(LA PRENSA/ILUSTRACIÓN/B. RODRÍGUEZ)

Mario Mendoza: el exorcista literario

Es un lugar común, decir que uno de los principales motivos de los escritores para realizar su oficio es exorcizar a sus demonios interiores. Se trata de esas frases que de tanto repetirlas, finalmente no dicen nada o significan cualquier cosa. Sin embargo, en el caso del maestro Mario Mendoza, la frase adquiere total sentido. […]

Es un lugar común, decir que uno de los principales motivos de los escritores para realizar su oficio es exorcizar a sus demonios interiores. Se trata de esas frases que de tanto repetirlas, finalmente no dicen nada o significan cualquier cosa. Sin embargo, en el caso del maestro Mario Mendoza, la frase adquiere total sentido. Mendoza es, en efecto, maestro no sólo porque a pesar de su juventud es un reconocido escritor sino porque realmente ha dedicado buena parte de su vida a ser profesor, la más noble de las profesiones, la más generosa. Debe recordarse que en ocasiones, la generosidad no es virtud de los escritores, quienes al igual que los magos suelen guardar sus secretos, fórmulas y conjuros.

Dentro del grupo de nuevos narradores colombianos, el nombre de Mario Mendoza se consolida por una obra que se ha ido construyendo sin prisa pero tampoco sin pausa. Este bogotano nacido en 1964, ha publicado las novelas La Ciudad de los Umbrales (1992), Scorpio City (1998), Relato de un Asesino (2001), libros de cuentos como La Travesía del Vidente (1995). Su consagración llegó con Satanás, novela publicada en el año 2002, que obtuvo el Premio Biblioteca Breve y sobre la cual nos referiremos al final. Su más reciente novela se titula Los Hombres Invisibles.

Mendoza reivindica la ciudad, no sólo como escenario sino como protagonista, un personaje que vive y reacciona, en este caso, con un nombre propio, Bogotá. En la literatura colombiana hemos tenido grandes escritores de provincia, que han reivindicado o reinventado sus propios universos o creado otros, Jorge Isaacs, José Eustasio Rivera, Manuel Mejía Vallejo, Gabriel García Márquez pero los escritores bogotanos (salvo quizás R. H. Moreno Durán) estaban en deuda con su ciudad.

Esta generación que ha tenido la fortuna de seguir a quienes a su vez tuvieron la desgracia de vivir a la sombra del Realismo mágico, comienza a tejer relatos urbanos, utilizando la diversidad de historias que puede ofrecer una ciudad con 469 años de edad. Bogotá en algunos sentidos ha alcanzado la madurez, pasó de ser la ciudad-medio a ser la ciudad-en-sí-misma, los habitantes de Bogotá, transeúntes y visitantes temporales se han convertido en bogotanos, es decir, seres con sentido de pertenencia, formando conciencia colectiva, dirán los sociólogos.

Mario Mendoza ha recorrido los caminos bogotanos, ha penetrado las diversas formas de Bogotá, conoce sus plazas, parques y recovecos, de los gettos a los rascacielos, de burdeles a conventos, de ferias a museos. Sabe bien de sus enigmas, conjuros y espectros. Satanás, al margen de su aroma de azufre es una novela urbana. No puede ignorarse la presencia demoníaca que atemoriza al lector, porque esta novela tiene la doble capacidad de atrapar y de asustar, raro atributo en los libros de hoy, lo cual habla de su capacidad de asombro y carga imaginativa. No es casual que una de las palabras clave sea Legión, término importado desde la misma Biblia, para expresar la multiplicidad que vive en el ser humano, mucho más complejo que el dualismo del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, historia que llevaba consigo el asesino que inspiró la novela.

Mendoza retoma una situación real, tétrica y trágica, que ocurrió en Bogotá en el año 1986, cuando un veterano de la guerra de Vietnam mató indiscriminadamente a varias personas en una alocada carrera que lo llevó a varios escenarios de la ciudad, incluyendo la universidad en donde tomaba clases de literatura con el futuro profesor Mario Mendoza. El autor entonces se convierte en personaje implícito, el sobreviviente de la matanza que a su vez se transforma en el cronista de lo sucedido. Queda la pregunta si el narrador es el verdadero creador o la simple herramienta, la pluma del único autor, aquel que lleva el título de la novela.

Satanás fue aclamada en el plano literario, uno de los libros más vendidos en los últimos años en Colombia y durante el presente año, pasó de la página a la pantalla, convertida en película, de la mano de otros jóvenes creadores colombianos, el director Andrés Baiz y el productor Rodrigo Guerrero, convirtiéndose en una de las películas colombianas más taquilleras de la historia, con más de 500,000 espectadores, superando a varias producciones comerciales de Hollywood, además, ya recibió su primer premio internacional, al ganar el festival de cine de Mónaco como mejor película.

Claro, todo el éxito literario y cinematográfico no sería posible si un joven maestro de literatura hubiera caído bajo las circunstancias del protagonista de una novela escrita en la piel de otro personaje, la ciudad de Bogotá.

La Prensa Literaria

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