Cartas al Director

Cartas al Director Dictadura “La dictadura es el sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio”. Dictadura absolutista Como lo dijera nuestro insigne poeta Rubén Darío: “Nicaragua está llena de vigor y de gloria, Nicaragua está hecha para la libertad”. La ambición desmedida del presidente Daniel Ortega de perpetuarse en […]

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Dictadura

“La dictadura es el sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio”.

Dictadura absolutista

Como lo dijera nuestro insigne poeta Rubén Darío: “Nicaragua está llena de vigor y de gloria, Nicaragua está hecha para la libertad”. La ambición desmedida del presidente Daniel Ortega de perpetuarse en el poder ha llevado al país a una situación anómala y de descontento en la gran mayoría de los nicaragüenses, pareciera que nos está llevando a un sistema similar al de Cuba.

Todo izquierdista radical con pretensiones presidenciales ven el sistema cubano como un sagrario del sistema izquierdista ortodoxo. En el sistema cubano la alta jerarquía piensa por todos los cubanos que viven en la isla. No existe la independencia individual en el vivir y en el sentir; los derechos humanos están anulados. La alta jerarquía tiene bajo control todo el engranaje: cultural, social, económico, religioso y político. Ninguna persona puede producir independientemente con fines lucrativos en lo comercial, en lo industrial, y en lo profesional. En Cuba, todo el engranaje social y económico, absolutamente todo, está en manos de la alta jerarquía gobiernista.

Aquí en Nicaragua hemos sufrido en carne propia tanto de la dictadura de derecha como de la dictadura de izquierda. Por eso es que a los nicaragüenses sin distingo de colores políticos va a ser difícil, por no decir imposible, que se nos imponga una dictadura férrea absolutista como la de Cuba. Que es lo que pretende el presidente Ortega con quererle dar validez a las elecciones municipales recientes. Dichas elecciones fueron vistas por los fiscales del PLC amañadas, falaces, y desde todo punto de vista fraudulentas.

El presidente Ortega se ha dado cuenta que, si pierde la mayoría de las alcaldías municipales, incluyendo la de Managua, se le escapa la reelección presidencial, y con ello, querer montar un sistema dictatorial absolutista.

El presidente Ortega debería de reflexionar, y a través de un autolavado de conciencia darse cuenta de que el pueblo de Nicaragua anhela vivir democráticamente en libertad.

Armando Lau Gutiérrez

¿Dónde está Ortega?

Es muy difícil confiar en la legitimidad de las elecciones municipales. ¿Cómo puedo confiar en el proceso electoral después de prohibir la observación electoral y tantas irregularidades que salieron a luz pública? ¿Cómo puedo creer que la popularidad del partido sandinista ha crecido al tener una economía golpeada por la crisis económica mundial y un gobierno acusado de ineficiencia? ¿A quién quieren engañar y manipular?

Este gobierno lleno de propaganda política que clama por la redención de los pobres, acceso universal a la educación y salud, palabras aduladoras por los héroes nacionales y oposición contra la interferencia extrajera en asuntos internos. Por el otro lado, puedo ver un gobierno actuar lento rodeado por un enorme muro de burocracia que a veces parece no comprar una botella de agua porque no tiene permiso del gran jefe, un sistema que no estimula la inversión extranjera por la falta de definición de las reglas, ayuda venezolana invisible, Mercedes Benz que lleva por las calles al Presidente, incontable personal en las rotondas que animan a los ciudadanos a orar por el miedo gubernamental del odio, maquinarias humanas que parecen avasallar a cualquiera que critica el sistema.

Después de tanto caos. ¿Dónde está el Presidente? En teoría el señor Ortega es el líder del país y debe calmar los ánimos. ¿Acaso se encuentra planeando el nuevo golpe a la democracia nacional? Este gobierno dice “Arriba los pobres del mundo”, vendiendo un Estado de inercia mental para que los pobres luchen contra los ricos y sigan siendo mentalmente pobres. Es hora que dejen al país en paz, y entiendan que Nicaragua no puede ser manejada por un líder con ideas de desarrollo más vacías que las ideas encontradas en una esquina de indigentes.

