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Con el auge minero en la Costa a principios del siglo XX, llegaron aventureros de todos los colores. El Gobierno de entonces favorecía a los gringos y europeos, pero muy poco a los orientales. A aquéllos se les daba hasta grandes extensiones de tierra, pero a éstos les ponían miles de trabas para ingresar al país
Sin embargo, los chinos se las ingeniaban para entrar bajo condiciones de cultivar la tierra lo que nunca cumplían y a los que se les negaba el permiso, siempre entraban clandestinos en los barcos mercantes, dentro de barriles vacíos que alguna vez portaron clavos. Así entraron a la Costa los primeros chinos y con ellos, el chop suey, el tallarín y las triquitraques. También entró el paisano Win Lon.
Primero Win Lon se hospedó en la tienda de otro paisano así les llamaban los finqueros mestizos y al poco tiempo ya hablaba hasta malas palabras y nadie le engañaba dando vueltos.
Lamputa, jolilo muchacho, quelé lobá chinculíá a poble chinito
Frente a las hermosas muchachas campesinas, ponía los ojitos más chinos que de costumbre:
Amol, amol, ¿no quelé casá con yo?
El caso es que no había transcurrido mucho tiempo cuando en Siuna, la tienda de Win Lon era la mejor de las minas. Allí había de todo, y con los productos del refinamiento oriental más exquisito en lozas, cristalería, dragones bordados, sedas, especies, ungüentos y exóticas jaleas agridulces. Pero el guajiro finquero también observaba:
¡Ve qué jodido este chino!… Se encierra para almorzar con la mujer que tiene
Estos chinos comen ratas y pescado hediondo
¡Qué va! ¡ Y hasta perros comen!…
Y se oyen como cadenas a media noche y los perros aúllan
Y han visto que manda al criado con unas mulas cargadas de bultos rumbo al Saslaya
¡Este chino está empactado con el Diablo! ¿No mirás que se arremanga el ruedo de los pantalones?
La fama de Win Lon crecía en Siuna y con ella, su fortuna Pero tenía otra tienda en la famosa salida de Wani, en la calle principal de comercio de la Luz.
Me acuerdo decía el viejo Leandro, el mismo que le ayudaba a su mula montándose primero él, y cargando sobre sus muslos un saco de frijoles que el chino tenía una tos seca, tos de chino; mientras su mujer se iba poniendo pálida, amarilla, con un gálico, y
¡Claro! comentaba la Juana Centeno es que el mentado Win Lon vende almas al Diablo que vive en el Saslaya y el criado las lleva en las mulas.
Estos comentarios le daban al criado una importancia notoria en el vecindario, a lo que agregaba, para darse ínfulas, que la cumbre de Saslaya era un lugar encantado
Allí hay flores de toda clase Vos podés decía el criado comer de todas las frutas que allí crecen Peras, naranjas, uvas, manzanas Pero no podés traer nada al pueblo. Aseguraba, además, que el Diablo le mandaba sacos de carbón en la misma mula y que éstos se convertían en monedas de oro cuando el chino los abría.
Una noche Win Lon se murió y la pálida esposa lo acomodó en un cajón de madera en el primer piso. Una penumbra cubría el cuarto y sólo un gato negro, con destellantes ojos amarillos, se aferraba gruñendo al pecho del cadáver. A las pocas semanas no quedaban ni vestigios de las dos famosas tiendas Es como si se hubieran hecho parte del humo azul que envolvía a lo lejos la silueta del encantado Saslaya.