- Monseñor Enrique Mántica llegó a Nueva Vida en el momento justo, donde miles de familias urgían de la evangelización, pero también de respuestas concretas
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Cuando monseñor Enrique Mántica llegó a Nueva Vida, en el año 2002, un barrio marginado que recién era fundado y habitado por familias que el huracán Mitch había dejado en total desamparo, pensó que no sólo bastaba predicarles la Palabra, sino que era el momento de dar respuestas concretas pues esas familias estaban a la buena de Dios, necesitaban de alguien que les tendiera la mano.
Entonces el padre Mántica diseñó un plan de fundar la guardería San Martín de Porres, que inició con 35 menores en el año 2002, pero en la actualidad los resultados han sido grandes, pues a cinco años de arduo trabajo el centro cuenta con 350 chavalos, entre niños y adolescentes, que reciben educación primaria y preescolar; además de atención médica y alimentación.
Un paso que para monseñor Enrique Mántica “es un gran logro que me llena de gran satisfacción porque estamos dándole vida a esta niñez y a sus familias con la ayuda de Dios y de nuestros colaboradores, todos nicaragüenses”, se congratula el jerarca católico, quien asegura cumple un llamado de Dios para apoyar a esas familias.
Los 350 niños del centro se benefician también de la enseñanza del evangelio, donde son asistidos por una congregación de religiosas colombianas, a quien monseñor Mántica describe como personas con dones especiales para darle amor y atención a la niñez.
“Cuando vine a Nueva Vida me encontré con problemas bien complejos de pobreza y de una preocupante violencia intrafamiliar, pero las cosas van cambiando poco a poco”, valora.
HOGAR SAN JOSÉ PROTECTOR
Monseñor Enrique Mántica también fundó el Hogar San José Protector, que está ubicado en Tipitapa, que alberga a 100 niñas y niños, provenientes de todo el país; 40 de ellas son niñas que permanecen internas, se les brinda una atención especial porque han sido víctimas de abusos físicos y sexuales de sus propios familiares. También se les brinda educación, alimentación y atención médica.
Obras como las de monseñor Enrique Mántica son un ejemplo que deben seguir y apoyar, tanto instituciones privadas como estatales, para dar vida a las familias, la niñez y la juventud nicaragüense, que ansía tener oportunidades.