Severa en lo que observa,Dora Maar disfruta el vértigo de la ideamucho antes que la imagen.(Maldice el auge de la técnicay el ruido de los motoresal paso de los carros).No quiere lograr mendigos quejumbrosossino instantes de tormento, fijos.Y va donde los haya.Busca, inventa nichos de humanidad vacíosen los que algún gato esté siendo comprimidopor la dureza de una torsión de brazoso donde algún peón de almacén esté cargandoun maniquí en hombros.
Más todavía, ella se detiene.Piensa que donde hay ciudad,por ley, hay también caudillos,reyes, señores de horca, lo que sea.¡Hay, pues, el canon del déspotaque gusta de dictar!
Ella se abstrae del ritmode sus pasos sobre la acera,vislumbra al Rey Ubú, sin ropas,haciendo las vecesde gran polichinela desollado.
(La conjetura ha pasado a ser un diseño.El diseño, a su vez, un arquetipo).
Rey o mascota de su propia manía,Ubú es padre de los ciudadanos.Todo él es el Estado mismoen un solo bloque ya encarnado:condena,decapita,cobra impuestos;cree ser un esqueleto sucesivo,mineral y a un tiempo vivo: Me mantendré en el mediocomo una ciudadela vivientey vosotros gravitaréisa mi alrededor grita Ubú a los esbirros.Sí. Toca decir ahora que anochece.Pero toca a todos repetirlo:el día, fuego muerto, se deshace en trizas…Yo prefiero cometer otra metáfora.Entonces, escribo:las palabras y las cosaspostulan el ocaso,mientras el candil de la tarde se desploma.
Dora Maar, recluida en el laboratorio,funda la claridad del gris contra lo blanco;enjuaga, escurre dos,tres láminas aún deshabitadas.Pronto, algo empezará a asomarsus coágulos inaugurales.Brotará, allí, como gota de carne,un feto de armadillo,encendido a fuerza de sol y tumefacto.Éste yacerá larva ciega en el ancho centro de la vida,asediado acaso por suburbios,capitales, enteras periferias…
Dora Maar
Harto de tanto segundo piso, yo,individuo anónimo en el suburbio,derivo la grisación del espacio.Por la avenida recoleta, sigo.
El cese de lo visto abulta el ojo:cero abolido es hoy sobre el asfalto,resabio en voluntad devenido, así.No el ocre denso del mimbresqueleto,ni otras las horas de los otros. Nadie.
Mayo, 2003.
La Fijeza
La fijeza es siempre momentánea.¿Cómo puede serlo siempre?Si lo fuese no sería momentánea o no sería fijeza.
O. Paz, El Mono Gramático, 1974.
Apunto lo que me ha sido dado en calcularte. Hanuman es el jefe de los monos, me dictas. La quietud persiste en quien me mira, sospecho yo, más tarde.Soy tu pendolista, literal grafito acuñado al cabo.Lo perenne resiste en su tenacidad de organismo sediento,por eso, felicidad y agua potable fueron sinónimos fugaces.
Canícula indecisa,la gramática fluye encima de nuestro cuerpo.Volteo atrás y nos veo escritos,nos leo:la plaza sola del parquesólo con nosotros, solos.
Abril, 2003.