Oscar Molina Jiménez

Tranques y turbas

El pasado martes 18 de noviembre, hice comparecencia en el llamado del PLC con Eduardo Montealegre a la cabeza para protestar por el despojo descarado de las elecciones municipales en varios departamentos, incluyendo Managua y me di cuenta que hay una dictadura que controla a un atajo de vagos y para llegar al citado lugar tuve que caminar kilómetros y con mucho cuidado para no ser agredido por las turbas sandinistas porque los tranques con buses y manifestantes del Frente Sandinista cerraban la circulación de vehículos para que no se pudiera asistir a esta protesta nacional.

Cuando terminó el acto, tuve que buscar compañía para no ser blanco de las turbas, pero las calles y avenidas estaban bloqueadas por piquetes de ellos, que en cierto lugar de Reparto Los Robles nos querían agredir, no teniendo más opción que refugiarnos en una casa y en la cual fuimos acogidos por su propietario varios simpatizantes del PLC. Ahora más que nunca todos los nicaragüenses tenemos que estar unidos para defender la democracia que está siendo pisoteada por este Gobierno lleno de malandrines, que solamente causan daño a la sociedad.

Que las autoridades la próxima vez no permitan tranques y pongan en su lugar a estas turbas.

Marlon A. Ruiz S.

Destrucción de radios

Sin duda alguna que los antisociales que destruyeron Radio Darío y otras más en la ciudad de León se hicieron eco de las declaraciones del Procurador General de la República, Hernán Estrada, cuando manifestó que bastaba una señal de Ortega Saavedra para que sus seguidores no dejaran piedra sobre piedra de ninguno de los medios de comunicación que critican sus abusos, desmanes, atropellos y actos de corrupción.

Como era de esperarse, los dos policías que custodiaban las instalaciones de las radios destruidas no hicieron nada por impedir el accionar de las turbas; tampoco detuvieron a ninguno de sus integrantes, confirmando una vez más que “son los mismos”. Nicaragua se encuentra en estos momentos bajo la dictadura de las turbas.

Mientras tanto, la Policía se limita únicamente a observar. ¡Los nicaragüenses estamos bajo la ley de la selva!

Juan Rodríguez Dávila

Fraude descarado

Desde el día 10 de noviembre, después de realizadas las elecciones municipales, he visto a los supuestos pueblo presidente tomarse por asalto las calles sin permitir a ninguna otra persona o asociación, la libre circulación, el derecho a la libre expresión y el derecho de protestar pacíficamente. Estas personas que aseguran ser defensoras del voto sandinista, que agreden a todo aquél que tenga una ideología política distinta a la que ellos profesan, actúan de una manera vandálica, cometen sus actos con los rostros tapados, usando tubos lanzamorteros, machetes, tiradoras, palos, o cualquier otra cosa que puedan utilizar como arma de represión, según ellos para defender su victoria.

Todo esto violando un sinfín de leyes constitucionales, por ejemplo, perturbación del orden público, daños a la propiedad privada, terrorismo porque sólo los terroristas ocultan sus rostros para no ser identificados, Ley 510 sobre la aportación y tenencia de armas legales, así como la prohibición de poseer un arma de guerra o armas hechizas, y, lesiones leves y graves a terceros, etc.

Pero me pregunto ¿si el CSE ya emitió un resultado en el cual favorece al títere de la pareja de dictadores Ortega Murillo y en un segundo recuento lo vuelven a favorecer, por qué estas turbas sandinistas salen a las calles a confrontar a quienes ellos llaman los perdedores? Si ellos ganaron de forma limpia y no hubo fraude deberían estar en sus casas y dejar que los candidatos que salieron derrotados se manifiesten de la manera que ellos quieran, sin importarles también que el PLC marche por las calles de Managua. A no ser que el FSLN quiera ocultar algo que es obvio a la vista de todos los nicaragüenses, que en estas elecciones hubo un fraude descarado, que viola la voluntad popular de los pobladores de cada municipio de este bello país. Señores del FSLN, ¿por qué confrontan e impiden las manifestaciones contrarias? ¿Qué ocultan? ¿Por qué no quieren un recuento? Demuestren que ganaron, pero de una forma pacífica y no de una forma deshonesta, que es lo que están demostrando con esta actitud.

Oscar Castillo

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