- Caso de prelado Presidente, inédito
El Vaticano “reflexionará y profundizará con calma, desde el punto de vista canónico, cuál puede ser la mejor solución” para definir el estatus en la Iglesia del Obispo católico suspendido “a divinis” Fernando Lugo, vencedor de las elecciones presidenciales de Paraguay.
Así lo manifestó a EFE el portavoz vaticano, el jesuita Federico Lombardi, quien precisó que “en un clima tranquilo y sereno y sin prisas, las autoridades competentes vaticanas definirán mejor el estatus” de Lugo.
Lombardi evitó valorar la victoria de Lugo en los comicios del domingo, pues no le corresponde a él dar un juicio de carácter político particular, “ya que el pueblo elige libremente a los gobernantes”.
El portavoz vaticano subrayó que Lugo, desde hace tiempo y debido a la suspensión “a divinis”, ya no ejercía el ministerio episcopal y que el hecho de que haya ganado las elecciones no supone que haya que adoptar de manera “urgente” nuevas medidas sobre su estatus con relación a la Iglesia.
“Si hubiese que adoptar nuevas medidas en esta nueva etapa, las autoridades competentes (la Congregación para los Obispos) harán una reflexión tranquila, no hay un problema de gran urgencia. El hecho de que ya no ejerciera el ministerio episcopal permite que ahora con calma se reflexione mejor sobre su estatus”, afirmó Lombardi.
El jesuita insistió en que “hay que profundizar desde el punto de vista canónico, para ver cuál puede ser la solución canónica mejor”.
Lombardi resaltó que el Vaticano no cuestiona su elección como eventual futuro presidente de Paraguay y mucho menos que la Iglesia vaya a hacerle una “especie de oposición particular”.
“La cuestión es cómo definir correctamente su estatus, dado que era un Obispo. Es una cuestión jurídico-canónica sobre su función, su estatus en la Iglesia. No es un problema de relaciones diplomáticas”, manifestó Lombardi.
En enero del pasado año, el Vaticano suspendió “a divinis” al obispo Fernando Lugo.
Con un decreto de la Congregación para los Obispos, el prefecto de este dicasterio vaticano, cardenal Giovanni Battista Re, precisó que el prelado permanecía “en el estado clerical” y seguía estando obligado “a los deberes a él inherentes, aunque suspendido en el ministerio sagrado”.