LA MUCHACHA QUE ESCRIBE

Para Anthony SeidmanLa muchacha que escribe en las paredes,en los camiones estacionados en doble fila, donde se oculta el eco, donde nadie pueda hallarla culpable, es la misma que se acostó en el pasto de los castillos de Luis XIV y bebió de la copa de Felipe de Orleáns;la primera que miró las largas trenzas […]

Para Anthony Seidman
La muchacha que escribe en las paredes,
en los camiones estacionados en doble fila,
donde se oculta el eco,
donde nadie pueda hallarla culpable,
es la misma que se acostó en el pasto de los castillos de Luis XIV
y bebió de la copa de Felipe de Orleáns;
la primera que miró las largas trenzas de la cabeza de Edward Teach
en las manos de un teniente de la Royal Navy,
ella fue la que puso la primera X en el mapa del tesoro
sin regresar siquiera la mirada
y tiempo después durmió en la cama de Mary Read.

La muchacha que escribe recuerda entre sus versos
las notas del violín de Vaso en el campo III C
y trata vanamente de olvidar el holocausto,
pero en noches de frío recuerda
cómo llegaban a Jasenovac vagones con gitanos
y ella llora
y se anega en sus lágrimas que no paran jamás,
aunque tú la observas desde la línea
blanca en medio del asfalto;
la línea que ella dispuso para tenerte atrás,
en la distancia que no puede nombrarse,
y tú puedes ver cómo la muchacha,
recoge poco a poco los pedazos de historias
con fragmentos de sal y agua marina,
y te pregunta desde la línea blanca intermitente,
a ti que estás en medio de los autos,
si entonces es verdad que ella
ha sido todas las mujeres que ellos dicen
y tú callas.

La Prensa Literaria

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