Rodney Cline Carew. (LA PRENSA/ARCHIVO)

El artista del bateo

Ver Infografia > Los Ángeles Times Agosto de 1985 El lanzamiento fue justo donde debía ir, donde de hecho iba siempre. No era realmente un strike, tampoco una bola. Ni una bola rápida y tampoco un cambio de velocidad. Era un pitcheo engañoso. La clase de envíos que Rodney Cline Carew siempre acertaba. Así que […]

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    Los Ángeles Times Agosto de 1985

    El lanzamiento fue justo donde debía ir, donde de hecho iba siempre. No era realmente un strike, tampoco una bola. Ni una bola rápida y tampoco un cambio de velocidad. Era un pitcheo engañoso. La clase de envíos que Rodney Cline Carew siempre acertaba.

    Así que supo que hacer con él. ¡WHIRRR! La computadora en su cabeza empezó a funcionar. Su pantalla mental le dice que adopte la postura número 483, para cambiar el peso y emplear la posición D. El paso largo, se acorta a la mitad. El bate gira en un semicírculo.

    Eso era Baryshnikov haciendo Tchaikovsky, Caruso suspirando el aria del payaso, Kelly realizando piruetas en la lluvia. Es el artista al bateo.

    Batear es una forma de arte cuando Rodney Carew lo practica en un campo del beisbol. Es la aplicación elegante de habilidad e imaginación para producir un efecto estético. El artista haciendo algo que nadie más puede hacer de la misma manera.

    Con Rodney Carew, batear una pelota no es sólo habilidad. El total de 3,000 hits sugiere un brutal ataque sobre el tejido de la bola -vallas rotas, bates quebrados, sangre en los pantalones, el frenesí temerario de Ty Cobb o Pete Rose, la fortaleza brutal de Cal Yastrzemski o Honus Wagner, la arrogancia desalentadora de Roberto Clemente.

    Pero, Rod Carew, quien nunca levantó su voz sobre un cuchicheo, que nunca hizo una cosa indigna en su vida, consiguió sus 3,000 hits tan silenciosamente como un espía. Él se movió a través del beisbol como un rayo de luna. Su carrera fue casi poética.

    No había nada que él no pudiera hacer con un bate de beisbol. Lo manejó como Toscanini manejó una batuta.

    En las manos de Rodney, el bate fue también una vara. Conseguir 3,000 hits con ella, no parecía un desafío. Él podía también haber transformado calabazas en coaches, pañuelos en conejos.

    Cuando era joven, podía colocar la bola con deslumbrante exactitud que parecía que la liga debía exigirle anunciar sus batazos, como Willie Mosconi, no sólo precisar el golpe de la bola en algún lugar, sino apuntar la exacta ubicación dónde deseaba que la bola cayera, la velocidad, trayectoria y el número preciso de rebotes que planeaba usar.

    Debió ser exigido a decir antes de tomar su posición: “Curva sobre la cabeza del jardinero izquierdo y fuera de la señal de 360 pies en la esquina del leftfield”. O: “Rebote ligeramente fuera del alcance de Carney Lansford y dos pulgadas adentro de la línea de foul”.

    Debió hacer un diagrama de la secuencia de posturas y posiciones de manos que podría usar ante cualquier conjunto de pitcheos.

    Los jardineros lo han acusado de atormentarlos por batear la bola justo a tres pulgadas de su alcance. Carew sólo sonríe. “Yo sólo trato de golpear cada pelota que viene por el medio”, dice. Raras veces lo hace. Eso porque no ha conseguido un pitcheo alto y al medio desde el inicio de su segundo año. El primer hit que bateó, se fue directo a través de las piernas del pitcher Dave McNally. Casi no ha tenido ese pitcheo desde entonces.

    Su hit 3,000 el domingo, fue sobre un pitcheo que bateó en el único lugar que este podía ser bateado y caer -justo sobre la cabeza del tercera base y apenas fuera del alcande del jardinero izquierdo. Fue una vendimia de Carew. El lanzador (Frank Viola) fue donde deseaba con su envío y Carew lo puso donde él deseaba también.

    Esto parece fácil, pero no lo es.

    Aun cuando hace que todo luzca fácil -y aun con lo mucho que hizo en Minnesota- Carew siempre ha creído que no ha conseguido todo el respeto que merece.

    Realmente lo tiene. Pero uno de los principales objetivos en la vida de Carew ha sido el control, control de si mismo, control de su medio ambiente. Una persona sumamente decente, Carew vive el descanso de su vida en un susurro. Es una de las fuertes superestrellas con las que usted aceptaría encontrarse.

    La más grande sorpresa de su hit 3,000, fue que su gorra salió volando mientras lo lograba. Carew consiguió sus otros 2,999 hits sin que su pelo se arrugara o el brillo de sus zapatos se afectara. Él hizo lo que hizo sin un esfuerzo consciente, como Crosby cantando o el Papa orando. El gran Joe DiMaggio era de esa forma. Cuando la bola venía baja hacia abajo, DiMaggio estaba ahí. Cuando la curva quebró, Carew estaba ahí.

    Cuando corría, se deslizaba. El truco era estar ahí medio segundo antes de que los tipos rozaran sus botones de su uniforme o fueran hacia su cabeza al aterrizar. Pero Carew no fue un exhibicionista. Siempre pareció tener un recurso de reserva.

    El ocultó esfuerzo como si eso fuera tosco. Gene Mauch, quien como manager en Minnesota y en los Ángeles, probablemente vio más hits de Carew que cualquier otro además de Carew, señaló: “Esos 3,000 hits fueron sólo la punta del iceberg. Rodney probablemente bateó otros 4,000 más en las prácticas de bateo. Y él no iba ahí sólo a hacer swing. Cada swing tenía un propósito. Rodney en la caja de bateo, estaba en una universidad de bateo. Trabajó horas más largas que un fontanero”.

    Como todos sus otros grandes logros, Carew creyó que su arte o carga requería de una religiosa concentración. Como Ben Hogan en golf o A. J. Foyt en carreras de automóviles, esto lo ponía en una etapa creativa y no le gustaba ser interrumpido. Esto le trajo choques con los medios de comunicación y resentimiendo al artista. Rembrandt probablemente se hubiera sentido ignorado, también.

    Tre mil hits son su propia recompensa. Pero los hits de Carew empujaron a sus equipos cuatro veces a una postemporada. Pero ellos tienen más que eso. El encanto del beisbol no son las carreras, es su talento artístico.

    Carew ha enriquecido inmensamente esa parte del juego. Eso será suficiente para algún día poder decir como “escuché hablar a Roosevelt”, o “vi actuar a Tracy”, que “vi batear a Carew”.

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