Donde hay un gobierno de naturaleza u orientación fascista, no es extraño aunque sí criminal que existan bandas paramilitares —ya sean legales y públicas o secretas y clandestinas— que son organizadas para agredir e intimidar a las personas y organizaciones políticas y sociales que se oponen al régimen establecido, así como a los medios de comunicación y a los periodistas que denuncian las ineficiencias y los abusos gubernamentales.
Por eso es que no nos ha tomado por sorpresa el mensaje escrito que recibimos de un supuesto Consejo Nacional de Combatientes del Mint (el Ministerio del Interior de la dictadura sandinista de los años ochenta), en el cual se nos acusa de ser financiados por Estados Unidos para atacar al gobierno de Daniel Ortega, y se nos amenaza igual que a todos los que, según dicho comunicado, “con puñal en mano se identifican con los vendepatria y rechazan la lucha del FSLN a favor del pueblo”.
Cabe señalar que después de que publicamos la información sobre ese comunicado amenazador, el Consejo de Combatientes Retirados del Mint negó por medio de un vocero oficial haber sido el autor del mismo. Sin embargo, como lo hizo ver LA PRENSA en su edición de ayer miércoles 1 de octubre, en un programa del oficialista Canal 4 de televisión transmitido en la mañana del 30 de septiembre, “el presentador le dio toda la credibilidad al ‘pronunciamiento’ que él mismo tenía (en sus manos) y mostró en cámara”.
De todas maneras, el hecho de que oficialmente el Consejo de Combatientes Retirados del Mint niegue ser el autor del mensaje amenazador, no significa que la amenaza no exista, ya sea de miembros de ese organismo que actúan por su propia cuenta o de algún otro grupo clandestino que ha usado ese nombre para enmascarar su amenaza. Y la prueba más fehaciente de que la amenaza es real, hay que verla en lo que ocurrió el sábado 20 de septiembre recién pasado en León, cuando individuos enmascarados y otros con la cara descubierta, atacaron a garrotazos y morterazos a personas pacíficas y desarmadas que pretendían realizar una marcha democrática y cívica. Los agresores destruyeron el vehículo de un diputado de izquierda moderada e inclusive machetearon a varias personas.
En realidad, como hemos dicho antes, no se concibe la existencia de un gobierno de carácter o de tendencia fascista, que no tenga a su disposición bandas o individuos paramilitares para agredir e intimidar a sus adversarios.
Que se organicen quienes fueron combatientes de los extintos EPS y Mint, o antiguos guardias nacionales y contras, es algo normal y legítimo. En muchos países donde hubo guerras de cualquier clase, los veteranos se organizan para velar por sus intereses específicos o para recibir de la sociedad y el Estado los debidos reconocimientos honoríficos y materiales. En Estados Unidos hasta es feriado nacional el Día de los Veteranos, que se celebra el 11 de noviembre de cada año. Pero las organizaciones de ex combatientes de Estados Unidos: Legión Americana y Asociación de Veteranos de Guerras Extranjeras, no tienen sentido ni objetivos paramilitares, ni se dedican a defender a ningún gobierno y mucho menos a amenazar a opositores y periodistas independientes y críticos. En algunos casos, grupos de veteranos estadounidenses se pronuncian contra determinadas guerras que libra su propio país, como ocurrió con la de Vietnam y ocurre ahora con la de Irak , pero lo hacen de manera cívica y pacífica, sin amenazar a nadie y mucho menos agrediendo a alguien con garrotes o armas de cualquier clase.
Sólo en los regímenes de naturaleza e inclinación fascista, repetimos, de derecha o de izquierda, es que existen los paramilitares a título individual u organizados en bandas, para agredir a opositores y críticos al gobierno y para mantener a la población sometida mediante la intimidación y el terror.
De manera que nos damos por notificados de las amenazas pero responsabilizamos de antemano al gobierno del presidente Daniel Ortega, por cualquier agresión de que seamos objeto, ya sea como personas o como medio de comunicación social. Y a los diputados democráticos, particularmente a los miembros de la Comisión de Defensa y Gobernación, les hacemos una pregunta ingenua: ¿Es que no pueden por lo menos investigar si esos extremistas están organizados en bandas paramilitares o actúan individualmente, y quién los instiga y financia?