El Silencio

Sólo me despertaba el golpeteo de los caballos, sólo eso destruía el idílico momento de ese instante con tanto cuerpo, cuando sólo él se hacía parte en mi ser auditivo, golpeando con mucha fuerza hasta no dejarme más escuchar, sólo los caballos golpeando en la pared hacían romper este tumultuoso silencio que me tranquilizaba, y […]

Sólo me despertaba el golpeteo de los caballos, sólo eso destruía el idílico momento de ese instante con tanto cuerpo, cuando sólo él se hacía parte en mi ser auditivo, golpeando con mucha fuerza hasta no dejarme más escuchar, sólo los caballos golpeando en la pared hacían romper este tumultuoso silencio que me tranquilizaba, y desde ahí, desde esos momentos que lo amo. El silencio pasó a ser respetable para mí, adorable en mis ratos de ocio, e incluso alcancé a necesitarlo más que a cualquier otro vicio, tan sólo necesitaba silencio, un absoluto silencio que me golpeara la conciencia y relajara mi alma erguida de tanta razón incomprendida, tan sólo eso, para poder alcanzar un nirvana absoluto en que me pudiera conciliar aunque fuera por un instante con mi querida pero hasta ahora mal lucida alma.

La Prensa Literaria

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí