Tu destino es ser tú:
una rosa a la que hieren sus espinas, el agua y el viento,
una vagabunda que busca en mí su refugio de indigente,
una boca de diamantes rosados sin pulir
que dice palabras en bruto,
un cuerpo que lentamente en la oscuridad abre su capullo
y pone su miel vulnerable en mis labios
haciendo que la sal de su piel sea más dulce que el azúcar,
una mujer con un amor tenaz
que sueña en blanco y negro para que sólo la luz separe,
como en el primer día de la Creación,
a los árboles y a los pájaros, a la roca y al paisaje,
al mar, las nubes de lluvia y el horizonte;
una mujer con humores salvajes rociados con perfumes,
que cuando sueña en colores los colores lo separan todo
en la masa de sombras de la noche.
Tu destino es ser tú
para que mi agotado corazón busque tus manos,
para que las manchas de sangre de mi alma
se extiendan sobre tu piel
y ya no padezca yo como los antílopes ancianos
de colores y olores sin sueños y sin cantos,
para que ya no viva sin dulzura en los pensamientos de matar,
para que no me sienta sin talento para vivir
y sin talento para morir
y con la sensación de estar en una casa sin recuerdos
y sólo con agonías.
Tu destino es ser tú
igual que la noche es insaciable y detesta el amanecer.
Ser tú, para que no me permitas el placer de lastimar,
ser tú, para que hayan frutos voluptuosos,
para que vivan bienavenidos el lirio y el clavel,
para que muchas lunas atraviesen tu noche
y te pongas por dentro igual que una antorcha encendida
y frágil como una mariposa en el aire conmovido.
Tu destino es ser tú,
para que después de hacer el amor,
sin la amenaza de tu olvido,
yo caiga a tus pies como un saco vacío
en una tienda de pájaros y pianos.