- Cuatro relaciones exitosas, todas con algo en común: comparten con sus parejas la misma profesión. Conozca las implicaciones de esa peculiar combinación…
Unión con fortaleza militar
La defensa de la soberanía nacional, el mantenimiento del orden, la disciplina y la lealtad a la institución militar son parte de los ideales que comparten los tenientes coroneles Josefa Mansell y su esposo Joaquín Valle, ambos de la Dirección de Personal y Cuadro del Ejército Nacional.
Ellos son originarios de la misma comunidad, por lo tanto se conocen desde mucho antes de su ingreso al cuerpo castrense, pero fue hasta que formaron parte de sus filas cuando la chispa del amor se encendió y se casaron hace 19 años.
Siempre han pertenecido a la misma especialidad, pero sólo en una ocasión han trabajado precisamente en la misma división. En esa ocasión, él estaba al mando pero en la combinación de sus roles como jefe y esposo no tuvo mayor dificultad que tener un excesivo cuidado en no mostrar la más mínima prerrogativa para su cónyuge, al punto que en ese afán por no dar pie a comentarios dudaba en darle hasta los permisos normales a los que cualquier oficial tiene derecho.
Para Josefa compartir la vida militar no ha sido un problema sino una fortaleza porque el Ejército nos enseña mucha organización y planificación, de forma que podemos dominar los diferentes escenarios y roles que nos corresponden.
Ellos han sabido delimitar su entorno profesional del personal, teniendo el trato respetuoso que requiere una relación de colegas dentro de la institución y olvidando el uniforme en el ambiente matrimonial.
Otra ventaja es que ambos conocen ampliamente el fuerte compromiso de servicio que implica ser un oficial del Ejército, de forma que comprenden, mejor que un civil, el ritmo de vida militar, pues los horarios son cambiantes sobre todo si surge alguna misión especial.
El apoyo mutuo también se hace latente. Tenemos un cuadro de valores similares porque nos hemos venido formando dentro de la misma institución, entonces eso da lugar a que nuestras metas sean parecidas en términos de preparación y promociones dentro de la carrera militar, en ese marco siempre hemos ido caminando juntos, concluye Valle.
Amor a flor de piel
La medicina los unió. Los dermatólogos Jorge Isaac Neira y Tania Aráuz se conocieron de manera fortuita, cuando ella, una estudiante de primer año de Medicina, realizaba una gestión de la universidad con una compañera que la llevó hasta la oficina de su ahora esposo quien tenía una especialidad en Administración de Salud Pública. El doctor desde entonces quedó flechado, cuando volvió a verla le preguntó dónde vivía, la química se dio y fueron novios por cuatro meses. Lo maravilloso es que de ese inesperado encuentro y corto noviazgo se ha desprendido un matrimonio que lleva 22 años, sustentado en el amor, la confianza y el respeto.
Ya casados, Neira estudió Dermatología y su esposa egresó de Medicina General. En ella nació el deseo de estudiar la especialidad porque después que su esposo se graduó, siempre lo ayudó en su quehacer médico y desde entonces lo ha acompañado en cada congreso internacional, seminario y curso de actualización. Hoy siguen siendo inseparables, comparten cada actividad de su gremio así como la vida social y entre los dos manejan la Clínica Piel de Ángel.
Es una experiencia muy enriquecedora. Dentro de la clínica mostramos una relación muy profesional, los problemas de pareja y de la casa los dejamos aparte porque tenemos una prestación que brindar, expresa Neira. Entre ellos no existen celos profesionales, en parte porque se han dividido ramas de la especialidad: él mira la dermatología clínica propiamente dicha, quirúrgica, y yo me he especializado en la parte de cosmiatría, así que cada quien tiene sus pacientes, expresa la doctora.
Su unidad también les ha permitido ser mejores profesionales. A veces recibimos casos que son confusos en el diagnóstico y entre los dos nos auxiliamos y eso es muy importante porque brindamos un servicio de mejor calidad, indica Neira.
Aseguran que compartir la especialidad es una suerte porque si estuvieran casados con médicos de otras áreas, sería difícil compaginar horarios. Ellos, en cambio, no tienen turnos y por lo tanto se les facilita pasar tiempo juntos.
