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El sofocante sol abriga entre sus brazos calurosos a decenas de personas en la sala del Hospital Roberto Calderón, en espera de ser atendidos por el médico que les alivie el dolor y les dé la fórmula mágica que les sane la rodilla quebrada, brazo zafado, pierna infectada, etc.
—¡Allí viene el doctor, allí viene! —se escuchaban los murmullos desde el pasillo hacia la sala de traumatología y ortopedia.
Es miércoles, como todos los días, para el doctor Sergio Chamorro será de mucho trabajo, pero éste en especial toca atender a muchos pacientes.
“¿Haber qué hay, qué hay?”, pregunta Chamorro.
Una señora que tenía envuelto su brazo estaba sentada en la sala, se llama Martha. No mostraba tener dolor alguno, a pesar que andaba dislocado el brazo. Nada mal para empezar la mañana.
Chamorro jugó futbol casi toda su vida, 20 años siendo arquero, primero del Walter Ferreti y luego del Real Estelí y hace unos meses le dijo un adiós no tan definitivo al futbol.
¿Extrañará las canchas?
¡Mmm…! Siempre juego, pero ahora sólo en la Meca en una liga para veteranos.
¿De portero?
No, lo mejor es eso, soy defensa central y el más joven del equipo.
Luego de la breve charla entró otro paciente, se llama Giovanny Tellería, quien hace dos años y medio se estrelló en motocicleta contra un furgón, pero milagrosamente sobrevivió.
“¡Qué buena suerte tiene, era para que perdiera la vida!”, comente a Tellería.
En menos de 30 minutos, el doctor Chamorro había atendido a cinco pacientes y faltaban muchos más, parecía que la fila nunca terminaría.