejas más estables expresan abiertamente sus puntos de vista, porque ellos ponen en práctica la capacidad de escuchar.
Agrega que desde el punto de vista emocional cualquier muestra de empatía hacia la otra persona constituye una excelente válvula de escape de la tensión emocional.
La capacidad de tranquilizarse uno mismo y tranquilizar a la pareja es utilizando la empatía y el saber escuchar facilita resolver eficazmente los desacuerdos.
Ruiz indica que cuando hay desacuerdos o situaciones difíciles lo que se debe hacer es tranquilizarse primero, para razonar de mejor manera lo que hará. Cuando se está alterado o nervioso es seguido por un impulso a la acción, por eso es importante el dominio de esos impulsos para el desarrollo de la inteligencia emocional.
Si la persona está calmada escuchará bien, pensará claramente y actuará mejor. Por eso el primer paso es tranquilizarse para que pueda ver un progreso en la solución del problema.
Si usted maneja sus reacciones emocionales, identificará maneras más adecuadas de dar respuestas.
De ahí que la educación emocional empiece desde el hogar. Si los niños aprenden a sentirse capaces para salir airosos de situaciones que ahora contemplan como difíciles, se sentirán más seguros e intentarán resolverlas, prestando atención a lo que se dicen a sí mismos.
No se trata de enseñarles a ocultar sus emociones, ni reprimirlas, sino de aprender a tranquilizarse ante un reto.