El poeta Álvaro Urtecho .

Una tierra sin tiempo

La tierra sin tiempo dobla el dorso de su lámpara, se arrodilla ante el caos. Justo Sierra pone al tiempo como si fuera una mariposa en ronda solar para dejar un testimonio: no existe. Álvaro Urtecho en un solo poema niega al tiempo, lo desmantela, nadie en la complejidad temporal es capaz de ponerle el […]

La tierra sin tiempo dobla el dorso de su lámpara, se arrodilla ante el caos. Justo Sierra pone al tiempo como si fuera una mariposa en ronda solar para dejar un testimonio: no existe. Álvaro Urtecho en un solo poema niega al tiempo, lo desmantela, nadie en la complejidad temporal es capaz de ponerle el timbre de la disciplina, corre sin rumbo. Así lo dispone su tiranía eterna, alrededor de la cual se aglutinan caravanas de todo talle anímico.

El tiempo —dice el poeta— “es incapaz de pronunciar su juicio”, “nunca termina de redondear lo suyo, la intransferible historia, las formas del enigma, la esperanza de antemano incendiada, nunca nadie termina nada”. Esta estrofa es una sentencia, es el símbolo de la negación, de la frustración. El poema nombra al libro, nace de la visión de un poeta a quien conozco plenamente como enamorado de la música, con quien orgullosamente he compartido no pocos de sus “chispazos” convertidos en luces sobre las anchas pistas de la poesía.

Vivo al leer Tierra sin Tiempo la sensación de una inconclusa schuberiana, por la inclinación del autor hacia la música. Poema cósmico embalsamado por la tradición acaso involuntaria de dejarlo todo pendiente porque así lo determina la ausencia del tiempo. Tono intenso, eufónico. Eurritmia verbal valiéndose de la crudeza tajante y sin remilgos.

Los reyes y los dioses se van a sus atalayas dejando saldos, caminos regados de cenizas. «Tierra sin Tiempo» dice el filósofo, concomitante con los encantos de la lira y los espantos de la realidad. Tierra y Tiempo quisiera decir yo desde el mirador de la llanura desde donde se es observador de la obra creada, oficioso arguidor y nada más.

Solamente el milagro de la poesía, su capacidad inaudita de abarcarlo todo, puede llegar a los límites donde llega Urtecho apoyándose en la literatura con el báculo de la síntesis. Yendo más allá de la ruta pendiente tienen afortunada consumación otros poemas como los expuestos en Femina Suite y La Corona de Espinas, secciones en las cuales se expande la lejanía de los temas, pues no es lo mismo habitar en el plenario erótico de Femina Suite al lado de Eidi que volver a los siglos —ocurre en las vecindades del mismo libro— llenos del conmovedor cristianismo. Reminiscencia piadosa y dolorosa de aquel momento en que la sien del mártir sufrió la imposición de una corona de espinas. Es en esos extremos donde se vuela del erotismo a la mística, de la mística al erotismo en un ir y venir alentado por la curiosidad humana de pretender estar en todas partes. Poesía rompe muros.

Millones de mujeres están representadas por la lujuria, vivificada en un solo modelo, en Eidi (cuantas quisieran ser como ella) o bien en un oasis moreno de la costa con los emblemas latentes de la carne y del hueso. Isolda Cash retratada por la instantánea del poeta en un solo “flash” en una de las tantas tardes de la bohemia celebrante, dejadas como todas a medio camino por las crisis del tiempo.

Parecieran Eidi e Isolda, espectáculos comunes de la naturaleza femenina, pero llevadas al verso por la temperatura de la pluma, revierten lo ordinario. Se vuelven, deseo, avaricia, formato de cama en hervor. El expositor lírico las prende, las transfigura con su arte. Yo mismo viendo al poeta dibujándola en el cuaderno no pude evitar la tentación de un vuelo con espasmo en el continente ebánico. Su mirada era inductiva cuando posaba ante la pluma, se tragaba el paisaje del lecho mientras unos compases con olor de costa servían de puntillazo a la lascivia.

Tierra sin Tiempo evoca e invoca. En sus páginas cabalgan las visiones del espíritu. Es una fuente de inspiración para los misterios del mundo, para las complejidades temporales y permanentes. Es un acto de meditación sobre los extremos, el placer y el dolor, la vida y la muerte.

La Prensa Literaria

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