Cómo afrontar el presente

“Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta […]

“Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino”.

(Benedicto XV1)

El presente lo hemos de afrontar con esperanza… Aunque la noche sea oscura y el horizonte nos parezca sombrío, si nos negamos a esperar un mundo mejor, una situación promisoria, estamos perdidos. Porque perdida la esperanza, ¿qué podemos esperar? ¡Hundirnos en la nada de la increatividad!

Muchos, hablando del futuro despectivamente, lo llaman “una simple ilusión”. Y ciertamente constituye una simple ilusión si en el “hoy” de nuestra vida no hacemos nada por nuestro “mañana”. Cuando logramos capturar con entusiasmo el presente, el pasado se convierte en una lección aprovechada y el futuro en una proyección que se va concretando a través de continuadas acciones. Porque es el presente lo que va dando “cuerpo” al ideal que abrigamos. El universitario que ahora estudia medicina, va creando al médico del mañana, como el seminarista actual al sacerdote del futuro.

Y así en todo. “Quien después de poner las manos sobre el arado mira hacia atrás, no es apto para el Reino de los Cielos”. Es apto para el Reino de los Cielos aquel que avanza sin detenerse. Nuestras acciones y omisiones no sólo nos definen como persona, sino que, hasta cierto punto, van marcando nuestro destino.

Cuando se posee una meta, la fatiga del presente es superada, con la meta el corazón camina hacia el amor, la voluntad es empujada hacia el blanco del ideal que se visualiza como ya poseído, la vida adquiere mucho más y mejor color. Si la meta es grande vale todo esfuerzo por alcanzarla, aunque ello implique sacrificio, lucha sostenida y renovación reiterada del primer propósito.

¿Qué meta tienes para este año? Que sea noble por su intención, concreta por su alcance y tan amplia, que en ella esté implicado el amor a Dios y al prójimo, a tal punto, que justifique el esfuerzo del camino.

Religión y Fe

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