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Entre retos y satisfacciones

El hecho de compartir el campo profesional con la pareja puede ser motivo de regocijo al sacarle partido a las ventajas que esa unión en particular trae a nivel personal y matrimonial, ejemplo de ello son las felices parejas que les presentamos hoy. “La inteligencia emocional está en todo, si la pareja es inteligente sabrá […]

El hecho de compartir el campo profesional con la pareja puede ser motivo de regocijo al sacarle partido a las ventajas que esa unión en particular trae a nivel personal y matrimonial, ejemplo de ello son las felices parejas que les presentamos hoy.

“La inteligencia emocional está en todo, si la pareja es inteligente sabrá explotar los beneficios de su situación y el compartir el ámbito profesional se tornaría en una fortaleza; la idea es que se alíen, que ambos se proyecten, se capaciten y crezcan como personas y profesionales sin que ninguno de los dos se crea más que el otro”, explica la sicóloga Ledia Gutiérrez, especialista en terapia de parejas.

El flagelo machista

La sicóloga detalla que en este tipo de matrimonios se pueden presentar variantes. “Hemos visto parejas que han tenido éxito y hasta han puesto sus empresas o se han apoyado mutuamente en sus proyectos, pero también se presentan casos en los que a pesar que ambos tienen los mismos conocimientos, sólo uno se dedica a ejercer su profesión mientras la otra persona queda relegada y finalmente encontramos matrimonios en los que se dan roces si uno destaca más que el otro, sobre todo cuando es la mujer la que sobresale”. Una relación de pareja con estas desigualdades no es del todo sana.

No es una regla que parejas de la misma profesión tengan problemas de competencia, pero si se le agrega que ellos, a nivel muy personal, son individuos con rasgos de personalidad competitiva y se sienten amenazados o inferiores si alguien quiere tratar de igualarse a ellos, entonces ahí sí se tiene un problema.

En esta sociedad machista se tiene la concepción que el hombre es el que debe tener la supremacía, por lo cual éstos pueden llegar a sentirse intimidados si su pareja los supera en el ámbito laboral, sobre todo si tiene su misma profesión. Transformar esta visión tan compartida e interiorizada no sólo por varones sino incluso por mujeres, es algo difícil, no obstante es una lucha que se debe librar y cada individuo está llamado a convertirse en un agente de cambio para la formación de generaciones más conscientes de la necesidad de una equidad de género.

Esta visión patriarcal es en parte una cuestión de autoestima. “Tanto hombres como mujeres deben apresurarse a trabajar su autoestima para darse cuenta que el hecho que su pareja se destaque más, no lo hace menos valioso y por el contrario deben ser capaces de admirar y celebrar sus éxitos y en el caso de los varones que eso no le quita hombría ni nada por el estilo. Asimismo, el amor propio me dice que yo tengo mi espacio y mis derechos pero si se tiene una baja autoestima, se permite lo que dicta el machismo: que la mujer no tiene ni voz ni voto”.

Por otro lado, la especialista señala que las parejas que trabajan juntas generalmente fracasan porque a los problemas naturales del matrimonio se le suman los laborales. Es importante que aunque laboren muy de cerca, que cada uno tenga sus espacios para desarrollarse con libertad. Para ello, una solución podría ser que se dividan muy bien las atribuciones y sus alcances.

Lo bueno

Dentro de lo favorable se puede señalar que las parejas con profesiones en común, igualmente comparten muchos intereses que fortalecen los lazos afectivos al haber una mayor identificación en temas que los entusiasman.

“La pareja debe estar consciente que no son contrincantes ni competencia, sino que son dos personas que tienen mayores afinidades, similitudes que tienen que potenciar para hacer más suculenta la conversación —pues comparten el mismo lenguaje— y la vida en común”, sugiere Gutiérrez.

También existe una mayor comprensión de los requerimientos y sacrificios, como horarios irregulares o extensos, que implica el ejercicio de algunas profesiones, ya que el otro lo conoce por su propia experiencia.

Otra gran ventaja es que pueden ayudarse mutuamente en su evolución profesional, complementando sus conocimientos y experiencias para alcanzar grandes logros. Un claro ejemplo en la historia universal es el matrimonio entre los científicos Pierre y Marie Curie, quienes recibieron el premio Nobel de Física en 1903 por sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación.

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