La encuesta de CID-Gallup que ha sido dada a conocer por LA PRENSA esta semana, ofrece valiosa información sobre las opiniones y percepciones que tienen los nicaragüenses sobre una amplia variedad de aspectos y problemas de la vida nacional. Pero el dato principal es sin duda el que indica la intención de voto para la elección de Alcalde del Municipio de Managua, en las votaciones del domingo 9 de noviembre próximo.
La encuestadora CID-Gallup sólo consultó en Managua la intención de voto para Alcalde. Pero a nuestro juicio no es por menospreciar a los demás municipios del país, sino porque resulta muy difícil y costoso, por no decir imposible, realizar una encuesta que mida la intención electoral en todos y cada uno de los 153 municipios que tiene el país. Además, el Municipio de Managua tiene una importancia determinante para todo el país, no sólo porque concentra alrededor de una quinta parte de la población nacional y el grueso de la actividad económica, social, cultural y política, sino también por la encrucijada histórica en la que se encuentra actualmente la nación, cual es la de permitir la consolidación de la dictadura de Daniel Ortega al frente de su familia y de su grupo oligárquico, o votar porque Nicaragua retome la senda de la libertad, la democracia y el progreso social con respeto a la dignidad humana.
En estas circunstancias, la votación de Managua en noviembre próximo tendrá un impacto de dimensión nacional en la determinación del futuro político de todos los nicaragüenses.
Según la encuesta de octubre de CID-Gallup, la intención de voto para Alcalde de Managua en la elección de noviembre entrante es 37 por ciento para Alexis Argüello, del FSLN, o sea por la restauración de la dictadura; 32 por ciento para Eduardo Montealegre, candidato de las fuerzas democráticas que van a votar en la casilla 1; 29 por ciento de quienes no saben por quién van a votar o no respondieron a la pregunta; y 2 por ciento de los demás candidatos, algunos de ellos “de zacate”, prefabricados por el FSLN para confundir a la población y restarle votos al candidato de la unidad democrática.
Quienes esperaban ver ganar a Montealegre en las encuestas antes que en las urnas de votación, se habrán sorprendido y tal vez hasta desilusionado con el resultado de esta consulta que realizó CID-Gallup entre el 4 y el 10 de octubre corriente. Tal vez olvidan que el FSLN ganó con el 45 por ciento de los votos en las elecciones municipales del 2004, cuando llevó la candidatura del actual alcalde Dionisio Marenco; y que había ganado en el año 2000, con Herty Lewites, quien obtuvo el 44 por ciento de los votos.
En realidad, lo preocupante es que la candidatura de Montealegre, que representa a los liberales unidos y a otras fuerzas democráticas, tanto de derecha como de izquierda, tenga a estas alturas el 32 por ciento de la intención de voto, lejos del 49.60 por ciento que sumaron los candidatos de los partidos democráticos en el año 2004, cuando perdieron ante el FSLN porque fueron divididos a las elecciones; y más lejos aún del 51 por ciento que sumaron en las elecciones del año 2000, cuando también perdieron por causa de la dispersión.
Pero la verdad es que resulta lógico —aunque se dice que en la política nada es lógico— que Montealegre esté todavía debajo del candidato de la restauración de la dictadura, puesto que el sector de indecisos o voto oculto es todavía de 29 por ciento. Sería trágico para la causa de la libertad, la democracia y el progreso social sin discriminaciones políticas ni sociales, que ese 29 por ciento quedara como abstención, porque entonces el candidato de la dictadura sí ganaría sin necesidad de alcanzar las cifras de votación que tuvieron Marenco en el 2004 y Lewites en el año 2000.
De manera que el mensaje, o más bien la advertencia de esta encuesta de CID-Gallup, es que todos los demócratas (ciudadanos, partidos, organizaciones civiles, medios de comunicación, instituciones religiosas, etc.) tenemos que hacer todo lo que a cada quien corresponde, para que los indecisos vayan a votar. Hay que olvidarse de las amenazas de agresiones físicas y de fraude del FSLN y el Consejo Supremo Electoral. Lo primordial es salvar la libertad y la democracia, y el campo de batalla serán las urnas electorales que se abrirán muy temprano en la mañana del domingo 9 de noviembre.