El lado oscuro de la energía verde

Domingo analiza con expertos el nuevo estigma hacia los combustibles verdes Ver Infografia > Cuentan las crónicas de la Conquista que los primeros colonizadores que llegaron al occidente de este territorio que más tarde se llamaría Nicaragua se quedaron pasmados con esa tierra de abundancia, imponente, de playas cristalinas y volcanes colosales que se abría […]

  • Domingo analiza con expertos el nuevo estigma hacia los combustibles verdes
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    Cuentan las crónicas de la Conquista que los primeros colonizadores que llegaron al occidente de este territorio que más tarde se llamaría Nicaragua se quedaron pasmados con esa tierra de abundancia, imponente, de playas cristalinas y volcanes colosales que se abría a sus ojos. Una tierra que prometía riquezas. Mucho tiempo después, y tras mucha degradación ambiental, desastres naturales y decadencia económica, el occidente se abre a los ojos de otro tipo de conquistadores, expertos, políticos y empresarios, como una fuente de riqueza verde. Ellos ven ahí amplias aéreas de cultivos de caña de azúcar, que se procesaría para producir etanol, el combustible limpio que aliviaría las dolencias causadas por los altos precios del petróleo.

    El etanol, junto a otros biocombustibles, es visto por sus entusiastas defensores como la mejor alternativa en tiempos en que la economía presenta números rojos, los apagones son una amenaza cotidiana y los derivados del petróleo se convierten en un lujo. Los biocombustibles, dicen esos defensores, aliviarán nuestra dependencia del petróleo, mejorarán nuestra economía, protegerán nuestro planeta y cuidarán nuestros bolsillos.

    Esos expertos vuelven la vista hacia Chinandega, donde la Compañía Licorera y Nicaragua Sugar State Limited, han aprovechado sus amplias plantaciones de caña para producir algo más que ron o azúcar. Esta empresa ha comenzado a apostar por la energía verde, fabricando etanol, cuya primera exportación importante realizó a inicios de 2007, cuando envió al extranjero contenedores cargados con tres millones de litros de etanol, por un valor de más de dos millones de dólares.

    “Hemos buscado la mejor tecnología que hay en el mundo, sin escatimar esfuerzos, para lograr lo más eficiente en la producción de etanol. Vamos a ser el mayor productor de alcohol combustible de Centroamérica, producido con materia prima centroamericana”, dijo a los medios un funcionario de la Nicaragua Sugar State Limited.

    Pero el entusiasmo hacia los biocombustibles se opaca. O al menos eso esperan sus detractores. En las últimas semanas instituciones y ONG que trabajan en temas de medio ambiente y desarrollo y grandes organizaciones como Naciones Unidas y el Banco Mundial, lanzaron una alerta por el incremento internacional en los costos de los alimentos, principalmente los granos, que generaría escasez e inestabilidad en países pobres. Culpan en parte a la alta demanda de biocombustibles, para la que países como Estados Unidos están destinando gran parte de su producción de maíz.

    El lunes pasado el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, dijo que el aumento en los precios de los alimentos —que fue de un 48% desde finales del 2006, según el Fondo Monetario Internacional— “podría agravar la pobreza de 100 millones de personas”. El Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), ha advertido que los precios globales de los alimentos se incrementarán entre un 20 y un 50 por ciento en la próxima década, y según el International Food Policy Research Institute, la demanda de biocombustibles es la responsable de un 30 por ciento en los últimos incrementos.

    “Los países que corren el mayor riesgo por los altos precios internacionales de los alimentos son aquéllos que importan la mayor parte de su comida”, dijo a Domingo Robert Bailey, responsable de Oxfam Internacional para Cambio Climático, con sede en Oxford, Reino Unido. Bailey afirma que la FAO ha declarado a Haití, Honduras y Nicaragua como países con un alto déficit de alimentos, que incrementaron el año pasado en un 35 por ciento su importación de comida, y que este año harán lo mismo. “Esto genera una seria tensión sobre las economías de estos países”, dijo Bailey a través de correo electrónico.

    Haití es el ejemplo utilizado por los organismos humanitarios. El país, el más pobre del continente y que prácticamente importa todo lo que se come, fue el escenario de violentas protestas por la carestía de la comida, que causó la caída el sábado pasado del primer ministro Jacques Edouard Alexis. El alto costo de los alimentos ha causado al menos cinco muertos, según agencias de noticias.

