Petrona Martínez, la Reina del Bullerengue. (LA PRENSA /J. Ortega)

La voz de Petrona Martínez

Su tez morena refleja la pureza de sus orígenes, sus ojos evidencian lo difícil que ha sido su andar por este mundo, su personalidad proyecta la sencillez de su espíritu y su voz es portadora de esperanza y de vida. Todo esto nos transmite Petrona Martínez, la Reina del Bullerengue, la cantadora de Palenquito, ya […]

Su tez morena refleja la pureza de sus orígenes, sus ojos evidencian lo difícil que ha sido su andar por este mundo, su personalidad proyecta la sencillez de su espíritu y su voz es portadora de esperanza y de vida.

Todo esto nos transmite Petrona Martínez, la Reina del Bullerengue, la cantadora de Palenquito, ya al conversar con ella, la experiencia es más que enriquecedora.

Nunca imaginó que el duro trabajo de sacar arena de un arroyo para dar de comer a sus hijos, la llevaría a ser reconocida internacionalmente como una de las grandes representantes de la música folclórica colombiana. El tema de su álbum La Vida Vale la Pena describe precisamente esa pesada labor que desarrolló junto a su familia.

Cuando vine a Pelenquito
yo vi la vida en un hoyo,
me dediqué con mis hijos a sacar arena del arroyo,
Oye, Piñales, la vida vale la pena,
coge la pala en la mano y vamos a sacar arena.

“En 1981 nos venimos pa’ Palenquito, en ese momento yo no tenía pa’ comprar la comida de mis hijos, comenzamos a pasar un poquito de necesidad, qué digo un poquito, ¡un pocón de necesidad! Tenía hasta que cortar gajos de guineos manzanos, sancocharlos para dárselos a mis hijos con un poco de carnecita y café”, rememora.

“Yo me sentía frustrada, pero lo superé. Me di cuenta que otras mujeres del barrio trabajaban sacando arena y me dije que si ellas podían, ¿por qué yo no? Allí fue cuando pensé que la vida vale la pena porque comencé a buscar la vida para mis hijos. Nunca me rendí y así nos sostuvimos hasta que Dios me dio la suerte. Comencé a cantar, íbamos por acá y por allá, a veces me aburría, a veces seguía, hasta que por fin Dios vio la necesidad de ayudarme y se lo agradezco tanto porque vea dónde estoy”, asienta orgullosa.

UNA PÉRDIDA QUE CAMBIÓ SU VIDA

Petrona Martínez trajo al mundo siete hijos, “cinco hembras y dos varones”. Pero un trágico suceso le arrebató a Luis Enrique, el mayor de ellos. El resistirse a un robo desencadenó su lamentable deceso. “Ya estaba metida en la música y después que me lo matan fueron tres años de frustración, no quería saber de música, no quería saber de nada… me sentía mal, impotente, pero siempre soñaba con mi hijo, soñaba que él me decía: “usted tiene que seguir adelante por mis hijos, tiene que ayudarlos”.

Un día cualquiera, en medio de su tristeza pensó “¿qué estoy haciendo Señor?, los hijos de Lucho me necesitan, no tengo cómo ayudarles, entonces me salieron varias oportunidades de cantar y comencé a ganar mi platica, de allí en adelante yo pienso que fue el mismo Lucho el que me empujó y desde entonces he cuidado de mis nietos”, confiesa.

ORGULLOSAMENTE LA REINA DEL BULLERENGUE

Ser calificada bajo este apelativo es motivo de satisfacción para Petrona Martínez. Para ella el canto del bullerengue es un homenaje a las grandes cantadoras que conoció como Ofelina Martínez, su abuela; Carmen Silva, su bisabuela; Rey Herrera, Nemesita Cañate y todas esas bullerengueras que hacían rondas para las fiestas patronales de San Antonio, San Pedro, San Pablo y San Juan.

“Con ese nombre me siento orgullosa porque vengo rescatando lo que ellas dejaron atrás. Por ejemplo, cuando estoy en una tarima yo siento como si fuera mi abuela la que canta. El público me escucha a mí pero yo la oigo a ella.”

Otro homenaje a todas esas voces fue su álbum Bonito que Canta, por el cual recibió una nominación a los Grammy en 1992. “Yo me puse a pensar en las grandes cantadoras y compositores que han muerto y les hice esa composición, pero también me pregunté ¿quién me va a cantar cuando yo me muera? Y me respondí: con las letras de mis canciones es que me van a recordar. De allí nace El Parrandero.

Y sin pedírselo dos veces, su sonora voz nos entonó su estribillo:

“El día que yo me muera que formen un parrandón,
que vengan mis compañeros, que toquen y beban ron.
Ay caramba, ay upaje, yo quiero ron pa’ beber.
Cuando yo me esté muriendo que vengan mis compañeros,
que vengan y beban ron, que eso es lo que yo quiero.”

Pese a la letra de la canción, admite no gustarle el ron, “yo soy parrandera de cantar y todo pero no me gusta el trago.”

LA PETRONA NO CANTADORA

Se califica como hogareña, trabajadora y mandona, haciendo mérito a la fama de las mujeres colombianas. “Dice el dicho que uno no se puede echar los trapitos afuera, pero yo en mi casa soy bastante radical, yo ordeno, yo mandó, lo que no me gusta lo reclamo y llevo mi casa en orden. Es cierto que tengo fama pero sigo siendo la misma Petrona de siempre, muy hogareña, hacedora de los oficios domésticos y todo el que llega a mi casa ve que soy mujer sencilla”.

Aunque sus raíces están en San Cayetano, Bolívar, vive desde hace más de 25 años en Palenquito y, según nos cuenta, espera llegar a sus últimos días en ese pequeño lugar. “Allí fue que nació todo este trabajo musical, a veces quiero irme pero me aguanto, pues allí comenzó mi origen y allí debo de terminar. Yo llegué a Palenquito siendo nadie, siendo Petrona Martínez y sus hijos, hoy en día que Petrona Martínez es famosa, sería un desagradecimiento irme. Si allí Dios me dio la ayuda, allí debo de morir”, reflexiona.

La noche de su presentación, en el Teatro Nacional Rubén Darío, dejó totalmente claro el porqué de su fama, su prestigio y reconocimiento internacional. El cadencioso contoneo de sus caderas se mezcló armoniosamente con el poder de su voz y el rítmico sonar de tamboras, gaitas y maracas.

El ocaso de nuestra conversación vespertina fue ¿qué espera que se recuerde de esta visita? “Que después de mi espectáculo el pueblo quede contento para volver a llamar a Petrona Martínez pa’ mucho rato”.

La suerte quedó echada: Petrona Martínez cautivó a su público; así que esperamos volver a deleitarnos con su vibrante voz.

La Prensa Literaria

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