¡La vida cristiana es exigente!

“El paso a la vida eterna está abierto a todos, pero es estrecho porque es exigente, pide empeño, abnegación y mortificación del propio egoísmo”. (Benedicto XVI) Son muchos los que, cuando se les pregunta a qué religión pertenecen, suelen responder: “Yo soy católico a mi manera”, “yo soy cristiano, soy católico, pero no fanático”. Declaraciones […]

“El paso a la vida eterna está abierto a todos, pero es estrecho porque es exigente, pide empeño, abnegación y mortificación del propio egoísmo”.

(Benedicto XVI)

Son muchos los que, cuando se les pregunta a qué religión pertenecen, suelen responder: “Yo soy católico a mi manera”, “yo soy cristiano, soy católico, pero no fanático”. Declaraciones como estas equivalen a afirmar: “Yo soy cristiano a mi medida” o “yo soy católico a mi gusto y antojo”.

Muchos reclaman a la Iglesia la proclamación de un Evangelio sin cruz, de un Evangelio ligero, fácil, conforme la cultura “light” que vive el mundo en estos tiempos, de acuerdo con el hedonismo, epicureísmo, al relativismo y en contubernio con el pecado de hoy; pero ese “evangelio” que el mundo demanda no es el Evangelio de Cristo que la Iglesia predica. La Iglesia, con el Papa a la cabeza, advierte enfáticamente a sus hijos que el paso a la vida eterna no es un viaje acolchonado con “servicio a la carta”, sino un camino estrecho, que la vida cristiana “es exigente, pide empeño, abnegación y mortificación del propio egoísmo”.

Un profesor contaba a sus alumnos que su título universitario lo mantenía colgado en la puerta de su casa, en exhibición, para que toda la gente lo viera. “¡Porque me costó lágrimas de sangre recibirme!”, explicaba, tratando de justificar su particularidad. Es extraño, pero en el plano puramente terrenal nos mostramos dispuestos a pagar el precio del esfuerzo requerido para alcanzar una meta determinada. Todos nos empeñamos en conseguir, incluso a costa de grandes sacrificios, aquello que deseamos, lo que en verdad queremos.

Los “triunfadores” no son estudiantes, empresarios, artistas o intelectuales “a su manera”, ni merecen el tilde de “fanáticos” por su seria dedicación al trabajo en su ramo correspondiente, sólo buscan de verdad lo que desean y se empeñan por lograrlo, para que todo no quede en un simple “quisiera”.

Religión y Fe

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