La actriz inglesa Denise Van Outen porta la antorcha olímpica en su paso por Inglaterra. (FOTOS LA PRENSA/ AFP)

¿Por qué no se apaga?

Es una tradición que el fuego no se apague en su viaje de Atenas hasta la ciudad sede de los Juegos Olímpicos [doap_box title=»Los detalles» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La antorcha está apagada por la noche y durante los vuelos. Sin embargo, la llama sigue ardiendo dentro de unos faroles cerrados. Por la noche, permanece en la […]

  • Es una tradición que el fuego no se apague en su viaje de Atenas hasta la ciudad sede de los Juegos Olímpicos
[doap_box title=»Los detalles» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

La antorcha está apagada por la noche y durante los vuelos.

Sin embargo, la llama sigue ardiendo dentro de unos faroles cerrados.

Por la noche, permanece en la habitación de un hotel con tres miembros del equipo de diez guardias que se encargan de su seguridad.

El diseño de la antorcha es un reflejo del país organizador.

La antorcha de Pekín (arriba) mide unos 72 centímetros, pesa 985 gramos y está hecha de aluminio.

Puede resistir a unos vientos de hasta 65 kilómetros por hora y mantenerse encendida bajo una lluvia de hasta 50 milímetros por hora.

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Largo viaje de la Antorcha Olímpica

Londres

La antorcha olímpica pasa por 135 ciudades y recorre 137,000 kilómetros durante 130 días. ¿Cómo es posible que la llama no se extinga nunca, ni en un avión?

Según las estrictas tradiciones del movimiento olímpico, y para seguir con los antiguos rituales de las olimpiadas, la llama tendrá que mantenerse encendida hasta la ceremonia de clausura de los juegos de Pekín, en agosto.

Esto es muy fácil de ver cuando las cámaras están grabando, y está a salvo la antorcha en manos de algún doble medallista de oro. ¿Pero qué pasa durante el resto del viaje?

Durante su viaje, un equipo de más o menos 10 guardias se encarga de mantener la llama a salvo las 24 horas.

La antorcha, alimentada por gas propano, se usa para transportar la llama durante las carreras diarias, cuando la llevan los corredores por las ciudades del relevo.

Sin embargo, al mismo tiempo que se enciende, se inflaman también varios faroles para mantener la llama viva durante la noche o en los aviones, cuando está extinguida la antorcha.

Para los viajes aéreos, en los cuales no es permitido tener llamas encendidas, la llama olímpica sigue ardiendo en los faroles cerrados, que funcionan como lámparas de mineros.

La antorcha, los faroles y el equipo de guardias, además de otros personales de seguridad, vuelan en un avión de Air China especialmente fletado, que ostenta un dibujo de la llama.

SIEMPRE ARDIENDO

Los faroles pasan todas las noches en la habitación de un hotel con tres guardias. Siempre tiene que estar despierto uno de ellos.

“Los guardias hacen todo lo posible para mantener la llama a salvo”, explicó una portavoz del Comité organizador de Pekín.

“Siempre está ardiendo: en el avión, durante el relevo y por la noche. La guardamos en el hotel donde se queda el equipo operacional principal”.

La mayor parte de su viaje se hace caminando, aunque ya se han experimentado otros modos de transporte, como trineo con perros, caballo, canoa y camello.

Antes de las Olimpiadas del año 2000, se diseñó una antorcha especial que podía arder debajo del agua, para pasar la Gran Barrera de Coral, en Australia.

La llama realizó su primer vuelo en el 1952, y también viajó en el Concorde. La antorcha —no la llama— viajó dos veces al espacio.

La antorcha puede resistir a unos vientos de hasta 65 kilómetros por hora y seguir ardiendo bajo una lluvia de hasta 50 milímetros por hora. En caso de que se extinga, se volverá a encender con uno de los faroles.

MOMENTOS DE ANGUSTIA

Este recurso se necesitó en el 2004, cuando se extinguió la llama en el Estadio Panathinaiko de Atenas al comenzar el relevo de la antorcha.

También se extinguió en 1976, durante las Olimpiadas de Montreal. Un funcionario la volvió a encender, pero con un mechero. Esta llama fue apagada y la antorcha fue encendida otra vez con la llama de un farol.

Mantener la llama viva es una tradición que empezó en la ciudad griega de Olimpia, donde se organizaban las antiguas Olimpiadas. En aquel entonces, el fuego estaba asociado con las divinidades, ya que se creía que Prometeo lo había robado a los dioses.

Aunque no se organizaban relevos de antorcha en la antigüedad, una llama ardía a lo largo de los Juegos en el altar de la diosa Hestia, ubicado en el Prytaneum, el edificio usado para hacer banquetes después de los Juegos.

El fuego se encendía con los rayos del Sol y se usaba para prender otros fuegos del santuario, como los altares de Hera y Zeus, en honor de quien se organizaban los Juegos.

Para seguir con esta tradición, el relevo de la antorcha empieza en el templo de Hera, varios meses antes de las Olimpiadas. Una mujer vestida de una toga de ceremonia la enciende con un espejo y los rayos del Sol.

La llama recibe una pureza que se mantiene hasta que entre en el estadio olímpico para la ceremonia inaugural.

El último portador de la antorcha, que no se conoce hasta el último momento, ilumina el enorme pebetero olímpico del estadio, que arde hasta la ceremonia de clausura.

La llama olímpica reapareció en las Olimpiadas modernas en Ámsterdam, en 1928. El primer relevo se organizó ocho años después en Berlín. Desde entonces, simboliza el ideal olímpico de armonía entre las naciones.

El relevo de la antorcha se convirtió en un evento global en el 2004, para las Olimpiadas de Atenas, lo que supuso más planificación para mantener la llama viva.

Este año, aunque sea capaz de resistir a los elementos naturales, la llama tendrá que enfrentar una amenaza nueva: los ataques de los defensores de los derechos humanos.

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