Cristo rompe las cadenas

Sacerdote católico Es interesante como el evangelista San Lucas nos hace meditar la forma en que Jesús inicia su vida pública. Al llegar a la sinagoga de Nazareth y ante la mirada atónita de los presentes leyó el pasaje del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me […]

Sacerdote católico

Es interesante como el evangelista San Lucas nos hace meditar la forma en que Jesús inicia su vida pública. Al llegar a la sinagoga de Nazareth y ante la mirada atónita de los presentes leyó el pasaje del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor” (Cfr. Lucas 4, 18-19).

Jesús proclama que la profecía que siglos antes se había prometido se ha cumplido.

Pronuncia que el Espíritu de Dios está sobre Él. Actualmente muchos se dejan engañar, por brujos, adivinos, ocultistas, haciéndoles creer que trabajan con magia blanca y hasta les aseguran que no es ningún peligro ir a lugares de espiritismo, porque allí trabajan con espíritus buenos. No nos dejemos engañar. El único Espíritu Bueno, es el Espíritu Santo. Todo lo demás es un artificio del demonio.

Jesús es el ungido del Padre, el Mesías esperado para la liberación de todo el pueblo; pregona que su misión es proclamar la Buena Nueva. La Buena Nueva es Cristo mismo, quien es el Evangelio viviente del Padre.

El receptor del Evangelio es todo aquel que necesita de Dios y de sus hermanos para poder ser feliz.

Llama la atención como en dos ocasiones en estos mismos versos, Jesús habla de libertad. Una para los cautivos y otra para los oprimidos.

El cautivo es quien está fascinado, a sus anchas vive en el pecado, no quiere salir de él, aún sabiendo que esto lo aleja de Dios. Jesucristo siempre toca las puertas de los corazones y todo aquel que regresa arrepentido recibe su misericordia.

Diferente es el oprimido, por diversas situaciones, que sabe que vive bajo la influencia del mal, y que lucha por salir de él, que cae y vuelve a levantarse, que pareciera no tener las fuerzas necesarias, pero reflexiona que debe renunciar a la oscuridad y aceptar la luz. Este es el esclavizado, al que Jesús le da una fortaleza particular para romper las cadenas y darle la libertad.

El Señor ha venido a dar vista a los que están ciegos. Pero no se refiere de manera exclusiva a los ciegos físicos, sino a todos los ciegos espirituales, porque no queremos ver las maravillas de Dios.

Jesucristo es el liberador, es quien desata las amarras que nos atan y nos esclavizan de todo aquello que nos impide ser un verdadero discípulo. Cristo rompe las cadenas y nos da la libertad.

Religión y Fe

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