    “Existe preocupación con la ampliación de las áreas cultivadas para producir biocombustibles. Países como Estados Unidos, que ha sido siempre un gran productor de granos básicos y también un gran donante, ahora pueden dejar de serlo. Eso ya está haciendo efecto sobre organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos que antes recibía mucho apoyo por parte de países como Estados Unidos y ahora está con escasez”, dijo en entrevista con Domingo Laura de Clementi, representante de la FAO en Nicaragua.

    En el “cinturón del maíz” de Estados Unidos, compuesto de 12 estados del Medio Este de ese país, se han establecido grandes empresas que ocupan los cultivos para la producción de etanol. Según un reportaje de la revista National Geographic publicado en octubre de 2007, sólo en el estado de Nebraska (200 mil kilómetros cuadrados) se han establecido 16 empresas productoras, que consumen un tercio de la cosecha de maíz de ese estado, que antes se utilizaba en su mayoría para alimentar el ganado.

    Margaretha Yuniar es una maestra de 43 años que habita con sus tres hijos en la región de Kalimatan Occidental, en Indonesia. En 1996 la maestra llegó a un acuerdo con una empresa productora de aceite de palma, a través del cual ella vendía las 7.5 hectáreas de su pequeña parcela a la compañía con la condición de que ésta le permitiera a su familia cultivar dos hectáreas y además le pagaría a Yuniar un cinco por ciento del beneficio que obtuviera por el cultivo.

    Según relató la maestra a la organización Oxfam Internacional, seis años después de aquel acuerdo, ella recibió solamente una manzana y media de otras tierras que no eran las de ella, y que más tarde fueron reclamadas por su verdadero propietario, que no les dejaba cultivarlas.

    Según un informe de Oxfam publicado en noviembre de 2007, el auge mundial en el cultivo de especies para la producción de biocombustibles podría causar que millones de personas en todo el mundo perdieran sus propiedades, tal y como le pasó a la maestra Yuniar.

    El informe cita datos de la ONU que advierten que 60 millones de indígenas de todo el mundo están en riesgo de ser expulsados de sus tierras, para crear plantaciones de biocombustibles.

    Según Oxfam, en Colombia grupos de paramilitares amenazan con armas a los campesinos para que abandonen sus tierras y así poder plantar palma africana para la producción de aceite, ingrediente básico para el biocombustible. Los campesinos que se resisten, dice el informe, son torturados y asesinados.

    “Una vez que las personas pierden sus tierras, pierden también su medio de vida. Muchos de ellos acabarán en los barrios marginales de las ciudades en busca de trabajo, otros emigrarán, y algunos se verán forzados a aceptar empleos, en condiciones precarias, en las mismas plantaciones que les han desplazado”, advierte el informe.

    El mismo documento dice que en Brasil, el mayor productor mundial de etanol de caña de azúcar, los trabajadores de las plantaciones “viven en condiciones miserables”, no pueden acceder a agua potable y en muchos casos son forzados a comprar comida y medicinas en las plantaciones “a precios inflados”. “La espiral de deuda resultante puede atar a los trabajadores a la finca, en lo que en la práctica termina convirtiéndose en trabajo de esclavo”, afirma el informe.

    “De ser producidos con responsabilidad, los biocarburantes pueden ofrecer oportunidades para la gente pobre, en particular si proporcionan oportunidades de mercado para pequeños agricultores, y son cultivados como parte de una estrategia de diversificación agrícola junto a la producción de alimentos. Sin embargo esto no es lo que sucede. Grandes plantaciones son explotadas, expulsando a la gente y poniendo en peligro la seguridad alimentaria”, afirma Robert Bailey.

    Los biocombustibles tampoco son la panacea a los estragos generados por la contaminación de los combustibles fósiles. La organización advierte que las plantaciones para producir biocombustibles dañan el agua, el aire y la tierra, los sistemas de riego utilizados para irrigar estas plantaciones causan escasez de agua y las tierras, y canales se pueden ver contaminados por vertidos químicos.

