El Soldado Desconocido

(1922)La Muerte Afina su ViolínLa Muerte afina su violínLa Muerte dice: ¡voy a tocaruna danza vieja que no tendrá fin,en el aire, en la tierra, en el mar! La Muerte afina su violín.Ya está afinado. ¡Voy a bailar!¡En el aire mi alma va a ser un jazmínleve, blanco y suave,leve, blanco y suave…de tan leve […]

(1922)
La Muerte Afina su Violín
La Muerte afina su violín
La Muerte dice: ¡voy a tocar
una danza vieja que no tendrá fin,
en el aire, en la tierra, en el mar!

La Muerte afina su violín.
Ya está afinado. ¡Voy a bailar!
¡En el aire mi alma va a ser un jazmín
leve, blanco y suave,
leve, blanco y suave…
de tan leve y tan blanco y tan suave
me da ganas de llorar!…

En el aire mi alma va a ser una flor.
En el aire mi alma lo va a perfumar.
El olor de mi alma será el del amor.
¡Ay! y cuántos mancebos me van a envidiar.
Muchachas garridas, doncellas, doncellas ¡doncellas!
Entre blancas sábanas de algodón y lino,
¡con una blancura de lirios y estrellas,
ser el sueño vuestro será mi destino!

Ya terminó la introducción.
La danza comienza, la danza sin fin…
¡Y atañe las cuerdas de mi corazón
la Muerte que toca su alegre violín!

Heridos

He visto a los heridos:
¡Qué horribles son los trapos manchados de sangre!
Y los hombres que se quejan mucho;
y los que se quejan poco;
¡y los que han dejado de quejarse!
Y las bocas retorcidas de dolor;
y los dientes aferrados;
y aquel muchacho loco que se ha mordido la lengua
¡y la lleva de fuera, morada, como si lo hubieran
ahorcado!

La Bala

La bala que me hiera
será bala con alma.
El alma de esa bala
será como sería
la canción de una rosa
si las flores cantaran
o el olor de un topacio
si las piedras olieran,
o la piel de una música
si nos fuese posible
tocar a las canciones
desnudas con las manos.
Si me hiere el cerebro
me dirá: yo buscaba
sondear tu pensamiento.
Y si me hiere el pecho
me dirá: Yo quería
decirte que te quiero!

Prisioneros

Son gente.
De eso no cabe duda.
Gente como nosotros,
que come, que duerme, que se entume, que suda,
que odia, que ama.
Gente como toda la gente,
y sin embargo, diferente.

Como les hemos arrancado
todos los botones
caminan agarrándose
los pantalones,
y llevan el cuerpo doblegado.

Pudiera ser cansancio,
pero no es eso.
Pudiera ser vergüenza…
En fin, qué nos importa:
¡Son nuestros prisioneros!

Está prohibido darles cigarrillos.
Bien. Se los daré a escondidas.
Alguno de ellos debe haber leído
a Goethe; o será de la familia de Beethoven
o de Kant; o sabrá tocar el violoncelo…

Vergüenza

Éste era zapatero,
éste hacía barriles,
y aquél servía de mozo
en un hotel de puerto…
Todos han dicho lo que eran
antes de ser soldados;
¿y yo? ¿Yo qué sería
que ya no lo recuerdo?
¿Poeta? ¡No! Decirlo
me daría vergüenza.

La Prensa Literaria

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí