“Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comparta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida”.
(Benedicto XVI)
Los predicadores y los políticos solemos comunicar “cosas que se pueden saber”, pero el pueblo reclama a unos y otros “comunicación de hechos y cambio de vida”. A veces falla en nosotros la esperanza, porque “quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida”.
En gran medida y a altos niveles, hoy por hoy, el pueblo de Nicaragua está políticamente decepcionado, no cree en los caudillos; económicamente, destruido, pues en gran parte la riqueza está mal distribuida y en manos de unos pocos aprovechados; familiarmente, desintegrados, porque la familia ha dejado de ser, en un buen porcentaje, “formadora de la persona, educadora en la fe, y promotora del desarrollo”.
Ahora se equipara el matrimonio civil al eclesiástico, la unión libre al matrimonio y el ejercicio del homosexualismo y el lesbianismo a la relación natural entre hombre y mujer; por todas partes se respira violencia y, en una verdadera apología del delito, se exalta lo malo como “bueno”, el vicio como virtud, mientras se rechaza la virtud como si fuera un vicio.
Este pueblo necesita esperanza, quiere vivir y ver vivir de otra manera, esa vida nueva que hace posible encender una luz en medio de la oscuridad, la vida de los hechos positivos y concretos en sus gobernantes y políticos.
Basta ya de traficar con la esperanza del pobre tomándola como sinónimo de burla. Tendamos la mano al desvalido, al necesitado y al triste… y con nuestras buenas acciones le haremos sonreír, renacer la esperanza.
A pesar de todo, en medio de este caos, en Nicaragua revolotea el Espíritu de Dios. Si como Jesús pasamos por este mundo haciendo el bien, el cambio de estructuras familiares, socioeconómicas y políticas vendrá por añadidura. Sólo desde la conversión del corazón del hombre se puede esperar la transfiguración de esta nuestra Patria, ahora en muchos aspectos tan desfigurada. Urge más acciones concretas con visión de futuro. Este pueblo necesita esperanza, pero esa esperanza activa que no defrauda… ¡La que se fundamenta en Dios!