El autor es Cirujano dentista
Rosa de Lima, la primera Santa americana canonizada, brotó en verdad como una rosa entre las espinas. Nació en la capital de Perú, de ascendencia española. Sus padres: Gaspar de Flores y María de Oliva, era gente modesta y aunque la niña fue bautizada con el nombre de Isabel se le llamaba Rosa. Rosa tomó a Santa Catalina de Siena por modelo. En cierta ocasión su madre la coronó de una guirnalda de flores para lucirla ante las visitas y Rosa clavó una de las horquillas de las guirnaldas en la cabeza con la intención de hacer penitencia.
Como la gente alababa su belleza, Rosa solía restregarse la piel con pimienta para desfigurarse. Una dama le hizo ciertos cumplidos por la suavidad de su piel, inmediatamente se talló las manos con barro, a consecuencia no pudo vestirse por sí misma en un mes. Rosa dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad y obediencia. La santa doncella tuvo que sufrir mucho de parte de quienes no la comprendían. La familia se vio en circunstancias difíciles económicamente. Rosa trabajaba el día entero en el huerto, cosía una parte de la noche y en esa forma ayudaba al sostenimiento de la familia. Sus padres querían casarla, Rosa luchó contra ellos durante diez años e hizo voto de virginidad. Ingresó en la Tercera Orden de Santo Domingo y se recluyó en una cabaña que había construido en el huerto. Llevaba sobre la cabeza una especie de corona de espinas. Su amor a Dios era tan ardiente que cuando hablaba de Él cambiaba de tono de su voz y su rostro se encendía como un reflejo del sentimiento que embargaba su alma. Dios concedió a su sierva gracias extraordinarias, pero también permitió que sufriese durante quince años la persecución de sus amigos.
Santa Rosa pasó los tres últimos años de su vida en casa de don Gonzalo de Massa, cuya esposa le profesaba especial cariño. Durante la penosa enfermedad que la llevó a su muerte, la única oración era “Señor auméntame los sufrimientos, pero también auméntame en la misma medida tu amor”.
Dios la llamó a su presencia un 24 de agosto a los 31 años de edad. El Papa Clemente X la canonizó en el año 1671.
Con especial dedicación a: mi hermana Rosita Plazaola, en la ciudad de El Viejo, Chinandega.