Entre planos y arte
Las condiciones estaban dadas para se encontraran estos dos corazones que acaban de celebrar con orgullo sus bodas de perla, 30 años de convivencia. Los arquitectos Bertha Brockmann y Octavio Molina eran vecinos en la vieja Managua y sus familias se conocían, después se encontraron en la Escuela de Arquitectura, tenían amigos en común y un mismo interés por la vida cultural y coincidieron una vez más, pues Molina fue dibujante y asistente de diseño en la oficina del arquitecto Brockmann, su futuro suegro. En ese contexto se fue gestando la fuerte afinidad que fundió sus vidas.
Es el compañero que me llena en lo esencial, es una persona honesta, responsable y con una buena formación intelectual, factores que fueron decisivos para la atracción, comenta Brockmann.
Ellos comparten una verdadera pasión por su profesión, por lo que al contrario de lo que muchos podrían pensar que sería aburrido siempre hablar de temas relativos a la Arquitectura, afirman que es algo fascinante. Por ejemplo, sienten una hermosa conexión al visitar las ciudades coloniales nicaragüenses y analizar cada detalle de los edificios.
María Luisa, una de sus tres hijas, manifiesta que algo característico de mis padres es que son muy parecidos, ellos viven en otra dimensión, ellos comparten ese mundo maravilloso.
La relación se ha visto libre de sentimientos competitivos pues ambos reconocen su calidad y se realizan críticas constructivas. Además se han especializado en distintas áreas de la Arquitectura y en las pocas ocasiones que han coincidido en la ejecución de proyectos, han logrado acoplarse sin dejar de ser fieles a sí mismos. Cada quien tiene su propio estilo, pero nuestra formación en la universidad fue orientada al trabajo en equipo pues es una profesión multidisciplinaria, entonces estamos acostumbrados a interactuar, discutir, oír y ser tolerantes, indica Molina.
Por su parte la arquitecta admite que ha habido roces leves. Yo lo he venido educando porque a veces el hombre, acostumbrado a su comportamiento machista, cree que puede hacer valer más su posición. En ese sentido yo he sido rebelde y he peleado las posiciones retrógradas que ha tenido en algunos momentos, aunque no es un hombre atrasado, si no no hubiera podido compartir ni una semana con él.
Dúo emprendedor
Desde hace tres años, Walkiria Solís y David Márquez incursionaron en el mundo de la filmación y la cobertura fotográfica de eventos sociales con su empresa Producciones Caché, la cual forma parte del club de bodas de Siman. Esta pareja de administradores de empresas, casados desde hace cinco años y con un hijo, se propuso el reto de conformar su propio negocio a partir de la afición que sentía Márquez por los recursos audiovisuales. Poco a poco Walkiria se vio contagiada por ese entusiasmo hasta involucrarse de lleno en el proyecto y formar junto a su esposo un dúo que conjuga sus conocimientos universitarios del manejo de empresas, con su formación autodidacta en materia de vídeo y fotografía, adquirida a través de libros, tutoriales y cursos en línea.
Al ser un negocio pequeño, en vías de crecimiento hacia los vídeos empresariales, entre ambos deben cubrir todas las tareas que requiere su buen funcionamiento. David posee además un trabajo fijo en una institución del Estado, por lo cual Walkiria es la que principalmente atiende la parte de mercadeo y ventas.
Según Solís, lo mejor de esta experiencia es que la confianza entre ellos ha crecido y tienen posibilidad de compartir los fines de semana con su esposo, porque si no trabajaran juntos, rara vez lo vería en esos días en que se dan los eventos. A la vez agradece a sus padres y sus suegros por cuidar a su pequeño hijo de cuatro años en esas ocasiones.
No obstante, la contraparte no tan agradable son las diferencias que surgen en esa interacción laboral.
Al final hay alguien que tiene que dirigir, pero entonces ella viene y toma su papel de esposa y me dice que la estoy mandando. Esa partecita es la que tenemos que venir superando, expresa Márquez
Pero no son problemas tan fuertes que nos vayan a sacar del negocio ni vayan a afectar nuestro matrimonio. Lo más importante es que cuando estamos en sí en el trabajo, nos coordinamos bien y la gente lo percibe pues damos un servicio de calidad, agrega Walkiria.