Poemas Dispersos

(1917-1954)DanzónMe vieron y estaba muerto(¡Ay, negra, dame la boca!)Era cadáver mi alegría,tenía el alma como un desiertoy ya mi juventud hedía. Más por la gracia del danzón (¡Ay, negra, dame la boca!)con su Eleuterio ritmo de rumba,fue como Lázaro mi corazónvuelto a la vida, de la tumba. Me sentí bosque tropical(¡Ay, negra, dame la boca!)y […]

(1917-1954)
Danzón
Me vieron y estaba muerto
(¡Ay, negra, dame la boca!)
Era cadáver mi alegría,
tenía el alma como un desierto
y ya mi juventud hedía.

Más por la gracia del danzón
(¡Ay, negra, dame la boca!)
con su Eleuterio ritmo de rumba,
fue como Lázaro mi corazón
vuelto a la vida, de la tumba.

Me sentí bosque tropical
(¡Ay, negra, dame la boca!)
y en un desborde sentimental
al fin —¡al fin!— pude vivir.

Pude vivir y florecer
(¡Ay, negra dame la boca!)
Rosales fueron mis ilusiones.
Me puse ebrio de mujer
de primavera y de canciones.

Nadie es león como fui yo
(¡Ay, la negra dame la boca!)
ni pajarito que canta y canta.
Con el pico arranqué una flor.
Tembló la tierra bajo mi planta
(¡Ay, negra, dame la boca!)
que otra vez muero, ¡muero de amor!)

Guitarra Morisca

Oí tocar la guitarra:
nadie cantaba.
Oí tocar la guitarra:
me tembló el alma.
Oí tocar la guitarra:
me entró miedo en las entrañas.
Oí tocar la guitarra:
¡ay, de Granada,
si ya es tomada!

Canción (V)

No devolveré tus cartas
y no las devolveré;
ni las rompo, ni las quemo
ni a nadie se las daré.

De tu puño y letra son,
no las quieras desdecir:
con razón o sin razón,
no te dejaré mentir.
Allí guardadas las tengo
con todo lo que ayer fue
lágrimas que se secaron
y corazón con que amé.

La tinta se hace más hoy
porque dice tu traición
y si el tiempo no la borra
por qué he de borrarla yo.

Canción (VI)

Solo me he quedado, solo:
íngrimo conmigo mismo,
como un padre con un muerto
y el muerto su único hijo.

¡Ay, y la tristeza a mi lado!
—Vida de la vida mía—
más fiel que nunca y más dulce,
más soñadora y más niña.

Igual a como soñaba
yo que sería mi novia,
cada vez más virgen, cada
vez más virgen y soñadora.

¡Dios la guarde! Si su lecho
es el de la soltera,
o el otro casto de esposas,
o cualquier lecho que sea.

Mi amor descansa a su lado,
que para llenar mi vida,
me basta con la tristeza,
¡Vida de la vida mía!

La Prensa Literaria

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