Andrés Oppenheimer decía en un artículo reciente, que si bien el monto de la ayuda estadounidense para todo el mundo es de 35 mil millones de dólares al año, para Latinoamérica es sólo de 1,550 millones más otros 898 millones de la Cuenta Reto del Milenio para El Salvador, Nicaragua y Honduras. También informaba que el total de ayuda del Gobierno venezolano al exterior asciende a 5,500 millones de dólares anuales pero que dicha ayuda incluye todo: inversiones, préstamos, créditos concesionales —como el de petróleo que será otorgado a Nicaragua—, etc. En cambio, la ayuda estadounidense no incluye 45 mil millones de dólares que los latinoamericanos que viven en EE.UU. envían cada año a sus países de origen. A esto habría que agregar los enormes beneficios que otorgan a los productores latinoamericanos los tratados comerciales estadounidenses como el DR-Cafta.
O sea que si se considera la ayuda global de Estados Unidos hacia América Latina —incluyendo remesas y tratados comerciales— se puede ver que las acusaciones de Daniel Ortega suenan antojadizas y reflejan ignorancia de la realidad de la cooperación económica internacional de Estados Unidos. La generosidad estadounidense no es nueva. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Europa se levantó de los escombros gracias al Plan Marshall, nombre popular del Programa de Recuperación Europea (ERP por sus siglas en inglés), que fue financiado por Estados Unidos. La Unión Soviética y Europa del Este fueron invitadas a participar de los beneficios pero el sectarismo de José Stalin no lo permitió. El plan estuvo en vigencia por cuatro años fiscales a partir del verano de 1947 y los países beneficiados recibieron 13 mil millones de dólares de esa época. Asimismo, Estados Unidos ayudó a la Rusia tambaleante, luego de la desintegración de la Unión Soviética en 1991. A partir de 1992 y a lo largo de diez años, los rusos recibieron más de 1,500 millones de dólares.
En la Plaza de la Fe, durante el mitin sandinista del 19 de julio, Ortega ridiculizó el programa Cuenta Reto del Milenio dirigido al área agrícola del Occidente de Nicaragua y que ha favorecido a unas cinco mil personas. Pero esto se debe a que Ortega no tiene apertura mental para evaluar programas de esta naturaleza. Como dijo el jefe de información de LA PRENSA , Douglas Carcache, en su columna de opinión del lunes 23 de julio, Ortega parece estar en realidad contra los pobres, pues son ellos los beneficiados por la Cuenta del Milenio. El columnista decía: “La Cuenta del Milenio, además de construir carreteras en el occidente de Nicaragua, apoya a productores para que trabajen con más eficiencia y exporten, que es una de las mejores vías para dejar de ser pobre”.
En efecto, la Cuenta Reto del Milenio no consiste simplemente en regalar recursos a campesinos fieles a un partido, sino que, sin ningún tipo de discriminación, enseña a los beneficiados a ser administradores eficientes y responsables; a lograr un desarrollo sostenido e independizarse, para no tener que regresar un año después con la mano extendida para que les den otra chancha o vaca o gallina porque ya se comieron las primeras y, sobre todo, a no convertirse en esclavos dependientes del Estado. El presidente Ortega quisiera que el Gobierno estadounidense adoptara la misma política de “chequera” del mandatario venezolano y que repartiera dólares a diestra y siniestra. Sin embargo, esto sería un error por dos razones: dispararía la corrupción de funcionarios públicos y alimentaría en los beneficiados la insana ilusión de que hay una gallina de los huevos de oro que siempre va a suplir.
Irónicamente, mientras Ortega se burlaba de la ayuda estadounidense el 19 de julio, médicos del barco-hospital Comfort, de la Fuerza Naval de Estados Unidos, anclado frente a la ciudad de Corinto desde el 18, atendían a miles de nicaragüenses; devolvían la sonrisa a muchos niños con labio leporino; hacían rellenos y extracciones de muelas, ofrecían tratamiento oftalmológico, reconstruían dos clínicas de la ciudad y hacían donaciones de varios tipos.
Así que, además de antojadizas y desinformadas, las acusaciones del presidente Ortega reflejan también una profunda ingratitud. Él no destaca las bondades de la ayuda estadounidense por sectarismo y porque su prioridad es agradarle a Hugo Chávez.