    “Las evidencias sugieren que la ampliación de la producción de biocarburantes empeorará el cambio climático, porque para cultivar más biocarburantes, debemos destinar nuevas tierras para la producción, y el proceso para despejar la vegetación y el arado de la tierra, hace que el suelo libere enormes cantidades de carbono a la atmósfera, estos efectos son más severos en selvas tropicales”, afirma Bailey.

    ¿Existe otra alternativa al petróleo más allá de la producción de biocombustibles? Robert Bailey, de Oxfam, afirma que sí. Él dice que en el futuro los combustibles pueden ser producidos a partir de especies como algas, que no compiten con la producción de alimentos o ponen en riesgo “la tierra de gente pobre”.

    En su reportaje de 2007 la revista National Geographic presentó proyectos desarrollados en Estados Unidos que producen etanol a partir de algas. Según el reportaje, algunas algas producen almidón, que puede ser convertido en etanol, mientras otras producen aceites que se pueden destilar en biodiesel o combustible para aviones. Una hectárea de algas, según la revista, puede producir 18,900 litros de biodiesel al año.

    Jon Gangoiti, científico de la Universidad de California en San Diego (UCSD, por sus siglas en inglés) dijo a Domingo que la solución a la problemática generada por la expansión en los cultivos de biocombustibles sería fermentar la biomasa, “ramas y residuos que produce el bosque y la poda”, para producir energía más limpia.

    “Esto es mucho más difícil ya que son materiales mucho más complicados de tratar y hace falta el uso de bacterias especializadas”, afirmó el experto por correo electrónico. Según Gangoiti, con el desarrollo de técnicas adecuadas y más investigaciones, se pueden fabricar biocombustibles que no compitan con la producción de alimentos.

    En la Facultad de Ingeniería Química de la UNI se experimenta con grasa de animales para generar energía. Danilo López Valerio, jefe del Departamento de Operaciones Unitarias de la Facultad, trabaja el proyecto, que consiste en combinar la grasa de animales con un compuesto químico llamado metóxido para obtener biodiesel, que se puede utilizar solo o combinado con diesel.

    El experto dice que este tipo de energía ya está siendo empleada por dos mataderos del país con asesoramiento de la UNI, para reducir sus costos de producción, dependientes hasta ahora de los vaivenes del precio de los combustibles.

    “Tienen que ser plantas relativamente pequeñas, sólo para autoconsumo, porque si se da el caso hipotético de que el petróleo pasa de los 110 a los 60 dólares por barril, ya no se justifica seguir produciendo biodiesel”, afirma.

    Iniciativas como ésta, dice el profesor López en su pequeño despacho de la UNI —una salita no apta para claustrofóbicos— podría poner fin a la problemática actual de la expansión en los cultivos de biocombustibles, y que él grafica como una “competencia entre el motor de un automóvil de los países desarrollados tecnológicamente contra el estómago de los países más pobres”.

    Motor multicombustibles

    Las investigaciones para encontrar alternativas limpias y económicas al petróleo llevaron a la estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria a desarrollar un motor fabricado de chatarra, cañerías viejas, discos de computadora; que funciona con cualquier tipo de calor y está destinado a pequeños agricultores, según informa la revista ecológica Tierramérica.

    Este dispositivo puede funcionar con residuos de siembras, madera, alcohol o la luz solar. El motor, según el fabricante, ayuda a reducir a la mitad el uso de agroquímicos.

    Los biocombustibles en Nicaragua

    Además del etanol producido con caña de azúcar, Danilo López Valerio, de la Facultad de Química de la UNI, afirma que Nicaragua tiene varias fuentes de energía limpia que puede explotar, y así librarse de la carga de la factura petrolera, que en 2006 representó el equivalente al 65 por ciento del total de exportaciones del país.

    Entre estas energías el experto menciona la geotérmica, cuyo potencial en Nicaragua asciende a 1,200 megawatts. La energía hidroeléctrica tiene un potencial de 3,280 megawatts y la de la energía eólica es de 800 megawatts.

    “El potencial geotérmico es una fuente de energía inagotable, tenemos suficiente energía en potencia para vender desde México hasta Panamá”, afirma el experto.

    Según datos recogidos por López, en 2003 se calculó una capacidad de siembra de 40 mil hectáreas de palma africana en el Caribe del país, que se podría destinar a la producción de biocombustibles.

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