Europa quita y pone sanciones

Al parecer, para los gobernantes de la democrática Europa es más importante agradar al dictador comunista cubano, Raúl Castro, demostrándole que tienen una política hacia Cuba diferente e independiente de la de Estados Unidos, que la inconformidad que les pudieran causar las violaciones a los derechos humanos, la ausencia de libertad y democracia y la permanencia en las cárceles cubanas de decenas de presos políticos y de conciencia, incluyendo a periodistas independientes.

En realidad, eso es lo que se puede deducir de lo dicho por el Canciller del gobierno socialista de España, Miguel Ángel Moratinos, cuando eufóricamente anunció el jueves pasado que los ministros de Relaciones Exteriores de los 27 países de la Unión Europea decidieron poner fin definitivamente a las sanciones que habían impuesto al régimen comunista de Cuba, por las razones arriba mencionadas. “Esta decisión de los veintisiete (gobiernos de la Unión Europea) demuestra la “autonomía y legitimidad” de su política frente a la postura de Estados Unidos (el cual) tiene su política con Cuba, que no compartimos (y) le pedimos que respete la política que decide la Unión Europea”, aseguró Moratinos.

Cabe aclarar que las sanciones de la Unión Europea contra la dictadura comunista de Cuba, que fueron aprobadas en junio de 2003, no se aplicaban desde el 2005, cuando fueron suspendidas por iniciativa del gobierno español de José María Aznar, conservador y democrático de derecha dicho sea de paso. Pero, además, las tales “sanciones” eran más bien simbólicas, pues consistían únicamente en restringir las visitas oficiales a Cuba de altos representantes de los gobiernos europeos, así como invitar a disidentes cubanos a las recepciones diplomáticas en La Habana. De manera que los gobiernos democráticos de Europa han renunciado a darle a los demócratas cubanos que viven, sufren y luchan “en las entrañas del monstruo” comunista, ese apoyo simbólico pero de mucha significación moral que era la oportunidad de sentirse personas tomadas en cuenta y respetadas, poder contar sus cuitas en reuniones protocolarias y presentar al cuerpo diplomático puntos de vista de la sociedad civil distintos a los oficiales.

O sea que lo que han hecho los gobernantes de la democrática Europa es, por una parte, quitarle a la dictadura comunista de Cuba unas sanciones que eran más que todo simbólicas y que ya ni se aplicaban, pero que tenían un gran peso político y moral; y por otra parte imponer una sanción de verdad a los demócratas cubanos, cuya lucha y hasta su misma existencia serán ahora peor que antes. En efecto, “vamos a esperar cosas horribles con la oposición”, advirtió la señora Beatriz Roque, conocida economista cubana disidente del régimen comunista y principal dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. “Sin levantarlas (las sanciones) el Gobierno ha estado tremendamente agresivo con nosotros y con el pueblo, ahora que se han eliminado la agresividad se duplicará”, denunció la señora Roque, una de las 75 personas encarceladas y condenadas durante la oleada represiva de 2003, pero liberada en el 2004 por razones de salud y gracias a la presión de la solidaridad internacional.

Otro de los disidentes que fue encarcelado y condenado en 2003, y también liberado en el 2004, por motivos de salud, Oscar Espinoza, expresó por su parte que la decisión de Europa “es realmente preocupante, porque esto pudiera alentar a los sectores más duros dentro del Gobierno y ser interpretado como que una actitud intolerante rinde beneficios en las relaciones con la Unión Europea”. Mientras que la señora Berta Soler, una de las emblemáticas “Damas de Blanco” como se les conoce a las madres, esposas, hermanas hijas y otras familiares de los presos políticos y de conciencia, advirtió que “la situación en Cuba va a continuar igual, sólo habrá un cambio cuando estén los presos políticos en las calles”.

Sin embargo, para darle el beneficio de la duda a los gobernantes democráticos europeos vamos a suponer que hay un entendimiento privado y secreto con el gobierno comunista de Raúl Castro, de que a cambio del levantamiento de las sanciones simbólicas al régimen comunista habrá una apertura real en Cuba y que se pondrá en libertad a todos los presos políticos y de conciencia. Ojalá que así fuera.

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