- En la última Audiencia General de 2007, celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa habló sobre la Navidad
“Si con la Navidad conmemoramos, por una parte, el prodigio increíble del nacimiento del Hijo Unigénito de Dios de la Virgen María en la gruta de Belén, por otra, se nos exhorta a esperar, velando y rezando, al mismo Redentor nuestro, que el último día ‘vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos’”, afirmó.
“Quizá hoy —dijo improvisando unas palabras— (…) también los creyentes esperamos realmente al Juez (…) todos esperamos justicia. Vemos tantas injusticias en el mundo (…) y esperamos justicia. (…) Esperamos que venga quien puede hacer justicia. En este sentido rezamos: Ven Jesucristo como Juez a tu modo. El Señor sabe cómo entrar en el mundo y crear justicia”, exhortó el Santo Padre.
“Esperar justicia en el sentido cristiano quiere decir sobre todo que nosotros mismos comenzamos a vivir a los ojos del Juez, (…) realizando justicia en nuestra vida. (…) De este modo podemos abrir el mundo a la venida de su Hijo, predisponer el corazón a acoger al Señor que viene”.
En ese sentido, Benedicto XVI señaló que “Aquel que es generado por el Padre en la eternidad se ha hecho hombre en la historia gracias a la Virgen Madre; el verdadero Hijo de Dios también es verdadero Hijo del hombre.
MISTERIO DE SALVACIÓN
No obstante, el Papa añadió: “¡Qué importante es por eso que reafirmemos con fuerza el misterio de salvación que trae consigo la celebración de la Navidad de Cristo! En Belén se manifestó al mundo la Luz que ilumina nuestra vida; se nos reveló la vida que nos conduce a la plenitud de nuestra humanidad. Si no se reconoce que Dios se ha hecho hombre, ¿qué sentido tiene festejar la Navidad? Los cristianos hemos de proclamar con profunda y sentida convicción la verdad del nacimiento de Cristo, para testimoniar frente a todos la certeza de un don inaudito, que es riqueza no solamente para nosotros, sino para todos”.
Benedicto puso de relieve que la oración a las puertas de la Navidad se hace más intensa “para que se realicen las esperanzas de paz y de salvación de las que el mundo sigue teniendo urgente necesidad. Pidamos a Dios que la violencia sea vencida por la fuerza del amor, las contraposiciones cedan su lugar a la reconciliación”, evangelizó.