La Navidad y la disponibilidad

“Jesús llama a la gente a estar totalmente disponible para Él y para los demás”. (Benedicto XVI) Lo primero que tenemos que vigilar en este período de la Navidad es, precisamente, el Adviento, nuestro Adviento personal, familiar y social. Lo esencial es, en primer lugar, preguntarnos cada quien a nivel personal: ¿Cómo valoro yo la […]

“Jesús llama a la gente a estar totalmente disponible para Él y para los demás”.

(Benedicto XVI)

Lo primero que tenemos que vigilar en este período de la Navidad es, precisamente, el Adviento, nuestro Adviento personal, familiar y social.

Lo esencial es, en primer lugar, preguntarnos cada quien a nivel personal: ¿Cómo valoro yo la venida de Jesús? ¿Qué significa para mi vida este acontecimiento? Tal vez la celebración de la Navidad no ha tenido para algunos de nosotros la categoría de encuentro con el Señor y sólo ha representado una simple tradición en donde la fe no ha jugado un papel decisivo.

El Señor viene no sólo por mí, sino también para mí. A mí me corresponde aprovechar, en lo posible, esta maravillosa verdad. De lo contrario, es decir, si no caigo en la cuenta del gran amor que personalmente Dios Padre me profesa y manifiesta en Cristo Jesús, me expongo a no disfrutar de la vida.

En este tiempo de reparación de los caminos torcidos, nada más oportuno y práctico que revisar cómo están nuestras relaciones con Dios y con el prójimo. Quizás nuestra relación con Dios no deja de ser más que todo superficial. Es probable que nos falte una oración más extensa y más intensa, que no tengamos tiempo para Dios sencillamente porque no estamos disponibles para Él. Lo mismo podemos decir de nuestra vida sacramental. Tal vez somos de la gente que va a misa normalmente por motivos sociales, en caso de un triduo de misas por el alma de un difunto, familiar o amigo. Este es un tiempo propicio para establecer una magnífica amistad con Dios, de prepararnos a recibir a Jesucristo como al mejor de los amigos, como alguien que nos ama profundamente y viene a salvarnos porque quiere nuestro bien y busca nuestra felicidad.

Para vivir una Navidad fructífera en fe, esperanza y caridad, tenemos que empezar por sentirnos llamados a estar disponibles a Dios y disponibles a los demás.

Religión y Fe

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