Se dice que el potencial turístico de Nicaragua es o podría ser la principal fuerza impulsora del crecimiento económico y el desarrollo nacional. Que el turismo podría ser el principal medio para salir de la pobreza, algo de lo que mucho hablan los políticos y sobre todo los que gobiernan, pero muy poco o nada hacen para respaldar con hechos sus palabras.
Hace cuatro años, para esta misma fecha en la que se celebra el Día Mundial del Turismo, la presidenta de la Cámara Nacional de Turismo y primera vicepresidenta del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), señora Lucy Valenti, escribió para los lectores de LA PRENSA un artículo en el que entre otras cosas dijo lo siguiente: “Como Estado no podemos apostarle a todo, es prácticamente imposible o utópico. Debemos afinar nuestra puntería y apuntar a aquello que nos va a producir más y mejor calidad de riqueza y desarrollo en un tiempo menor. Con el turismo ganaremos todos, puesto que un desarrollo armonioso del mismo implica no sólo mayores ingresos para los dueños de empresas turísticas y para el Estado, sino que también con el crecimiento turístico aumentarán los requerimientos de productos agrícolas, de ganadería, de productos del mar que deberán abastecer a los hoteles y restaurantes del país, crecerán las ventas del comercio, de los artesanos, la banca y las tarjetas de crédito tendrán un mayor movimiento de divisas, los transportistas tendrán una mayor demanda y el sector de la construcción deberá trabajar sin descanso para crear la infraestructura de servicios que el turismo irá demandando cada día”.
En el mismo orden de ideas de la señora Valenti, pero en una dimensión internacional y global, el Secretario General de la Organización Mundial de Turismo, Francesco Frampialli, en su llamamiento para la celebración hoy 27 de septiembre del Día Mundial del Turismo, ha expresado que: “El turismo es uno de los escasos sectores que abarca una gama completa de actividades económicas y sociales. Por otra parte, es un motor económico y de empleo esencial en el mundo en desarrollo”.
Sin embargo es muy poco lo que los gobernantes de Nicaragua han hecho para avanzar en esa dirección que les señala el sector privado, porque al parecer no les ha interesado aprovechar el gran potencial turístico que tiene el país. Lamentablemente los conceptos tan claros que hemos citado no hacen mella en los políticos, particularmente en los que gobiernan actualmente. Durante los gobiernos democráticos de doña Violeta Barrios de Chamorro, del doctor Arnoldo Alemán y de don Enrique Bolaños, la inversión en la industria turística y la afluencia de turistas al país, crecieron considerablemente. En cambio, durante el actual gobierno de Daniel Ortega la inversión en el sector turismo ha disminuido y las llegadas a Nicaragua aumentaron muy poco y son menos que durante los gobiernos anteriores.
Cabe aclarar que del total de visitantes que llegó el año pasado al país sólo el 15 por ciento fue de turistas vacacionales, o sea personas que vienen a conocer, a pasear, a descansar y a gastar su dinero. En cambio el 85 por ciento fue de personas que llegaron al país por motivos de trabajo, o eran nicaragüenses que viven en el exterior y vinieron a visitar a sus familias y amistades.
En Costa Rica la relación es a la inversa. El año pasado, al país vecino del sur llegaron un millón cien mil turistas que dejaron un ingreso de 2,100 millones de dólares. En cambio Nicaragua percibió apenas 255 millones de dólares por la llegada de 800 mil personas. Pero Costa Rica no tiene más ni mejores atractivos turísticos que Nicaragua, lo que pasa es que tiene un envidiable clima de seguridad jurídica y de estabilidad democrática, y es gobernado por personas que se preocupan por atraer y garantizar inversiones y actividades turísticas. Nicaragua, por el contrario, tiene un Gobierno detestable que atenta contra la seguridad jurídica, que irrespeta el derecho de propiedad y que espanta al turismo vacacional; un Gobierno que se afana en fomentar el culto al retrato del Presidente, en ocupar empresas privadas y en apalear a manifestantes cívicos y pacíficos, en vez de realzar y promover los atractivos turísticos del país.
Así no se puede aprovechar el gran potencial turístico de Nicaragua. De esa manera el país más bien retrocede en transparencia y seguridad jurídica, su economía se contrae y la mayor parte de su población se hace cada vez más pobre.