La razón vence a la razón

Un ligero ruido internado en el aposento de Fernando lo sustrajo de sus pensamientos. Era que tenía una noción imperfecta del tiempo por lo que había ocurrido, como que se le separaba la raíz de su alma, a la vez deliberadamente le comentaba a su hermano de lucha: “Enrojezco, tiemblo mientras escribo y pienso en […]

Un ligero ruido internado en el aposento de Fernando lo sustrajo de sus pensamientos. Era que tenía una noción imperfecta del tiempo por lo que había ocurrido, como que se le separaba la raíz de su alma, a la vez deliberadamente le comentaba a su hermano de lucha: “Enrojezco, tiemblo mientras escribo y pienso en tan condenable atrocidad que pasó en la madrugada de ayer, pero no incurrí en la debilidad de establecer una relación de causa y efecto, entre el desastre ocurrido y mi criminal acción de no actuar para frenar la tragedia en mi casa. Todo se destruyó, pero me satisface que la razón vence a la razón”. Ya todo se acabó, le expresó su gran amigo de lucha.

La Prensa Literaria

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